Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

sábado, 25 de abril de 2009

No sólo de versos vive el hombre


No sólo de versos vive el hombre. Por eso, hoy, sábado 25 de abril, con la noticia en todos los periódicos (deportivos o no) de la sanción de diez partidos al defensa Pepe, del Real Madrid, consecuencia de su deplorable actuación y agresión a Javier Casquero, jugador del Getafe, en el último partido disputado entre ambos equipos, me voy a permitir hablar del asunto, simplemente, porque me gustaría dejar aquí mi opinión al respecto.

Vaya por delante que, aunque no forofo, sí me gusta el fútbol; y, aunque no hincha, sí soy simpatizante del equipo merengue, pero, sobre todo, me gusta el fútbol y muchos otros deportes cuando lo que se dilucida en un partido es un duelo de ingenios entre dos escuadras, en el que se ponen en marcha técnicas individuales, tácticas colectivas y, sobre todo, un afán de competición “deportivo”, sin arteras artimañas ni juego sucio.

Es cierto que, hace mucho, los intereses en el deporte en general van mucho más allá de los meramente deportivos; que los clubs se juegan muchos millones en cada competición y el hecho de pasar una eliminatoria más o quedar campeón de alguno de los trofeos que se disputan a lo largo de una temporada pueden equilibrar sus arcas, muchas veces maltrechas debido a lo desorbitado de las fichas de ciertos jugadores (por supuesto, me estoy refiriendo, sobre todo, a los equipos “grandes”, entre los que, naturalmente, ocupa un lugar destacado el Real Madrid). Pues bien, estos intereses, ajenos a lo que es en sí mismo el espíritu deportivo, pueden llevar en ocasiones a comportamientos poco edificantes que llegan a desequilibrar un partido y, en consecuencia, significan el pase de una eliminatoria o hacen posibles unos puntos imprescindibles para la obtención de un campeonato: simular penaltis o actuar al filo del reglamento pueden ser parte de tales ardides. En ningún caso debería ser admisible, pero en este mundillo, en general, los propios jugadores, entrenadores, directivos, hinchas… lo ven desde hace ya mucho como algo “natural”, aunque siempre protesten tales acciones cuando es el contrario quien las comete. No es, sin embargo, justificable en ningún caso cualquier agresión que se cometa en el campo, por mucho que se pueda argüir que, en el propio fragor de esas batallas, cualquiera puede llegar a perder los nervios por unos momentos, suficientes como para dar un puñetazo a un contrario o partirle la pierna, si llega el caso, en una entrada malintencionada. Lo de Pepe, el otro día, supera cualquiera de estos supuestos. No sólo hizo un penalti de libro, sino que, con el contrario en el suelo, lo lanzó dos buenas patadas con la mayor de las alevosías; después, ya puesto, soltó una bofetada a otro jugador getafense y mostró en todo momento una actitud chulesca y barriobajera, indigna de alguien que defiende una camiseta como la del Real Madrid, mejor club del siglo XX, según nominación de la FIFA.

Hasta aquí, los hechos. Después, ha venido el arrepentimiento público del jugador, sus disculpas al contrario agredido. Y la sanción ejemplar de diez partidos. Podrían haber sido más, pero es lo que ha decidido un Comité habilitado para imponer la necesaria disciplina. Más o menos, todo normal. Lo que me lleva a esta reflexión son las declaraciones del presidente en funciones del Madrid, el señor Boluda, en la portada de Marca de hoy, en las que afirma que “La sanción es una salvajada”, actitud que —me parece a mí— ayuda muy poco a que la actuación de jugadores y demás actores deportivos discurra por cauces donde la ética profesional y deportividad sean conceptos predominantes. Me hubiera parecido mucho más razonable que, en este caso, el Madrid —pero en todo caso, cualquier otro club que pueda pasar por una situación similar— se hubiera adelantado a la sanción y motu proprio ya hubiese adoptado medidas disciplinarias ejemplares, en lugar de intentar poner paños calientes y justificar lo injustificable. Gestos así son los que hacen que un club grande, como el Real Madrid, vaya empequeñeciéndose y, también, aunque esto no debe tener mayor importancia, el que aficionados como el que suscribe vayan perdiendo interés por este deporte.

2 comentarios:

  1. Vergonzoso e indignante todo, Antonio. Por estas cosas perdí yo mi afición al futbol y a medida que suceden episodios similares a éste, lo voy aborreciendo más y más.

    Un abrazo... madridista.

    ResponderEliminar
  2. Tienes toda la razón, Luisa. Yo, a pesar de estos episodios (por fortuna, y aunque cada vez más comunes, aún aislados), aún mantengo la esperanza, y disfruto de los ratos buenos que también el fútbol nos aporta. Ahora, y aunque duela, esa bandera la enarbola el Barcelona, a quien da gusto ver jugar.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar