Van pasando
los días con la etiqueta de lo predecible. Días monótonos de gestos y palabras,
de luces y de encuentros. Así pasan los lunes, los martes, los miércoles… Y hay
poca diferencia en cada haz de veinticuatro horas en que la tierra gira sobre sí.
Rumores reiterados, gestos vacíos. La vida se dilata lentamente en esa sucesión
de calendario. Y a veces nos parece que tal repetición se asemeja a la
inmortalidad. Por un instante, incluso, podríamos pensar que somos suficientes
frente a la muerte, que somos intocables para ella. Pero algo así
sólo sería soberbia, insensatez, locura. Porque la muerte habita en nuestros
actos, limándonos los sueños poco a poco, limándonos la vida latido tras
latido. La muerte, que de pronto se aparece, nos ciega, nos deja malheridos.
Porque se lleva a alguien que queremos, a alguien que nos quiere, a alguien con
el que compartimos tantas cosas y que, a partir de entonces, de ese momento que
es una frontera entre el ser y el no ser, nos dejará en desolada orfandad. Somos,
por tanto, súbditos de ese sueño en donde no se sueña; prisioneros de esa cárcel
en donde el tiempo deja de medirse. Y aunque en nuestro diario trajinar espantemos
tan terrible certeza, porque de lo contrario sería imposible enfrentarse a la
vida, no hay mayor certidumbre que ese punto final que en ella habita. Por eso,
hasta llegar a él, será preciso que ensayemos fugaces paraísos en donde la
amistad y el amor serán imprescindibles. Como también la belleza, la ternura,
la risa, la razón, el gozo. Conceptos, por sí mismos, capaces de tornar esa
monotonía de las horas, su rumor cotidiano, por islas de placer, por mínimos
edenes en donde, entonces sí, rozar —y ello será bastante— la eternidad que habita
en los instantes.
Muy interesantes tus palabras, como siempre.
ResponderSuprimirLa muerte esa frontera entre el ser y el no ser y un reloj incansable monótono y preciso caminante de una eternidad indiferente.
La pérdida de un ser querido duele mucho pero veo mucha entereza en tu texto como si el duelo ya hubiese acabado.
un saludo
Buena reflexión sobre el engaño que supone la rutina, el paso del tiempo... Y sobre los bálsamos de la vida.
ResponderSuprimirElegante prosa
Buen fin de semana
El buen gusto lleva las riendas en las páginas de tu alma. Besos.
ResponderSuprimirCarmen, Esmeralda, Eli:
ResponderSuprimirUna vez más, gracias por vuestras generosas lecturas.
Un abrazo