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martes, 21 de marzo de 2017

Poema de amor (Día Mundial de la Poesía)

(Fernando Zobel)


Palabra tras palabra, tiempo y canto,
libélula encendida en la frontera
del silencio y la música, adelanto
de la luz más humilde y verdadera,
asiento del dolor y la alegría,  
amante y compañera Poesía. 




lunes, 13 de marzo de 2017

Práctica del amor platónico



       El próximo día 17, en la FNAC San Agustín de Valencia, se presenta Práctica del amor platónico, de Miguel Argaya, libro publicado con el número 282 en la colección de Poesía de la editorial Devenir.
        
         Este es el octavo libro del autor —Premio Rey Juan Carlos en 1989 con Luces de Gálibo o accésit de Adonais en 1991 con Geometría de las cosas irregulares, entre otros galardones, a los que hay que añadir dos plaquettes, Prohibido el paso a perros y poetas (1983) y Elementos para un análisis específico de los poblamientos indígenas (1986).  

         El camino recorrido por Miguel Argaya es el de un poeta comprometido con la palabra y enfrentado al poema sin máscaras ni cortapisas; un poeta que se pregunta y trata de hallar respuestas a través de los versos, al tiempo que deja constancia de quien es, de sus sueños, sus inquietudes o sus decepciones. La Poesía es para él una necesidad vital a la que se asoma cada día, un rincón donde dialoga consigo mismo, donde se reconoce y desde el que sale al mundo. Y si eso ha sido así desde que nos mostrara sus primeros versos, el lector comprobará que ese afán se hace aún más exacto en el libro que nos ocupa, Práctica del amor platónico, compuesto por 33 poemas, divididos en cuatro partes de 8 poemas cada una, más un poema epílogo, El poeta pide respeto al huésped, un soneto especialmente esclarecedor, cuyo primer verso dice: Yo soy el yo que escribe este poema. El libro, además, cuenta con los avales de Luis Alberto de Cuenca, que firma el prólogo, y de Jaime Olmedo Ramos, autor del epílogo; ambos textos —prólogo y epílogo— lúcidos y oportunos.


         Se ha hecho referencia a la división del poemario en cuatro partes: Años colaterales, Las horas, Los Mapas y La vida contemplada. En todas ellas el tiempo, pasado, presente o futuro, es el gran aliado del poeta y, a la vez, el enemigo íntimo contra el que no hay posible tregua. Así, los amigos, las diferentes edades del autor, los padres, hijas, esposa, Poesía... son los materiales con los que se alza el edificio que es Práctica del amor platónico, construido con la hondura de la reflexión, con la emoción de los afectos, con la desnudez de quien no tiene miedo a contemplar, más allá del espejo, su verdadera imagen. Y, al mismo tiempo, con la argamasa del verso bien fundido, madurado sin prisas, con la cadencia justa, con el pulso de quien sabe que escribir poesía es algo más que escribir con renglones cortados a capricho. Y es que Práctica del amor platónico no es un libro al uso, de una sola lectura. Muy al contrario, es un libro de madurez que invita a ser degustado, como los buenos vinos, a pequeños sorbos; un libro con el que reflexionar y que, a buen seguro, le mostrará al lector verdades a las que acaso, por otros caminos, quizá no llegaría; un libro que desde aquí recomiendo y del que yo seguiré disfrutando en sucesivas lecturas. 

jueves, 9 de marzo de 2017

Una vez más... palabras

[Gaviotas en El Fiordo de los Sueños - Noruega - © A. C. G.] 

Hay palabras que vienen al encuentro.
Brotan del corazón y se desbordan
en la nieve más pura de la página,
y allí quedan, silentes y desnudas.

Sin embargo, se valen por sí mismas,
salen al exterior en pleno enero
y así se reivindican y se ofrecen
a quien quiera tomarlas sin reparo.

Esas palabras, vivas, confortantes,
en un largo viaje de ida y vuelta,
tornan al corazón, sólo que ahora
responde a otros latidos y otro anhelo.

Son palabras que saben de nosotros
y habitan en lo efímero y lo eterno. 


jueves, 23 de febrero de 2017

Romance de un río que muere

[© A. C. G.] 


