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jueves, 12 de febrero de 2009

La verdadera dimensión del mar















No me siento poeta porque escriba
de tarde en tarde un verso iluminado.
Cuando dejo el poema terminado
me parece una sombra a la deriva.

La misteriosa luz, libre y esquiva
de la palabra exacta, se ha mudado,
debido a mi torpeza, en un velado
cromo donde la voz queda cautiva.

Entre lo que vislumbro y lo que digo
—esa distancia que mi desazón
intuye, sin poder desentramar—,

se encuentra el horizonte que persigo,
el reino virginal del corazón,
la verdadera dimensión del mar.

11 comentarios:

  1. Acabo de descubrir tu web y me han sorprendido tres cosas:
    La primera, que tu mensaje de bienvenida en la web ("Desde mi mente hasta el papel hay un camino que recorro:blanco espacio de luz o sombra, abierto siempre a lo innombrable")es la misma idea que este soneto. Quizás una obsesión por esa pérdida que no controlas.
    La segunda, que eres un poeta premiado; lo siento no lo sabía. Te felicito y te digo que, para mí, el accesit del Adonais tiene el mismo valor que el primer premio.
    Y, la tercera, que en tu web tienes una estantería llena de libros. Una mina. Intentaré entrar a menudo.
    Un abrazo
    Laura

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  2. Estimada Laura: efectivamente, lo de la imposibilidad de la perfección a la hora de expresarme, es algo en lo que, una y otra vez, insisto, sin duda porque reconozco mis propios límites en ese afán por decir.

    En cuanto a lo de los premios, no tienes por qué disculparte de nada. No dejan de ser una lotería y, a la postre, no le hacen a uno ni peor ni mejor escritor; en todo caso, sirven para apaciguar un poco la vanidad que a todos nos afecta en mayor o menor medida.

    Por último, y con respecto a la web, toda a tu disposición. Aunque no se ha vuelto a actualizar desde su creación, no deja de ser una pequeña muestra de esos poemarios. Algunos, como podrás ver, son sólo un divertimento, como los Cocinetos o Las historias de Gila.
    Por supuesto, que tanto allí como aquí, serás siempre bienvenida.

    Un abrazo,

    Antonio

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  3. pasate por mi blog, poeta. Hay algo para ti. milagros

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  4. Entre lo que vislumbro y lo que digo-esa distanciaque mi desazón intuye, y no consigue traspasar- se encuentra el horizonte que persigo.
    Precioso Antonio.
    Pero es desazón es lo que nos motiva a seguir escribiendo porque sabemos que nuestro mejor poema todavia está por escribir.

    Me reccuerda unos versos que dicen.
    "Prefiero más que llegar
    pensar que ya voy llegando".
    Muy bonito .milagros

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  5. Milagros, muchas gracias por "ambas dos cosas", tu regalo y el generoso comentario a mi poema. Es cierto que el mejor poema es siempre el que escribiremos. También, una nueva decepción, una vez terminado... Y vuelta a empezar..., como la vida misma.

    Un abrazo.

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  6. Pues sí, amigo Antonio, incluso cuando el resultado es este gran soneto en el cual ese horizonte está a tres pasos, la imposibilidad del escritor de verse desde otra perspectiva, le impide apreciar esos relieves que los lectores apreciamos perféctamente. Es, por poner un ejemplo la diferencia entre ver con un solo ojo y con los dos.

    Claro que, sin esa insatisfacción intima, la poesía se habría perdido los mejores poemas de la literatura universal.

    Enhorabuena por esa "búsqueda" que nos proporciona tan hermosas experiencias poéticas.

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  7. Bonito poema, aunque no creo en tu torpeza ni que la palabra exacta se haya mudado, gracias por tu visita y comentario, es un placer aprender contigo.

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  8. Manolotel, como tantas otras veces, coincidimos: en "esa insatisfacción íntima" posiblemente esté la razón de nuestra 'obsesión' por continuar a vueltas con la palabra.

    Un abrazo, amigo.

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  9. "La palabra invisible" hecha presencia, a ver si me explico (ese es siempre el gran problema): la torpeza a la que pretendo referirme es más bien esa "insatisfacción" a la que apunta Manolotel: nunca, en último extremo, el poema acaba de ser como se había imaginado antes de plasmarlo en la página en blanco (al menos, eso es lo que yo siento). Otra cosa es que, por pesado, o sea, por una cierta técnica adquirida a fuerza de muchos intentos anteriores, escriba versos más o menos afortunados.

    Gracias por la compañía.

    Saludos.

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  10. Estimado Antonio, querido Miguel,

    No habría podido encontrar un mejor marco para volverme a encontrar con tus versos. Y es que en este soneto, de la mano del excelente saber hacer de tu pluma, describes de forma espléndida el sentimiento de insatisfacción con que se enfrenta el creador, cuando contempla su obra y la compara con ese momento idílico de su concepción y gestación. Sólo cuando percibe que otro ser humano se conmueve con la contemplación de su criatura, y lo siente vibrar en consonancia, “resonar” con parecidos sentimientos, vuelve a sentir que el esfuerzo valió la pena.
    Tu poema me ha hecho revivir esos momentos, los de exaltación creativa, los del desaliento entre la insatisfactoria plasmación de nuestra obra y la fuerza arrebatadora de las imágenes, de las ideas que brotaron en nuestro interior y la posterior emoción cuando compruebas que otro , “el otro” de que nos hablaba Unamuno, que a veces somos nosotros mismos, descubren lo que está más allá de lo creado, y que sin saber cómo ni porqué, adquieren vida propia, trascendiendo a su propio creador.
    Tus versos me han conducido, lenta y mansamente a la contemplación de “la verdadera dimensión del mar”.

    Un abrazo, Antonio, un abrazo, Miguel,

    AMADEUS

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  11. Don Amadeus: disculpa el retaso de mi respuesta. He estado un par de días en tareas de limpieza con ciertos elementos invasores que habían conseguido instalarse en los rincones de mi casa: al final, y no sin paciencia, he conseguido ahuyentarlos.

    Respecto a tu comentario, coincido contigo en eso de que la apreciación de los otros de 'nuestra criatura'anima a seguir en la brecha, pensando que, seguro, el próximo poema será el definitivo.

    En ese sentido, hace mucho tiempo, escribí un breve poema que ahora, según tecleo, me ha vuelto a la mente, y que me permito dejarlo con ánimo de que reafirme mi perorata:

    "Un acorde de luz.
    Sólo
    un acorde.
    De luz.
    Después, callar."

    Esa, en el fondo, es mi aspiración, alcanzar a pulsar un acorde de luz.

    Un abrazo.

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