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jueves, 17 de septiembre de 2009

A tientas


[Óleo de Romeral]




A tientas por el mundo buscaba la Poesía.
La buscaba en arcanos y en ocultas regiones,
allí donde mis sueños tocaban las estrellas
y el silencio brillaba con luminosa voz.
Descubrí la Palabra, me enredé en sus celajes,
ensayé golondrinas brotando de mis dedos,
ajusté en mis cuadernos las huellas del camino,
y en mi pulso sostuve el tiempo y sus celadas.
Y escribí muchos versos —alguno hasta con sangre—
indagando en los signos más exactos del verbo,
pero lo que surgía como una voz en vuelo
terminaba cayendo desecho entre mis manos.

¿Dónde estaba esa fuerza que todo lo ilumina:
luz indecible, labio inalcanzable
que ofrece la dulzura de su beso infinito
y acaba en llama, en manantial, en alba?
Es cierto que intuía alguna vez su estela.
O que en la transparencia de sus aguas más puras
me adentré en ocasiones de mano de poetas
que, al tiempo que sus versos, trazaban mi derrota.

Acepté la certeza
de que al fin la Poesía la regalan los dioses,
y que por más que alzase en mis manos el verbo,
jamás tendría en su arcilla materia iluminada.

Fue por aquel entonces cuando surgiste: plena,
sencilla, inaugural, cotidiana y hermosa;
inmensa luz dictando tu fuerza sobre el día,
apartando penumbras, pastoreando el tiempo.
Sin duda fue un milagro acceder a tus signos,
compartir desde entonces la llama de tus ojos,
la música que brota desde el brocal del beso,
la noria de los meses, el límite y el canto.
Ahora escribo mis versos al tiempo que respiro,
y al brotar los contemplo sencillos y desnudos,
sin vacuos oropeles ni voluntad de altura,
y, sin embargo, crecen como crece la rosa.

No sé si la Poesía la regalan los dioses
o son fugaces signos que surgen a diario
y que a veces responden con un fulgor eterno
a una interrogación, a una inquietud, a un labio.
Sé que, de vez en cuando,
cuando menos lo espero, tiran de mí, me arrastran
con su libre albedrío a un espacio de nieve,
y allí, por un instante, me asomo al infinito
desde el que te contemplo.

Y el mundo —tan confuso— se transforma.

8 comentarios:

  1. … y sin embargo crecen como crece la rosa…

    Cómo me gusta, Antonio. No es necesaria parafernalia de ningún tipo para que la poesía se diluya y pulverizada impregne todo a su alrededor. Para que su magia nos atrape de vez en cuando y nos permita mirar por ese filtro tornasol de lo diferente. No hacen falta alfombras ni oropeles para ser poeta. Eso se lleva dentro, lo otro, el reconocimiento de editores-negociantes-marketineros es otra cosa que no tiene que ver nada con la poesía ni con los verdaderos poetas.

    Tú lo eres. Sin ningún tipo de dudas.

    Un lujo, maeztro.

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  2. Luisa, se agradece el comentario y ese reconocimiento de mi voz como la de un poeta. Aunque yo creo que "poeta" no se es en todo momento, sino que en ocasiones estamos más perceptivos ante cuanto nos rodea y somos capaces de plasmarlo en la palabra... otras, por el contrario, éstas parece que se niegan empecinadamente. El poema tiene sus ocho o nueve años (en los últimos tiempos soy incapaz de escribir ningún poema que me parezca aceptable) y, como se ve, venía a ser una "poética" expresada en un determinado momento y bajo unas circunstancias muy concretas. Eso sí, hoy podría suscribirla punto por punto; de ahí que me haya atrevido a subirla a este blog, tan apagado en los últimos meses.

    Gracias por estar siempre ahí. Ah, y de "maeztro", na de na... ezo Djembé. (cara con guiño cómplice).

    Un abrazo,

    Antonio

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  3. Anda atrasada en lecturas y comentarios, ya lo ves, pero me paetece decirte que eso nos pasa a todos. Yo no creo que nadie esté siempre receptivo y sea capaz de transformar sus sensaciones en versos. Bueno, quizá los profesionales, pero si es así debe ser justamente por eso. Los que tenemos que luchar con otros temas en el día a día, tenemos que cruzar más puertas para conseguir que la mano lleve al papel lo que le dicta el corazón.

    Tampoco me complace lo que hago ahora y también tiro de archivo para el blog. Algún arreglo y algún que otro medio experimento se dejan pillar, pero poquito, esa es la verdad.

    Ya vendrán tiempos de calma... lo seguro es que los estaremos esperando.

    Besos.

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  4. Tienes razón, Luisa: aquí estaremos esperándolos [los tiempos de calma], aunque a veces dudo... es que, últimamente, me ha dado por la novela (así, sin que se entere nadie)

    Un abrazo,

    Antonio

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  5. ¡Ah, pillín, ya decia yo! :) pues que sepas (sin que se entere nadie tampoco) que yo estoy haciendo un curso de relato y poesía con la Universidad Popular, on-line que consta de tres años y éste es el segundo, para intentar aprender a escribir prosa. El profesor de este curso es Antonio Jiménez Morato, no hemos hecho nada más que empezar, pero no veas la caña que nos da con la lectura y lo duro que es con la escritura... de ésta o aprendo o.... muero en el intento jajajaja.

    ¿Sabes qué me pasa? pues que acostumbrada a resumir las ideas para los poemas, me cuesta muchísimo expandirme en los relatos y formo cada relío que dios tirita jejeje

    Todo lo que sea darle a la pluma, está genial.

    Besos

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  6. Luisa, en respuesta a este asunto, te he remitido un e-mail.

    Como siempre, gracias por tus palabras.

    Un abrazo,

    Antonio

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  7. Excelente manejo de los alejandrinos y del sentimiento poético.

    El poema cuando llega, llega, y cuando no estará por ahí perdido vaya usted a saber en qué limbo.

    Saludos de nuevo.

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  8. De nuevo, gracias.

    De nuevo, saludos.

    Antonio

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