[Apertura de la última partida jugada]
Desde que me he enganchado al ajedrez,
ando, conmigo mismo, desquiciado.
Como además mi contrincante es dado
a no pecar jamás de estolidez,
caigo en sus trampas una y otra vez,
y una tras otra acabo derrotado.
Mas yo insisto, paciente y obcecado,
y vuelvo a demostrar mi intrepidez.
Él, a lo suyo, traza mil celadas
en las que, a mi pesar, me precipito
hasta sentirme esclavo de su yugo.
Y me desvelo muchas madrugadas
pensando en lo efectivo de un gambito.
Y hasta en formatear a mi verdugo.

Un soneto dedicado a un interesante juego...
ResponderSuprimirTe dejo este enlace al blog Libre, que hace un paralelismo entre el ajedrez y la vida.
Recibe mis saludos
Gracias por tus palabras y el enlace, muy interesante..
SuprimirSaludos.
Divertido soneto, Antonio; más pegado al terreno real del tablero que aquel otro en el que Borges filosofaba «sobre lo negro y blanco del camino» y veía la partida infinita que toda partida en cierto modo formula. La posibilidad final que enuncias, tan ocurrente como lúcida, es un remedio concreto contra la desesperación. Fantástica gimnasia mental, que no decaiga. Y si es preciso, ¡formatea! Un abrazo.
ResponderSuprimirAlfredo, efectivamente, el soneto está escrito con ánimo jocoso, y muy lejos de la intención de Borges. Existía una versión anterior, con distinto final, que no me convencía. Lo del formateo, miré "usté" por donde, me convenció.
SuprimirUn abrazo
Muy original tu poema.
ResponderSuprimirLa inspiración nunca sabe el poeta por donde ni de donde le va a venir.
Simplemente ha que tener el bolígrafo preparado para no dejar escapar a la musa.
Un saludo.
Carmen, de vez en cuando, el juego también le va bien a la poesía. O, al menos, al hecho de rimar y, digamos, "hacer dedos".
SuprimirUn abrazo.
Otra afición en la que coincidimos buen amigo, amén de la poesía, la cocina y la familia. Un abrazo a tu corazón, siempre a un paso del mío.
ResponderSuprimirAdictiva afición, esta del ajedrez. Yo, no obstante y como ya dejo dicho en el poema, no dejo de ser un continuo aprendiz.
SuprimirUn abrazo.
Bien pintado el gusanillo que provoca esa afición...
ResponderSuprimirUn abrazo
Gracias, Esmeralda. Un abrazo.
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