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sábado, 7 de febrero de 2009

La calle

La calle era la mar o era la jungla,
o una plaza lejana de París
por donde paseaba un mosquetero.
La calle era un desierto con esquinas
y fuentes en los patios de las casas
que se asomaban,
ajenas por completo a nuestros juegos,
a esa mar, a esa jungla, a ese desierto,
a esa plaza lejana de París.
Podíamos una tarde ser piratas
y en ese caso andaba entre nosotros
la sombra de John Silver
y todos los navíos bucaneros
que surcaban los mares del Caribe.
Otra tarde, quizá porque en el cine
el último domingo proyectaran
Centauros del desierto,
cambiábamos el ‘Silver’ por el ‘Wayne’
y andábamos por medio de la calle
cimbreándonos con paso
muy lento y dos pistolas
dispuestas en el cinto.

Teníamos entonces ocho años
—nueve, acaso—, la vida
era de lo que hablaban los mayores,
cuando lo hacían con la voz muy queda,
ya llegada la noche,
en el cuarto de estar.
Nosotros, mientras tanto,
cumplíamos con la escuela, pero sobre
todo nos inventábamos historias,
cuentos de aventureros, de héroes y bandidos,
de novias que habían caído
en manos de los malos
y había que rescatar.

Es curioso que ahora, en esta tarde lenta,
mientras la lluvia cae y escribe en los cristales,
me haya vuelto esa imagen
de unos niños jugando,
y acaso, sin saberlo,
reescribiendo a su modo ‘La Odisea’
mientras la vida estaba en otra parte,
y no tenía la misma transparencia
que nuestros ojos niños.

6 comentarios:

  1. ¡ Que bonito!. Es que la vida, al menos la que vivimos algunos en nuestra niñez está en otra parte. Saludos. milagros

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  2. Milagros, gracias por la visita. Es evidente que para los que ya tenemos unos años (es mi caso) aquella niñez no se parece, con todos sus pros y sus contras, en nada a las de ahora. Los juegos en la calle tenían mucho que ver con esa sensación de libertad de la que disfrutábamos, mientras el país y la televisión aún se mostraban en blanco y negro.

    Saludos.

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  3. Ay, don Antonio, cuántos recuerdos de esas calles antiguas que pintábamos con nuestra mirada infantil, con la ilusión y la fantasía de aquellos años. Salíamos del cine con la película a cuestas y la calle, la bendita calle era nuestro escenario favorito (el único escenario del que disponíamos), y allí dábamos rienda suelta a todo lo que teníamos dentro.
    Hoy, sin embargo, me asomo a la ventana y no veo niños jugando, nunca; sólo tristes remedos de adultos... ¿Qué ha pasado?
    Usted y yo somos, creo, más o menos de la misma 'quinta', y pudimos disfrutar aún de aquellos años. Ese tesoro nos lo llevamos, es nuestro, nos lo hemos ganado.

    Un saludo, don Antonio.

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  4. Juegos en la calle hasta que el sol se ponía, cines de doble sesión con descanso entre las dos películas con aquel "Visite nuestro bar", y la primera TV en blanco y negro... Se nos ve el plumero de la nostalgia y de unos años con muchos problemas y también con un tesoro, como dice Antonio, que nadie nos podrá quitar y que los niños de ahora ni siquiera intuyen.
    Un saludo.

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  5. Pues sí, amigo Antonio, algún año más de mi parte, pero, más o menos, sí hemos debido conocer calles similares y correr, como bien dice estherpinto hasta que el sol se ponía. Lo cierto es que los que ya hemos cruzado el umbral del medio siglo (y se dice pronto) nos podemos dar cuenta, con más perspectiva por lo menos, de lo mucho que ha cambiado el día a día (por no decir la vida, que parece como más categórico) y que, entre otras cosas, repercute en los modos de diversión y relación con los demás durante la infancia... y, como bien dice, si nosotros no teníamos consolas ni wii ni cosas de esas, teníamos el don de la imaginación y la puerta abierta a todas horas... son los tiempos...

    un abrazo,

    Antonio.

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  6. estherpino, sí que se nos ve el plumero. Sin querer a veces, llega la nostalgia y se pone al oído a dictar palabras... otra cosa es que con ellas algunos (yo al menos) seamos capaces de escribir verdadera poesía... claro que así, al menos, volvemos a acercarnos a aquellos días en que, a pesar de nuestra inocencia, el país era mucho más oscuro y triste...

    Un abrazo,

    Antonio.

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