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domingo, 19 de abril de 2009

II Encuentro en defensa del Tajo y del Alberche


Cuando escribo estas líneas, aún se celebra la jornada festiva en la que, con diferentes actividades, se reivindica la defensa de los ríos Tajo y Alberche para Talavera y su comarca. En los últimos cuarenta años (más o menos, coincidiendo con la puesta en marcha del trasvase Tajo-Segura) el cauce de estos ríos y la calidad de sus aguas se han ido deteriorando, hasta el punto de que gran parte de la fauna del Tajo que en Talavera podía localizarse, hoy ya no existe.

Es verdad que el asunto del agua es un tema delicado, pero, como dice el refrán, no se puede desnudar a un santo para vestir a otro, o, lo que es igual, si no hay excedente (y deberá entenderse éste como "agua sobrante", después de que los ríos sigan fluyendo de manera natural y sin perjuicio de su propia vida), no debe haber trasvase alguno.

Mas estas palabras no pretenden avivar una polémica en la que, por desgracia, los intereses partidistas son moneda corriente, y donde es fácil caer en la demagogia. Lo que pretendo, simplemente, es centrar el motivo de esta jornada y comentar que, entre otras actividades, se ha celebrado una lectura poética en la que he tomado parte.

Aquí os dejo el trabajo con el que he participado, así como una fotografía de un momento del acto. En próximos días, os dejaré también otros poemas mostrados en este encuentro.




Era verano,
y El Tajo un río aún al paso por mi pueblo,
no el silencio varado de cieno y podredumbre
con que se arrastra ahora.

Sus orillas de arena albergaban resoles,
luminosos destellos de nácares y cuarzos,
de conchas de moluscos que hoy sólo son recuerdo;
sus orillas, promesa de líquida abundancia.
Nadaban renacuajos y peces encendidos
de platas encarnadas.
Y apenas a unos pasos de la orilla podía
sumergirse de pie un hombre de dos metros.

Recuerdo que salía, con mi madre y mi hermana,
cada mañana al río en vísperas del Ángelus,
y tras dejar las bolsas y extender las toallas
corríamos al centro de aquella transparencia.

“No paséis de ese punto”, señalaba mi madre,
que apenas braceaba y conocía del río
su afán por apropiarse de jóvenes y viejos
que luego devolvía sin rostro y sin mañana,
con los ojos perdidos, vidriosos, desbordados.

Nosotros, obedientes,
íbamos hasta el punto señalado. Podríamos
haberlo traspasado con cierta suficiencia,
pues desde bien pequeños mi padre insistió siempre
en que nos empeñásemos en nadar con esmero.

Por eso los domingos el baño era distinto.
Con mi padre podíamos afrontar nuevos retos.
Con él era posible adentrarse en las aguas
más profundas y oscuras, luchar contracorriente.
Así, cuando lográbamos avanzar unos metros
curso arriba, orgulloso, nos iba jaleando;
después, cuando veía que el cansancio llegaba
a nuestros brazos niños, nos prestaba su ayuda.
Y cuando, satisfechos de nuestra propia hazaña,
nos autoproclamábamos nadadores expertos,
siempre nos recordaba que el señor era el río;
la muerte, su aliada; nosotros, sus vasallos.

(Y el respeto más alto a la naturaleza,
lo fuimos aprendiendo al observar sus gestos.)

A los verdes islotes que ocupaban el centro
del cauce de aquel Tajo, llegaban las familias
con sitios asignados. Y jugaban los niños;
los padres, conversaban; las madres, dormitaban
tostándose sin prisas:
caricias de otro sol más amable y nutriente
que el sol que ahora nos quema con sus lenguas furiosas.

Teníamos siete, ocho, nueve años entonces.
El verano era el río y el parque por las noches.
El tiempo deshojaba sus pétalos sin prisa,
y todos conocían el nombre del vecino.
Hoy no existen moluscos, ni peces encendidos
de platas encarnadas, ni existen arenales,
ni la ciudad convoca sus pasos en las noches
de verano a ese parque, que apenas sobrevive.
Hoy miro alrededor y me asombra que el tiempo
—al que se hace culpable, siendo ajeno, de todo—
haya tornado en sombras aquella luz, el río,
el parque… Y la ciudad me muestre otro semblante.

