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martes, 9 de junio de 2009

He aquí los motivos

Que en estos tiempos estamos a merced del ordenador, pocos lo dudan. Desde hace unas décadas, este invento se ha hecho imprescindible en gran parte de las actividades, tanto privadas como profesionales, y más de una vez estamos en sus manos. Basta que un componente de sus complicadas tripas diga "hasta aquí hemos llegado" para que nuestra labor se venga al traste. Hasta que alguien que sabe vuelve a recomponer ese misterio de conexiones, tarjetas de memoria y discos duros... O se le canta un requiem y, previo paso por caja, a ordenador muerto, ordenador puesto.

Estos días, en los que no he podido asomarme a esta ventana, he recordado más de una vez el chiste de ese carpintero chapuzas que monta un vasar en una casa y, nada más salir de ella, la estructura se cae cuando la señora acababa de colocar un solo bote. La mujer, muy enfadada, se asoma a la calle y comienza a lanzarle improperios, diciéndole que cómo le ha montado el vasar, que nada más poner un bote se ha caído, que es un sinvergüenza, y etcétera etcétera... El hombre, sin perder la compostura, le pregunta por lo que contenía y ella contesta que "pimentón". Entonces, él, cargado de razón, responde: "¡Uy, pimentón! ¡Lo peor que hay pa' los vasares!" Y digo que me he acordado porque, siguiendo el mismo razonamiento del carpintero, yo podría decir que Joaquín Sabina es lo peor que hay para los ordenadores, ya que, escuchando una de sus canciones, mi equipo comenzó a hacer un ruido insoportable, apareció una pantalla azul de alerta y dejó de funcionar, sin que, a pesar de hacerle la respiración boca a boca, chutarle unos cuantos litros de suero de litio y darle fuertes friegas y masajes en la placa base, haya logrado reanimarlo. Y todo, sin síntomas previos que hicieran prever un final como éste. Total: que he tenido que esperar unos cuantos días hasta que he recibido mi nuevo ordenata, y un par de días más hasta que éste ha quedado debidamente dispuesto y preparado para entrar en combate.

Y estos son los motivos por los que, todos estos días, he guardado silencio y dejado sin contestar los comentarios recibidos, cosa que haré a la mayor brevedad, al mismo tiempo que me pongo al día de vuestras aportaciones.

2 comentarios:

  1. Sacudido por el síndrome del tecleante insomne, el ordenador alzó bandera y se deshizo. Lo que no tienes es corazón. Ceja en el esfuerzo o acorta la palinodia. El chip no es eterno. Sólo la caspa lo es.

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  2. Sacudido por el síndrome del tecleante insomne,
    el ordenador alzó bandera y se deshizo.
    Lo que no tiene es corazón.
    Ceja en el esfuerzo o acorta la palinodia.
    El Chip no es eterno.
    Solo
    la caspa lo es.

    (Todo un poema, sí señor. ¡Y con cuánta razón!, añado.)

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