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lunes, 6 de abril de 2009

Cada día me llega una palabra

Cada día me llega una palabra
inaugural. Me llega por sorpresa,
al mismo tiempo que la luz irrumpe
en la raya del sueño, despertándome.
Esa palabra acude como un ángel
que viniera a anunciarme algún designio
que habré de traducir durante el día,
mientras voy a lo mío por mis horas.
Es difícil saber qué significa
esa palabra, pues sucede, a veces,
que se queda enredada entre las sábanas,
o que, apenas se muestra, descompone
sus sílabas en puro jeroglífico.
Ayer, sin ir más lejos, cuando el dardo
de la luz matinal apenas era
una estela camino de mis ojos,
la palabra fue “árbol”, y su sombra
generosa, troncal y protectora
me acompañó al dentista y al mercado.
Sin embargo —sucedió hace unos meses—,
la palabra, desnuda y transparente,
que surgió fue “camino”. Pero luego,
cuando estaba aprendiendo a descifrarla,
se fue enquistando hasta formar el dédalo
en el que fui ese día prisionero.
En un cuaderno de cristal, que guardo
al lado de los sueños, deposito
con esmero especial esas palabras
que a lo largo del tiempo me alimentan.
Hace años, cuando mi inexperiencia
en este arte del verbo y sus celadas
todavía era mucha, procuraba
ordenarlas por orden alfabético,
pues, entonces, estaba convencido
de que, al hacerlo así, siempre podría
acariciar su voz de terciopelo.

Mas ocurrió también que al mismo tiempo
que yo clasificaba aquellas voces
un silencio rotundo fue creciendo
con cada amanecer, de tal manera
que ya no hubo palabras que escuchar,
hasta el punto fatal de andar perdido
por los interrogantes de mi sangre.
(Si entonces me libré de aquel naufragio
fue gracias a la balsa salvavidas
del nuevo diccionario de la R.A.E.)
Después de aquello, y preso de desgana,
he dejado las voces en desorden;
o, por ser más exacto, en riguroso
y sucesivo orden de caída,
de tal manera que jamás he vuelto
a querer abrazar otra palabra
distinta a la que el día me regala.

Hasta ahora, después de tantos años,
os debo confesar que siempre han sido
generosas las voces: son sencillas,
prudentes, divertidas, provisoras…
algo locas, a veces, aunque siempre
en su medida exacta y sin excesos.

Yo las recibo agradecido, y pienso
qué habrá de ser de mí cuando ya sean
espejo de la nada, o puro abismo.

14 comentarios:

  1. Muy bonito Antonio. Es mas que un poema un relato en verso.Dices cosas preciosas y es una gozada leerte. Un abrazo. milagros

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  2. El verbo, verbo es en cuanto nace
    ya con el nombre puesto y con su espuma
    de caminar en sueños, su placenta,
    balbuceando glublu mikola: jitanjáfora
    antes de definirse con tu pluma
    Eso Antonio te digo es todo un lujo
    y ni el RAE lo remedia cejijunto

    :-)

    Se pueden tocar leyéndote.

    Abrasos y aplauzos.

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  3. Milagros, gracias por la visita. No sé si puede considerarse un relato, aunque, efectivamente, tenga un cierto trasfondo narrativo. De todas formas, si sólo se queda en "un relato", aunque quede "bonito", es que no he dado con "el decir exacto" respecto a la importancia de la palabra... Seguiremos intentándolo.

    Un abrazo,

    Antonio.

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  4. Don Manolotel:

    Se agradece (sabes cómo) la visita, y esos versos al hilo de mi texto, jitanjáfora incluida. Reflexionando sobre ellos (sobre tus versos), he escribo un pequeño poema en "deciliras", una estrofa híbrida entre décima y lira, de la que supe hace unos días. Bien es cierto que lo que yo he escrito no se ajusta con exactitud a la "definición" de "decilira", en donde los cuatro primeros versos han de esbozar el "asunto" y los otros seis desarrollarlo; en mi caso, he escribo en cada "decilira" dos liras, aunque la segunda sea, digamos, invertida. Bueno, y después de tanto preámbulo, allá van:

    La obsesión de “nombrar”
    —ese misterio que a escribir nos lleva—,
    viene, acaso, de amar
    la llama que renueva
    la palabra que surge de la gleba.
    Y una vez la palabra en nuestra mano,
    a la voz de su arcano,
    entrar en la palabra
    con la pasión con que el labriego labra
    su hacienda de secano.
    Somos al fin, por eso,
    labradores, no más. Así, el poeta,
    henchido de embeleso
    por la voz que le reta,
    devuelve la palabra sin careta.
    Desnuda de misterio, transformada,
    parece iluminada,
    y “dice” otro “decir”.
    No es otra cosa, al fin, el escribir:
    “decir”, como si nada.

    Un fuerte abrazo,

    Antonio

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  5. ¡Bella composición! Todo un reto fusionar lira y décima, sin que una pierda el lirismo y la otra los decimales :-).