Supongo que, a mi modo, sólo constato el hecho
de que nada es eterno, de que todo es mudable,
de que en todos los tiempos se pudo ver el rostro
de un paisaje cambiando.
Será que la nostalgia me devuelve a otros días
que la memoria eleva a espacios ideales;
será que cumplo años, simplemente, y escribo
para tocar la luz de las rosas de entonces.

Pero también ocurre que a solas me rebelo,
soy consciente del mundo que se va edificando,
del mundo que dejamos herido y sin retorno
a nuestros propios hijos,
de quienes lo tomamos tan sólo en usufructo.

Miro el río y el parque y me duele su herida,
y clamo en estos versos cargados de impotencia,
de desolado llanto, desesperanza y sombra
de un ayer, una luz, un mortal paraíso.

Hoy es verano. El Tajo, ni siquiera su espectro.

12 comentarios:

  1. Sin duda. Antonio, lo del agua es un tema delicado y, a juicio de muchos, el más que probable motivo de próximas guerras. Pero lo que resulta completamente insoportable es el estado en que se encuentran muchos de nuestros ríos, sobre todo si se compara con ese no tan lejano pasado que tan claramente evocas en tu poema. Junto a la lucha por la racionalización de las políticas hidrográficas (con su carga de vieja y vidriosa querella en las tierras ibéricas), creo que no estaría de más esforzarnos en seguir tomando conciencia de lo que cada uno podemos hacer, en nuestra vida cotidiana, para poner freno a tanto despilfarro, que acaba inevitablemente en deterioro. Ya lo apuntas tú también en el poema. A la larga (en un utópico pero necesario mundo gobernado por la búsqueda de la armonía y la conciencia de que los paisajes son también parte de nosotros mismos, y acaso no la menos importante), quizás sea la única solución. Al fin y al cabo, vivimos en una península que toma su nombre de un río. Y este Tajo nuestro, aunque malherido, sigue siendo una vena imprescindible de nuestra vida actual.

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  2.      

    De alguna forma habrá que detener la locura que significa matar un río y somos tan destructores que nos atrevemos hasta con los grandes. El Tajo es una víctima más del expolio a la naturaleza.

    Acompaño tu poema con uno mío que hice algún tiempo y al que tengo que hacer algún reajuste, pero que como los dos vivimos al lado del Tajo y sufrimos con su deterioro, me apetece poner mi granito de arena en esta manifestación de protesta y alarma.

         

    VIEJO Y HERIDO TAJO     

    Naciste saltarín y doblegaste,
    hincando de rodillas,
    al acero de rocas milenarias
    que cedieron el paso
    hendidas con tus besos de Don Juan.

    Simas dejaste atrás -Tajo impulsivo-
    hendiduras, que letra a letra
    hilvanaron tu nombre
    desde tu juventud con sangre viva.

    Y así durante lustros,
    enamoraste a gentes con tu brío
    y renació la vida en tus riberas
    para al final fundirte
    en abrazo de muerte con el mar.


    Después, un día cualquiera,
    sentiste una punzada en tu costado
    y fuiste el alimento del Segura
    que agónico y enjuto,
    revivió.

    Gritaste:
    -¡¿Qué enfermedad es ésta,
    qué ataduras,
    qué pesadillas navegan mis torrentes?!

    Pensaste que soñabas aquel día
    en que cejó tu brío
    y domado con látigos de hierros
    tu libertad se expandió cuesta arriba.

    Lloraste,
    como también lloraron tus amantes
    las riberas de gala, las sombras de
    los juncos, los helechos, los barqueros...
    ¡Cuántas lágrimas!

    Travestido de mar -tú que eras Río-
    silente y con pasos encharcados
    comenzó otra andadura.

    Ya casi no recuerdo
    tu figura arrogante entre meandros
    ni la distancia afín de tus orillas.
    Ya casi no recuerdo
    tu olor.

