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miércoles, 14 de enero de 2009

Los que vienen de fuera

Desde el país de la desolación y la desesperanza, sueñan con una tierra de provisión. Una tierra en la que desertar de la pobreza y en donde el sol de cada día suponga nuevos signos. Por eso se disponen al viaje, aun sabiendo del riesgo que supone una partida clandestina contra lo ya dispuesto y legislado. Y por eso, se arriesgan y se embarcan en cáscaras de nuez, en condiciones límite que no siempre —por lógica y desgracia— consiguen superar.
Dejan atrás esposas, padres, hijos… amigos que también aguardan su momento. Y entregan sus ahorros —sus únicos ahorros— a los que, sin escrúpulos, les vienen a mentir una vida más clara. Después, abandonados a su suerte, en las manos del mar, a la deriva, acaban arribando en una playa oscura, desnutridos o enfermos, clandestinos. Otras, el propio océano se ocupa de cerrar su camino y, al cabo de los días, los devuelve sin rostro y sin mañana.
Los que alcanzan la orilla prometida, tampoco serán libres. Habrán de ver el rostro de otros hombres que mirarán sus rostros con recelo, y serán siempre —o casi siempre— los que vienen de fuera; los desterrados de sí mismos, que acaso en los rincones del invierno recuerden con nostalgia desolada la tierra de sus padres.

3 comentarios:

  1. Una tremenda historia de desarraigo, querido amigo, alentada por mafias sin escrúpulos y quien sabe si también por gobiernos necesitados de divisas. No és la primera vez, creo, que nos hemos referimos a esto en algún poema. Hoy la tierra prometida ya no lo es tanto, pero la marea humana no entiende de crisis financieras sino de la tragedia que supone sobrevivir en los paises pobres.

    Te deseo una interesante singladura en esta curiosa experiencia que supone contar con un blog propio e intercambiar opiniones con los de otros.

    A mi, aunque no escribo mucho, me ha resultado muy gratificante en amistades y sabiduría.

    Un abrazo fuerte.

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  2. Texto de los que dejan pensando. Toda promesa social es un engaño. Ahora, a pesar de las crisis, nos toca contemplarlo desde la comodidad: nuestra triste vida es un sueño para la mayoría de los habitantes del planeta.

    Ya nos iremos conociendo, pero soy el anécdotas (una especie de Abuelo Cebolleta). Aquí va una: un amigo muy cercano que ha visitado bastante Palestina (hasta hace unos años) como representante de una ong que ayudaba a montar hospitales, en una comida dijo que aquí, en España, era normal comer carne todos los días. A la salida, un médico le tomó del brazo para hacer un aparte y le preguntó: "Lo de todos los días, era una exageración, ¿verdad?".

    En fin, te animo como Manolotel a que mantengas abierta esta casa, tan prometedora. Para mí ha sido una experiencia realmente satisfactoria.

    Un abrazo de bienvenida.

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  3. Manolotel y NáN, muchas gracias por vuestro amable recibimiento. Espero que podamos ir leyéndonos y comentar sobre la triste realidad y, por qué no, también traigamos alguna que otra risa a esta palestra. No cabe duda de que el flash que comentáis, no invita nada a esto último. Cuando la falta de escrúpulos de algunos, y su avaricia. ponen en riesgo el futuro y la esperanza de personas inocentes, es difícil acudir al humor sin remordimientos. Más, si lo hacemos desde la comodidad de nuestras vidas.

    Reitero mi agradecimiento a ambos.

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