Quién habría de decir,
cuando el mundo era el verano
y era el río el paraíso
y era la vida su paso
por mi ciudad, que un buen día,
aquel curso abierto y claro,
donde nutrias y castores
eran naturales amos,
habría de dar en esto
que se arrastra derrotado:
agua turbia, lodo, espuma,
sombra de tanto arrebato,
de aquella luz transparente
de mi infancia, de aquel largo,
noble y caudaloso río
que cantara Garcilaso,
donde ayer vivían ninfas
y hoy mueren bogas y barbos.
Quién habría de decir,
cuando en sus aguas nadáramos,
que, con el paso del tiempo, 
viviera esta muerte El Tajo.  

jueves, 16 de febrero de 2017

Lectura de Alfredo J. Ramos



Presentado por Celia Ruiz, que ha destacado la calidad literaria del autor invitado esta noche en el Aula de Poesía J. Benito de Lucas, Alfredo J. Ramos ha hecho un recorrido por gran parte de su obra, desde Esquinas del destierro, libro con el que obtuviera un accésit del Premio Adonáis en 1975, cuando sólo tenía 20 años, hasta los textos más recientes, muchos de ellos publicados en su blog El Sol de Medianoche, Entre las obras escogidas ha incluido también dos microrrelatos asentados en sendos palíndromos, algo en lo que el autor viene trabajando desde hace tiempo, y de lo que ha dejado reiteradas muestras en su bitácora. 

En definitiva, una lectura variada y gozosa que ha complacido al público asistente, entre el cual se encontraba el Alcalde, D. Jaime Ramos y la Concejala de Cultura, Dña. María Ángeles Núñez. 

La próxima lectura, el 23 de marzo, correrá a cargo de Miguel Ángel Curiel. 


martes, 14 de febrero de 2017

Alfredo J. Ramos en Biblioteca José Hierro



El próximo jueves, 16, a las 19,30 h, Alfredo J. Ramos leerá parte de su obra en la Biblioteca José Hierro, de Talavera de la Reina. Tras haber ofrecido una lectura en la Galería Cerdán el pasado año, el poeta vuelve a compartir su palabra con cuantos quieran acercarse a escucharle. Como en aquella ocasión, el público podrá disfrutar de una obra consolidada, en la que hay también mucho de juego y malabarismo con las palabras. Yo no pienso perdérmerlo. ¿Y tú? 

martes, 31 de enero de 2017

El cocineto vuelve



            En la, tan reiterada aquí, página de Poesía punto com, donde a finales del pasado siglo coincidimos escribiendo sonetos un grupo de personas que, en algunos casos, llegamos a establecer un contacto personal e, incluso, una relación de amistad, conocí a José Fernández Erro, Angastaco. Él fue quien propuso la escritura de los cocinetos, recetas de cocina escritas en soneto siguiendo la estela de los chisnetos, chistes populares contados bajo la coerción de la forma clásica. De éstos, continuando una tradición en la que, entre otros, Quevedo fue un abanderado, el Profesor Ricardo Redoli Morales, de la Universidad de Málaga, había abierto camino por aquella época, con varios libros publicados.
            Angastaco nos sorprendió un día en las páginas del foro con el poema Pollo al ajillo, que, dedicado a su esposa, Marta, y en recuerdo del padre de ésta, dice así:

Don Gonzalo nació en Extremadura
y en Madrid cocinó pollo al ajillo.
Igual que él era el plato: muy sencillo,
agradable y de fuerte contextura.

Ahora lo hago yo: Con la fritura
el pollo se acoraza y toma brillo.
Entra el ajo, picado con cuchillo,
y más que un diente va la dentadura.

Llueve el vino y a llama no muy alta
prosigue la cochura hasta su punto.
Si está corto de sal, de nuevo salo.

Espeso con harina si hace falta.
Y entonces, redivivo aunque difunto,
regresa por su plato Don Gonzalo.