    Pero alegra esa cara, viejo Tajo,
    y luce las gaviotas como broches
    y refleja las nubes en tu anchura
    de acuarela gigante,

    que orgullosa oteo tus perfiles
    y distingo a lo lejos otras manos
    dispuestas a luchar por lo que fuiste,
    por el hoy y el mañana.

    Por ti, Tajo.

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  3. Tienes razón, Alfredo, tema delicado éste del agua, y con difíciles soluciones. Coincido, además, en la necesidad de que cada uno se aplique con la debida concienciación en su uso, evitando despilfarros innecesarios. Pero creo que no sólo eso, sino que, a la vez, necesitamos de políticas que potencien tales ahorros, y eviten crecimientos insostenibles en donde, a la postre, han acabado (acaban y, me temo, acabarán) por beneficiarse los de siempre...

    Subrayo también de tu comentario la importancia del paisaje, como elemento esencial en nuestro propio discurrir...

    De todas formas, lo triste de todo esto, es darse cuenta del tiempo que hemos dejado pasar viendo cómo un río, como el que cantara Garcilaso se deterioraba a pasos agigantados, sin que apenas nadie (ni clase política ni ciudadanos de a pie)haya (hayamos) levantado la voz para denunciarlo e intentar frenar tan palpable agonía.

    Quién sabe, como apunta Luisa, también yo quiero pensar que hay otras manos dispuestas a luchar por lo que fue.

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  4. Luisa, al igual que le digo a Alfredo, coincido plenamente con tus palabras, al tiempo que te agradezco la aportación de tu poema a esta particular antología en defensa del Padre Tajo.

    Aprovecho para informarte de que se está organizando una manifestación en Talavera para el 20 de junio, en defensa del Tajo y del Alberche. Volveré a ella en su momento.

    Un abrazo,

    Antonio

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  5. Con los poemas y los comentarios, creo que todo queda perfectamente explicado y en todo me identifico con lo escrito.

    La posible solución forma parte a su vez del problema: la iniciativa política que se mezcla con los intereses políticos, haciendo para el ciudadano común (que pocas cosas necesita para justificar su pasotismo) dificil separar una cosa de la otra.

    En todo caso, soy optimista por cuanto la Naturaleza que modelamos con nuestras acciones también sabe como responder y hoy día casi todo el mundo es consciente de que el cambio climático es una realidad que hay que tener en cuenta a la hora de legislar.

    No hace ni dos semanas que un grupo de ciudadanos hemos llevado a cabo una manifestación contra el proyecto del Ayuntamiento de Cadiz que pretendía construir un restaurante de dos plantas ocupando toda una Plaza que es una de las más espléndidos vistas y origen de un buen puñado de fotos de mi blog.

    Parece que al menos por una temporada el proyecto no se va a llevar a cabo. A veces se consiguen cosas.

    Ánimo y un abrazo fuerte.

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  6. Manolotel, está claro que muchas veces el ciudadano común, como bien dices, se deja llevar de su comodidad y contempla el deterioro de su entorno como si no fuese con él; a lo sumo, llega a hacer algún comentario crítico mientras toma unas cañas con los amigos. Pero cuando toca movilizarse... ahí ya cuesta un poco más. Ven algunos ríos, las construcciones irracionales en las ciudades y otros tantos asuntos, son buena prueba de lo que se comenta.

    Celebro que, al menos, por Cádiz hayáis podido frenar una de esas irracionalidades. Por aquí, aunque lo del agua está más complicado (el caudal del Tajo a su paso por Talavera no llega por muchos sitios a los cincuenta ctms. de profundidad, donde antes había hasta cerca de tres metros, e incluso más) a ver si hay suerte y podemos, al menos, salvar lo que aún tenemos.

    Una vez más, gracias, y un abrazo.

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  7. Fe de erratas al comentario anterior:

    donde dice: "Ven algunos ríos...", debe decir, obviamente, "Ver algunos ríos..."

