Me pregunto cuántos sueños caben en la palabra amor, cuántas esperanzas y deseos; también, a veces, cuántos desengaños. Y vengo a responderme, no sé si con fortuna, que cuantos sueños alzamos en palabra tan bella, cuantas esperanzas y deseos ponemos en su armazón de luz, ya están, o no, en nosotros; de nosotros depende que se cumplan. Porque el amor, tras el primer azar, es algo que hemos de construir a cada instante: con gestos, con palabras, con caricias, con renunciaciones. También con complicidades y utopías. Y aunque es verdad que en tal tarea se exige la voluntad y el esfuerzo de dos, todo es más fácil cuando no olvidamos que esa línea a modo de horizonte, que separa el cielo del infierno, la trazamos nosotros. Para hacerla más firme o, definitivamente, para contribuir a su completa destrucción.
Muy bello y profundo. Abrazos.
ResponderSuprimirTodo lo que dices es verdad.... Feliz el que debe someterse al esfuerzo de abonar, regar y cuidar cada día tan maravillosa flor.
ResponderSuprimirFeliz fin de semana. Un abrazo
Un pensamiento precioso Antonio, gracias por recargar nuestras baterías.
ResponderSuprimirMilagros, Esmeralda, Eli:
ResponderSuprimirno cabe duda que el amor se construye a cada instante. Y no hay mayor ni mejor tarea en la que podemos empeñarnos. A fin de cuentas, será esa satisfacción venida del amor, la amistad y, en general, de todos los afectos, lo único que podamos llevarnos el día que digamos adiós.
Un abrazo.