Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

Cargando...

martes, 9 de agosto de 2016

Luis Eduardo Aute

Me entero de que L. Eduardo Aute ha sufrido un infarto, del que, dentro aún de la gravedad, parece que se recupera. Ojalá el maestro esté pronto en plenitud y siga por muchos años al abrigo de Las Musas.

viernes, 29 de julio de 2016

Vår Frelsers gravlund *

[© C. E. L.] 

Aquí la muerte es parte de la vida,
y este silencio firme, hospitalario,
viva serenidad iluminada
por el verdor que todo lo rodea.
Aquí, en la piedra, algunas inscripciones,
acaso alguna cruz y alguna fecha,
y el viento hecho canción entre los árboles,
y el tiempo para siempre detenido.
La luz, en los paseos, se desborda
tras traspasar los muros de las ramas
de abetos, pinos, robles y cipreses,
y dibuja en el suelo caprichosas
formas donde se pierde la mirada.
Un nombre en una losa nos detiene.


* En este cementerio de Oslo descansan varios personajes ilustres noruegos; entre ellos, Henrik Ibsen y Edvard Munch

viernes, 1 de julio de 2016

Refugiados

[Imagen tomada de aquí]

Si miran hacia atrás ven sólo polvo,
muerte, desolación, terror, miseria,
la esperanza astillada entre el asfalto,
el llanto y la tristeza.

Caminan adelante sin un sitio
que pueda cobijarlos, sin certeza
de una vida mejor. Sólo caminan
huyendo de la guerra.

Y ven cómo les cierran el camino,
con alambres de espino y con fronteras,
quienes ven a su paso una amenaza
terrible, aún inconcreta.

Son hombres, niños, viejos y mujeres,
gentes de carne y hueso que desean
un trabajo, un hogar, paz... Como tantos
otros sobre la tierra. 

miércoles, 29 de junio de 2016

La llave

[Imagen tomada de aquí]

Tuya es la llave
de cuanto eres,
de lo que buscas,
de lo que tienes,
de lo que guardas,
de lo que pierdes,
de tus deseos,
de tus placeres,
de lo que sueñas,
de lo que quieres,
de tu misterio,
tus desnudeces,
de todos esos
que te sostienen:
rostros que estrenas
sin que lo esperes
y suman uno
frente a la muerte.
Tuya es la llave.
La vida, breve.


martes, 28 de junio de 2016

Vértigo


Acabada la noche,
da vértigo pensar en el mañana.
A su merced estamos, no hay remedio.

Como aquel anti-himno que cantaran,
geniales, Les Luthiers:
Perdimos,
                        perdimos,
                                            perdimos
otra
            vez. 


viernes, 24 de junio de 2016

La fuente


[Pozo Azul, en Las Merindades (Burgos) © C. E. L.] 

Está cerca de mí. Mana y construye
una canción con notas intangibles.
Transparente y sin fin, dichosa, fluye
por la montaña abajo, hacia posibles

arroyos que darán en más regatos
que confluirán en ríos y otros mares.
La música del agua y sus relatos
de ninfas, hadas, gnomos..., populares

historias que se cuentan en la noche,
al calor de la lumbre, en el invierno,
cuando la sed se sacia con el vino.

Miro la fuente y siento ese derroche
de luz que engendra un manantial eterno.
Bebo su luz... y sigo mi camino. 

jueves, 23 de junio de 2016

Baloncesto: Real Madrid, campeón de Liga 2015-16




[Imagen tomada de la web ACB.COM]

