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martes, 27 de enero de 2009

J.L.R. (In memoriam)

J.L.R. era mi amigo. Hoy, hubiese cumplido 49 años.

El día 20 de octubre del pasado año, fallecía tras una larga y dolorosa enfermedad. En los últimos meses fue soltando amarras con la vida, dejando de llamar a sus amigos, y no atendiendo las llamadas que le hacíamos. Tras volver de su entierro, escribí estos versos que hoy dejo aquí, como particular homenaje.

Un manto de silencio y un sol ciego
acompañan ahora tu descanso
lejos del mundo y su desasosiego.

Y te ofrecen reposo en un remanso
de soledad callada e infinita:
casa donde el dolor se vuelve manso;

donde el oscuro rostro que se agita
desde el sueño de ayer, se vuelve sombra;
donde hasta el propio olvido se marchita.

Mi memoria te busca y desescombra
por el camino un tiempo tan lejano,
que ni parece tiempo si se nombra;

que hasta parece nada: tan liviano,
que no tiene ni peso ni medida,
pero que, ángel fieramente humano,

regresa con la savia de tu vida,
con tu presencia, mientras reconstruyo
tu dolor, tu amistad, tu despedida…

Mas no quiero llorar: del llanto huyo;
me aparto, como tú te distanciaras
de tus amigos y cuanto fue tuyo.

Probablemente, porque vislumbraras
el vano laberinto de hospitales
que estaba por venir, y no dudaras

en cortar las amarras amicales,
si con ello limabas la tristeza
de tus amigos incondicionales.

Otra cosa, no cabe en mi cabeza;
no entiendo la razón de tu distancia
si no es por tu valor y tu nobleza;

si no es porque, restándole importancia,
te ofreciste a la muerte sin engaño,
sin regateos y sin arrogancia.

Ahora que ya no estás, resulta extraño
pensar en la extensión de ese vacío
que irás acrecentando cada año,

hasta que al fin se una con el mío,
con el de todos los que te queremos;
con quienes, al brutal escalofrío

de tu temprana muerte, respondemos
con el vivo calor de tu presencia
sin cipreses ni negros crisantemos.

El recuerdo, será la pertenencia
única que tengamos de tu brisa.
En él, la llama pura de tu esencia;

en él, la transparencia de tu risa;
en él, tus sueños, tu pasión, tu duda;
y una sombra de vértigo imprecisa.

Amigo, he de callar antes que acuda
el llanto del que huyo, y que respiro.
Tú quedas con tu paz en la desnuda

y solitaria luz de tu retiro;
quedas con tu silencio y con tu historia;
quedas, eternidad hecha suspiro.

Y yo llevo en el llanto tu memoria.

6 comentarios:

  1. Antonio, emocionante poema elegíaco, que me ha hecho recordar a aquel de Miguel Hernández.
    No uso sombrero, pero por descontado que me lo quitaría, ante el recuerdo de su amigo y ante sus versos.

    Un saludo.

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  2. Me atrajo el nombre de tu blog "verbo y penumbra" y comprendo al leer tu poema, lleno de sensibilidad, que el nombre que escogemos para nombrar nuestra casa dice mucho de nosotros.
    Me sumo al comentario anterior.
    Un saludo.

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  3. ¡Vaya!, tú también recordando a un amigo que ya no está y al que querías. Lo lamento de veras. Entiendo lo doloroso que es.

    Precioso y sentido el poema.

    Besos

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  4. Estimado Antonio Castellón: gracias por acercarse a este rincón y comentar. Es cierto que el poema está en deuda directa con la famosa elegía de Miguel Hernández, de hecho, la forma adoptada en tercetos encadenados no vino por casualidad. Por lo demás, ya me gustaría a mí haber dado con las imágenes del poeta de Orihuela, aunque, la verdad sea dicha, no me quejo de cómo salió el resultado, en cualquier caso, no suficientemente grande como para recordar a un amigo desaparecido.

    Reitero mi agradecimiento. Saludos.

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  5. Estimada estherpino, el nombre del blog se corresponde, en esencia, con el título de uno de mis libros y, sí coincido contigo en que puede dar una primera visión bastante aproximada de lo que para mí supone la palabra y la poesía.

    Gracias por visitar. Saludos.

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  6. Estimada Luisa: gracias por tus palabras. La verdad es que, por mucho que intentemos decir y recordar con versos y poemas, el hueco que dejan estas ausencias es insondable..., aun así, la escritura, al menos en el momento de llevarla a cabo, puede suponer un efecto lenitivo que, aunque sea en parte, viene a aliviar el dolor. "Decir por no gritar", afirmaba un poeta recientemente, junto a unos hermosos versos que me llegaron por correo electrónico.

    Un abrazo,

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