    Por supuesto, como pones de manifiesto, lo importante es que las palabras ocupen un lugar y un sentido armónicos y que el resultado sea un "decir" inteligente, humano, bello y si es posible, todo a la vez y... "como si nada".

    En este caso, combinan perfectamente los versos de 7 y 11 sílabas pero supongo que hay otras combinaciones igualmente interesantes.

    Precisamente, hace unos días (no es lo mismo pero yo creo que guarda algo de relación) releía algunos de aquellos sonetos de P.com pergeñados con recortes de versos encabalgados (algunos, por cierto, magistrales). Busqué y encontré uno mío, una especie de "soneto de pie quebrado" que decía así:

    Será que no creí en ti,
    ni en mí tampoco,
    lo bastante. Poco
    para decir que sí.
    Mas no sentí tu frenesí,
    deseo loco,
    sed quizás, siroco...
    Tú no creíste en mi.
    Podremos explicar
    que tarde y mal, todo ocurrió
    como debió pasar.
    Pero dolió.
    Por eso estoy, que... ¡yo no sé!
    cuando me acuerdo. ¡Y qué!

    Supongo que habrá que seguir intentándolo hasta encontrar una formula concreta, un canon original como el que nos traes.

    En esto de experimentar nuevas formas expresivas, pienso que, efectivamente, aparte de innovar sobre el contenido (que es lo más usual en la nueva poesía), otra fórmula es ésta de actuar sobre vasija de la rima mediante la fusión. Algo que en música (jazz y flamenco, pop y rock etc.), se ha venido haciendo, a veces con gran acierto.

    Buscar, siempre buscar.

    Un abrazo, amigo.

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  6. No sé si lo he pasado mejor leyendo el relato versado o cotilleando los comentarios. ¡Menuda lección de metrificación! Por si a alguno le quedaba alguna duda de lo que por aquí asoma...
    El relato, Antonio es una maravilla. Me he deleitado leyéndolo. Me has recordado a Machado. Seguro que a él le visitaba cada día una palabra, seguro. Palabras sencillas y cotidianas que son la base de lo que escribimos y de lo que somos.

    Un placer mi paso por aquí, hoy.

    Laura

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  7. Ay, Manolotel, no podemos evitarlo... en cuanto tenemos ocasión, ¡zas! nos vienen aquellos tiempos de Poesía.com y parecemos abuelos contando batallitas. Creo que fueron buenos tiempos por cuanto nos mantuvieron alerta y afinaron pluma e ingenio. Allí quedaron muy buenos textos de variados "espadas".

    Centrándonos en lo que comentamos, lo de la "decilira" no deja de ser algo "casi" ya inventado, aunque, a fin de cuentas, otra forma más de jugar con el ritmo y las palabras. A mí, personalmente, me parece que cojea un poco pues, al terminar la estofa con un heptasílabo, se resta en buena parte rotundidad al colofón. Como juego, vale.

    El sonetillo de pie quebrado, por otra parte, tiene su "aquél", y, sin duda, complicado. No sé, tampoco, si, a la postre, no es también otra formulación fallida, sobre todo, si comparamos con la firmeza del armazón del soneto clásico, con sus endecasílabos perfectos y su ajustada acentuación. En cualquier caso, es bueno continuar "jugando-investigando", y, en ese sentido, apuntas bien con la referencia que haces a las distintas fusiones dentro de la música.

    Suscribo, por supuesto, ese "Buscar, siempre buscar..."

    Un fuerte abrazo.

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  8. Laura, no había caído en esa posible referencia a Don Antonio, aunque, salvando las distancias, tal vez alguna influencia suya puede vislumbrarse; a fin de cuentas, al leerlo, fue uno de los primeros autores que me animó a escribir poesía. Aún lo releo con cierta frecuencia.

    Gracias por la visita y por los comentarios.

    Un abrazo.

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  9. También me gusta pensar que me visitan las palabara, aunque sean como amantes infrecuentes y esquivas.

    Un saludo

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  10. amantes infrecuentes y esquivas... también meigas caprichosas, o funambulistas a vueltas por la mente... palabras: color del "decir", luz en la oscuridad del que busca...

    Athena, gracias por la visita.

    Un saludo.

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  11. Antonio como ves he coincidido con Laura en lo del relato versado, pero es precioso . Lo importante es trasmitir y crear belleza tanto en verso como en prosa. Un saludo. milagros

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  12. Amigo mío, este trozo de su muy personal "antonionario" me ha encantado. Si es poema o prosa, no importa. Lo que dice se lleva todo...y el que lo dice nos enseña.

    Salve, Maeztro!


    Un abrazo,
    Lily

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  13. De acuerdo, Milagros, dejémoslo en "relato". Quizá no me expliqué bien y lo que quería decir es que, mi intención, era ir más allá de lo que el poema "relata"...; posiblemente, lo que ha quedado en él ha sido mi propia incapacidad de "decir"...

    Un abrazo.

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  14. Estimada Lily, gracias por tu buena opinión del poema... sabes que lo de "maeztro" fue un calificativo del que nunca quise participar... pues, cuanto más leo aquí y allá, más me convenzo de lo mucho que me queda por aprender...

    Un abrazo,

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