            En una serie casi impecable, donde el Barça partía con el factor cancha a su favor, el Real Madrid se proclamó ayer campeón de la Liga de Baloncesto 2015-16. Un éxito más de la mano de Pablo Laso, entrenador que ha venido a recuperar una época donde los títulos eran algo habitual en esta sección de la Casa Blanca.
            Han sido cuatro partidos de gran brillantez —sobre todo, el primero, ganado por el Barcelona en el último instante por 100-99, y el último, más igualado que el segundo y el tercero, en los que el Madrid rompió el partido con cierta facilidad—, cuatro partidos de los que gustan a un verdadero aficionado al Baloncesto.
            Pero no quiero hablar del desarrollo táctico y técnico de esta eliminatoria, de méritos o errores, de aciertos en los momentos claves o despistes que pudieron dar al traste con una reacción en un determinado momento. De lo que quiero hablar aquí, el verdadero motivo de estas líneas, es del instante inmediato a la finalización del último partido, del cierre de la eliminatoria: el público de Madrid extasiado con la victoria; los jugadores blancos celebrándola y los blaugranas, resignados. Y, acto seguido, técnicos de uno y otro equipo, jugadores de uno y otro equipo, saludándose cortésmente, consolando al contrario o recibiendo la felicitación de éste. Luego, tras recoger el título el capitán, Felipe Reyes, y ser nombrado mejor jugador de la final —MVP, que dicen los americanos— Sergio Llull, la entrada a los vestuarios, donde se desata la locura de los campeones, que recibirán la lógica felicitación del Presidente. Antes, en el pasillo que conduce a los vestuarios de cada equipo, alejados de las cámaras, la charla amigable entre Xavi Pascual y Pablo Laso, el abrazo de los dos técnicos, contrincantes durante la serie y compañeros más allá de la cancha.
            Dentro del vestuario del Madrid, la fiesta. Las bromas entre los jugadores, las canciones desafinadas y la celebración merecida. Pero, lejos de lo que sucede más de una vez en fútbol, ni una referencia despectiva al eterno rival, ni un mal gesto hacia el equipo que ha disputado hasta el último instante el título de Liga. Sólo la lógica alegría por la consecución del título, por la constatación del trabajo bien hecho.
            Por eso me ha gustado de siempre el Baloncesto. Por eso sigue siendo mi deporte. Real Madrid, enhorabuena. Y mi felicitación al Barça. 


martes, 21 de junio de 2016

El tiempo del Padre, de Beatriz Villacañas



EL TIEMPO DEL PADRE
Beatriz Villacañas
Colección Julio Nombela
Asociación de escritores y artistas españoles
Madrid, 2016


         En estos tiempos, en los que, con relativa frecuencia, es fácil encontrarse con libros de poesía donde muchos de sus versos muestran un cierto descuido, en los que se corta el verso sin una razón propiamente métrica y donde el lenguaje exigiría de una mayor depuración, es una suerte, una enorme satisfacción para este lector, tener entre las manos un libro como el de Beatriz Villacañas, profundamente sentido y, a la vez, escrito con tanta claridad, belleza y precisión.
         El tiempo del padre es un sentido homenaje de una hija a su progenitor. Sólo que, en esta ocasión, es el homenaje de una Poeta, Beatriz, a un Poeta, Juan Antonio Villacañas. De modo que sentimiento y belleza se aúnan en un poemario que, en esta época de prisas, acaso podríamos catalogar como raro, pero que es mucho más: un libro que trasciende el tiempo y aporta lucidez y reflexión: en torno al amor paterno-filial, a la memoria, a la muerte, a la permanencia de cada uno de nosotros más allá del final, cuando aún habitamos en el recuerdo de quienes nos amaron, a la propia escritura, al arte...
         La poeta escoge como forma predominante la lira; estrofa que su padre renovara más allá del hacer de nuestros místicos. Una forma que exige de recursos técnicos, de sentido musical, del adecuado vocabulario. Y Beatriz sale airosa —más que airosa— de tal empeño, y nos ofrece un conjunto de poemas sentidos, transparentes, musicales, sabios.
         El tiempo del padre no es un libro al uso. Es un libro que hará disfrutar a los buenos lectores de Poesía y al que se habrá de volver en más de una ocasión, pues sus poemas, en fondo y forma, están más allá de modas y experimentos.
         Como muestra de lo que el lector puede encontrar en él, dejo aquí el poema La palabra muerte no sabe de la muerte.

Con la palabra muerte
hace el poeta un juego de ilusiones,
el vate se divierte
con elucubraciones
y le da gravedad a sus canciones.