            Este primer cocineto dio pie a que gran número de foristas, el que suscribe entre ellos, propusiéramos diferentes recetas de uno y otro lado del océano; la mayoría, platos sencillos que ajustados a los catorce versos cobraban nueva vida y aromas. Y uno, que es cocinilla y le divierte el juego se dio a acumular cocinetos que, posteriormente, dieron lugar a dos libritos con los que felicité las Navidades de 2002 y 2013 a familiares y amigos.
            En 2003, Fernández Erro, visita España, lo que sirve para que nos conozcamos personalmente; encuentro que reforzará nuestra amistad desde entonces.
            En 2004 me remite, vía email, un libro jugoso y juguetón —no exento de profundidad—, Una mesa es un camino, y a mí se me ocurre hacer una edición de amigo (maquetada, impresa y cosida por mí) de quince ejemplares, de los cuales le remito una docena, convirtiéndome así en su primer editor.
            Desde entonces el poeta ha publicado en Buenos Aires: Lluvia del desolvido y Tangoneones (2005), Los caminos del día y de la noche (2007), Odisea XXI (2009) , El año del desvivimiento (2012), Tributo cancionero al Doctor Esteban Laureano Maradona (2014, en coautoría con Miguel Albrecht), Bidean (2015, del que dejé referencia aquí), y El cocineto vuelve, en el que retoma la senda abierta con Una mesa es un camino y nuevamente nos deleita con el sabor de recetas de uno y otro lado del océano. Así, centrado en la gastronomía de aquí: El ají de España, Salmorejo, Fabada asturiana, Paella valenciana, Sopa de piedras abulenses y Lechazo. Y como muestra de la cocina argentina: Pan de piñones, Pejerrey frito, Tortilla de habas, Cazuela de humita, Guiso carrero y Asado de tira. Entre una y otra parte, dos referencias a Irlanda: Entremeses irlandeses (con Joyce a la mesa): el poco apetecible (para quien ahora escribe) Visceras y Defensa del Irish stew. Cierra el libro una última parte, Postre con cocineros, en donde se recogen poemas dedicados a Nilda Erro (madre del poeta), Karlos Arguiñano (archiconocido y televisivo cocinero), Francis Mallmann (cheff argentino), Pablo Payo Pérez (fallecido en 2003, Mesonero Mayor de El Camino de Santiago) y Paco Fernández Gallego (cocinero argentino, hijo del poeta). Por último, como cierre de este peculiar poemario, La casa invita a la copa, texto que viene a demostrar que El cocineto vuelve es mucho más que un libro de recetas de cocina:

¿Cuántas mesan me quedan en la vida?
¿Cuántos vinos con los mismos amigos?
¿Cuántos panes de diferentes trigos?
Cocinar es vivir: cocina herida

porque no quedará siempre encendida.
Pero cocina, sí. Tengo testigos
de que el fuego calienta a los mendigos
y un cocineto es la vida vivida.

Vivir es cocinar: cocina vasca,
mi cocina del sur, las verdaderas
amantes de quien anda y quien camina.

Amigo, para ti puse mi tasca,
puedes seguir viniendo cuando quieras.
Todavía no cierra mi cocina.


            Sinceramente, creo que es una lástima que no sea posible la adquisición del libro en nuestro país, pues estoy seguro de que más de una de las personas que se acerca a este blog leería con placer y provecho libro tan peculiar, bien escrito y con tanto sabor a buena poesía. 

domingo, 29 de enero de 2017

José Fernández Erro en El Camino de Santiago



            José Fernández Erro, poeta argentino al que ya me he referido anteriormente en este blog, me envía desde Buenos Aires sus dos últimos libros, BIDEAN y EL COCINETO VUELVE, ambos publicados por Raúl Groizard; el primero, con portada de María Guadalupe Fernández Gallegos —Tres peregrinos a Compostela— y el segundo con ilustración del cuadro de Velázquez, Vieja friendo huevos. Se trata de dos libros muy distintos, en cuanto a su temática se refiere, pero ambos con el sello propio de la poesía de Fernández Erro —para aquellos que visitaran en las postrimerías del pasado siglo Poesía punto com, recordarán a Angastaco, alter ego de este autor—. Me ocuparé de diseccionar lo que ha sido mi lectura de ambas entregas, aunque lo haré en dos entradas distintas. Vayamos hoy con Bidean.

            BideanEn el camino, en euskera, idioma del abuelo materno del autor, según aclara el propio poeta en el prólogo, Breve hoja de ruta— es el séptimo libro que Fernández Erro da a la imprenta, y en él se recogen las observaciones y experiencias del poeta durante su andadura en el Camino de Santiago, en el otoño de 2014. Así, la geografía, el paisaje, los albergues y el recuerdo de otros peregrinos con los que se ha compartido la vía sostienen un libro que tiene mucho de humano, de viaje interior. El primer poema, De Donibane a Santiago, un soneto en verso blanco, señala el inicio de la travesía y propone la andadura como un círculo que el romero ha de repetir una y otra vez: Apenas alcanzada Compostela / ya estoy andando a pie por Donibane. para acabar diciendo: La eternidad tal vez sea lo mismo: / un Camino sin meta ni comienzo / que se camina siempre.
            La geografía y el paisaje, decía, cobran presencia aquí, de modo que Navarra, el río Erro, Mañeru, Nájera, Sto. Domingo de la Calzada, San Martín de Frómista, Carrión de los Condes, León, El Bierzo, El Cebreiro, Triacastela, Sarria, y, por supuesto, Compostela, son los mimbres con los que el poeta construye este hermoso y confortable cesto que es Bidean. El calor o la lluvia, las torres de iglesias y sus campanarios, los ríos en los que el romero puede refrescarse los pies, los campos de cereal, los cielos transparentes o el vino que satisface la sed en el descanso, se transforman en versos que, a la postre, nos muestran la experiencia del viajero y su visión de la vida, fuera de toda interferencia mundana y baladí. Estos poemas, donde predominan el endecasílabo y el octosílabo —muy hermosos los poemas Romance de Clara y Mencía— no se limitan a mostrar sucesivas fotografías de cuanto el poeta contempla, sino que, más allá de ello, nos muestran al hombre que se enfrenta a su día a día con fe y entusiasmo, que calibra los claroscuros de la vida y continúa andando, sabedor de que el Camino, como apuntaba en los albores del libro, jamás termina. Son poemas que no han de dejar indiferentes a nadie, pues en ellos puede mirarse el lector para, al mismo tiempo, preguntarse por el sentido último de su andadura; poemas que comparten la mirada comprometida y lúcida de poetas en los que José Fernández Erro ha bebido: Antonio Machado o Manuel Castilla (por citar dos autores de uno y otro lado del océano). Como en la poesía de estos, late en los versos de Bidean el corazón de un hombre que reflexiona y tiene conciencia de su camino y finitud.
            Dejo aquí el último poema del libro, Las flechas amarillas, que, a mi modo de ver, ilustra con bastante precisión el tono y la razón del libro:

¿Qué quedará de lo que he caminado
en mi pobre memoria peregrina?
¿Un paisaje que enturbia la neblina?
¿Un capitel románico? ¿El callado

rumor de la meseta? Recordado,
el Camino de nuevo se camina,
pero cuando el Camino se termina
la nostalgia me deja desolado.

Haber hecho el Camino, haber vivido
en su polvo y su cielo, es no haber sido
más que un río sin ría y sin orillas.

Hoy duele caminar por el recuerdo
y siento que no llego o que me pierdo
aunque sigo las flechas amarillas.


viernes, 27 de enero de 2017

Guiomar Pulido en la Galería Cerdán

[Guiomar Pulido durante su lectura © A. C. G.]


            Ayer, en la Galería Cerdán de Talavera, bajo la hospitalidad siempre generosa de Sara y Manolo, sus propietarios, dio comienzo el Ciclo de Poesía 2017, que el último jueves de mes, de enero a mayo, viene celebrándose desde hace años. La temporada se inauguró con la presencia de una poeta joven, muy joven, 17 años, Guiomar Pulido, sin obra publicada pero con un importante bagaje en su haber, dado que su primer poema lo escribió con sólo seis años y a partir de ahí, animada por sus padres, Ana y el poeta José Pulido Navas, no ha dejado de hacerlo hasta la fecha.
            Guiomar se presentó ante el público fiel de la Galería, que cada jornada llena la sala, con una naturalidad y soltura dignas de elogio, planteando su lectura como un pequeño examen ante la concurrencia, pues, dijo, ella aún no sabía si podía considerarse poeta, algo que dejaba a criterio de los asistentes. Así, mostró poemas desde, prácticamente, sus inicios —el primero que leyó escrito con apenas ocho años— hasta los más recientes, demostrando una muy interesante evolución y soltura que caló gratamente en el público.
            Con un lenguaje sencillo, pero cargado de imágenes, la poeta desglosó sentimientos infantiles —en los primeros versos—: ante la presencia de la luna, por ejemplo, para, más adelante, abordar asuntos tan presentes en la Poesía universal como la soledad, el amor, el tiempo...
            Sus poemas están escritos en verso libre, con una cadencia musical grata y afinada, realzada aún más por la clara y serena lectura de la autora. Quizá —y esto es sólo un capricho de este cronista— se echase en falta, aunque sólo fuera como ejercicio técnico, algún poema de forma cerrada —alguna décima o soneto, por ejemplo— cuya coerción obligase a la poeta a una mayor tensión con las palabras; algo, por supuesto, secundario, que acaso con el tiempo, motu proprio, abordará.
            En definitiva, una noche agradable de poesía y el descubrimiento de una autora que, de continuar así (y así parece) ha de sonar en el panorama literario no tardando mucho.
            El ciclo se completará con la presencia de José María Muñoz Quirós (febrero), José Pulido Navas (marzo), Arantxa Oteo (abril) e Hilario Barrero (mayo). Todas, sin duda, lecturas interesantes, a las que invito a cuantos se asomen a esta ventana y puedan acercarse. 



domingo, 22 de enero de 2017

Presentación de "El agua siempre encuentra su camino"



Dicho queda. El próximo martes, 24, a las 19 horas, en la Biblioteca José Hierro, de Talavera de la Reina, os esperamos. Disfrute garantizado. No todos los días se presenta un libro como el de Alejandro. ¿Te lo vas a perder? No me lo creo.