    Disculpas por el lapsus

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  8. Hola Antonio, vengo por recomendación de Luisa Arellano, habré de agradecerselo por varias razones; volver a leerte, -te conozco de algún que otro foro- por tu buena poesía y por esa defensa al Tajo, río al que conozco desde su nacimiento a su desembocadura, además, en su paso por Extremadura, cuyos paisajes me conmueven, desde Monfragüe al valle del Jerte, la sierra de Gredos, la Vera y las dehesas cubieras por magníficas esculturas naturales, y por sobre todo ello, el trato con su gente, te decía, me conmueven.

    Así pues, te dejo con sumo placer el poema que le compuse al Tajo, para acompañarte en su defensa.

    LA VIDA EN TUS ORILLAS.

    Te bautizaron Tajo,
    porque en las rocas hiendes
    tus filos de cristal.

    Nacido en Aragón, “La tierra noble”,
    te haces de Castilla en la meseta
    y amante de Aranjuez
    que abrazas con canales.

    Generoso, te excedes en tu entrega
    y otorgas al Segura las aguas de tu cauce
    para apagar la sed de los murcianos.

    Prosigues tu camino
    aclamado entre riscos por Toledo,
    y adornas con meandros Talavera
    para sentirte libre en la campiña,
    en donde abierto en mares
    gozar Extremadura.

    Allí, El Campo Arañuelo y Los Ibores
    te invitan al descanso en Valdecañas.
    Y aún
    le quedan a tus aguas andadura,
    angosturas profundas que intentan encerrarte,
    cascadas tobogán
    rebrincando la espuma deshecha en algodones.

    Tajo, Tajo, mi río y el de todos,
    que sueño en la distancia tus riberas
    y el rojo atardecer sobre las aguas.

    Te coronó Trajano con su puente
    al paso por Alcántara
    donde llegas alzado de Monfragüe.
    Y en Portugal, honores a la vida
    en campos de Alentejo y Santarém.

    ¡Ay… Tajo!
    Navegas con la historia
    de los descubridores
    al mar surcado
    por naves portuguesas
    descubriendo también países de otro mundo.

    No cabe más honor,
    ser vida en dos naciones
    y en cópula de mares unir los continentes.
    ________________________

    Tengo dos óleos del río Ibor, otro del río Jerte y una prosa poética "Pintando el paisaje" que grabé en mi casstte a mi regreso de Badajoz embebido en su belleza.

    Puedes asegurar que mi espíritu estará con vosotros en la concentración que anuncias.

    Mi más cordial saludo, compañero.

    Carlos Serra
    _______________

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  9. Estimado Carlos:

    En primer lugar, ruego disculpes la tardanza de esta respuesta. Acabo de regresar de un breve viaje y no me asomaba al blog desde el pasado domingo, antes de que tú dejases tu comentario. Si no me falla la memoria, debimos leernos hace años, en el foro de Poesia.com ¿no fue así?

    Gracias por tus palabras y tu aportación a esta página en defensa de este Tajo, tan malherido. Hermosísimo y esclarecedor poema, Carlos. Ojalá todas nuestras palabras ayudarán en su definitiva recuperación.

    Gracias por tu poema y por tu apoyo para esa manifestación que se está organizando y que, esperemos, obtenga la respuesta multitudinaria que nuestro río se merece.

    Un cordial saludo,

    Antonio

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  10. Va de fe de erratas: donde dice "Ojalá todas nuestras palabras 'ayudarán' en su definitiva recuperación", debe decir: "... 'ayudaran' (sin la tilde colocada erróneamente en el anterior cometario.)

    Gracias una vez más y nuevas disculpas.

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  11. En efecto, amigo, aunque allí participabas con otro nombre o nick, ya Luisa me lo advirtió. Yo estuve muy poco tiempo antes de cerrarse, no obstante, creo que en algún otro foro también hemos coincidido, aunque poco. De todos modos sé de tu nivel poético y me alegro de reencontrarte y estar en tus letras.

    Mi saludo con afecto, Antonio.

    Carlos Serra

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  12. Carlos, gracias por tus palabras y tus visitas a este cuarto de estar abierto a todos.

    Celebro el reencuentro. Nos leemos.

    Un cordial saludo,

    Antonio

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