De tanto ser escrita
la muerte ante el abismo es sólo un eco,
un son que se marchita,
un fruto ya reseco,
una lamentación que suena a hueco.

Nada se le parece
a la muerte que viene cuando viene,
cuando el miedo nos crece
y el dolor nos contiene
y el alma junto al muerto se detiene.

No hay verso que la alcance,
no hay palabra que roce su misterio
ni el signo de su trance.
Sólo el silencio es serio 
en la ajena verdad del cementerio.

lunes, 20 de junio de 2016

Homenaje a Rubén Darío y Francisca Sánchez en Navalsauz



         El pasado sábado, invitado por los amigos José María Muñoz Quirós y Pepe Pulido, participé en el homenaje que el pueblo de Navalsáuz (o Navalsauz, que no tengo todavía muy claro cómo se escribe, ya que, habitualmente, lo he visto escrito sin tilde, aunque los propios del lugar lo pronuncian con acento) ofreció a la figura de Rubén Darío, con motivo del centenario de su muerte, y a la que fuera su compañera durante dieciséis años, Francisca Sánchez, natural del pueblo abulense.

El acto reunió a más de 100 personas, en un pueblo de una veintena de habitantes, y tuvo como pregonera a la periodista Rosa Villacastín, nieta de Francisca Sánchez, y autora de la biografía novelada La princesa Paca, como era conocida la compañera del poeta nicaragüense entre su círculo de amistades. Así mismo, se contó con la participación del actor Ramón Langa, que interpretó al propio Rubén Darío.
  
Durante el homenaje, realizado en distintas etapas a lo largo del pueblo, engalanado con la flor del piorno, característica de esta zona geográfica de Gredos, se leyeron textos del poeta homenajeado (deliciosa la narración de su visita a Navalsáuz —o Navalsauz— en burro, desde Ávila); otros, de autores que han colaborado en el monográfico que le ha dedicado la revista El Cobaya; e interpretaciones musicales a cargo de un dúo de flauta travesera y violonchelo.

El recorrido, que duró algo más de dos horas, se cerró con las palabras de agradecimiento de Rosa Villacastín, del Presidente de la Diputación de Ávila y del propio Alcalde de esta pedanía de San Martín del Pimpollar.

La celebración terminó con un refrigerio con limonada y productos de la tierra.

Dejo a continuación el poema con el que he colaborado en la mencionada revista:

CON TRECE AÑOS LEO POEMAS DE ADOLESCENCIA, DE RUBEN DARIO
(Editados en la imprenta G. Hernández y Galo Sáez - Mesón de Paño, 8 - Madrid, 1923)


             Viste
             triste
             sol?
             Tan triste
             como él,
             sufro
             mucho
             yo!

      Rubén Darío


Una tarde de otoño, con la lluvia
al otro lado del cristal, mi abuela
extrajo de un cajón, desvencijado,
un libro de poemas.

Contaba por entonces trece años
y había escrito mis primeros versos.
Ella me lo entregó como un tesoro
familiar y modesto.

Firmaba el libro aquel Rubén Darío,
cuando era adolescente todavía.
Mas, ¡cuánta gracia y fuerza en su lenguaje!
¡Qué claridad tan viva!

Aprendí sus poemas de memoria
Madrigales, Sollozos de laúd
y fui desde ese espacio hasta otro espacio
donde el mundo es Azul.

Muchos años después, encuadernado,
tengo en mis manos, esta tarde, el libro.
Los mismos versos y la misma lluvia.
Sólo yo soy distinto.


jueves, 16 de junio de 2016

El arte de gobernar



Política es gestión, y no otra cosa
que no sea mirar por todo el pueblo.
No cabe otra manera de vivirla, 
aunque algunos se empeñen en no hacerlo.
Administrar los bienes de la patria
—palabra abominable, si es pretexto
para hacer sayos de la capa ajena
y adaptarla a las reglas de su juego—
exige de honradez. No hay más excusas.
Ni promesas. Ni eslóganes. Ni cuentos.