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viernes, 30 de enero de 2009

Greda de mi verso

De aquel primer poema intrascendente
que la intuición dictó sobre la norma;
de aquellos cinco versos que sin horma
desnudé en mi diario adolescente;

de aquel primer intento inexplicable
que me enfrentó al espejo de la nada;
y de aquella pasión incontrolada
que hizo del mundo un sitio más amable;

de aquel primer sendero que aquel día
comencé a caminar, solo y a tientas;
y de aquellas batallas incruentas
con el silencio y con la melodía;

de todo aquello —greda de mi verso—
construyo lo que callo y su reverso.

jueves, 29 de enero de 2009

De lo cara que está hoy la esperanza




















(fotografía de Gervasio Sánchez: Premio Ortega y Gasset)




Los días van poniendo más cara la esperanza.
Su valor se dispara en todos los mercados
y se hace más difícil llevarla hasta la mesa,
junto a un plato caliente de sopa, si hace frío.

Aunque cada mañana me voy hasta la plaza
con la sana intención de hacerme con su sueño,
el tráfico, las prisas, la realidad ardiente,
la van volviendo oscura y poco masticable.

Sin embargo, lo intento con tesón cada día,
pues sé que si nos falta de la dieta diaria
la noche habrá alcanzado los últimos rincones.

Y quiero que mis hijas, y los hijos de éstas,
conozcan su sabor sin falsos aditivos.
Cuando nadie me ve, la siso de mi infancia.

miércoles, 28 de enero de 2009

Sobre conciencia cívica

No es la Poesía la que me mueve a escribir estas líneas, sino la falta de respeto al prójimo, el desprecio por los valores cívicos y la indiferencia de muchos ante el cuidado de los espacios públicos. Lo que me mueve a escribir estas líneas, como digo, es mi necesidad de denunciar todo esto, aunque soy consciente de que este ámbito en donde alzo mi voz no será el adecuado para que ésta llegue a los últimos y verdaderos destinatarios de mis palabras. Tampoco tengo muchas esperanzas en que, llegado el caso, estas líneas acabaran por mover al sentido cívico de tales individuos. Aun a pesar de ello, no me resigno a no dejar siquiera constancia de lo que a continuación expongo.


Viene esto a cuento del percance que sufrí hace unos días, cuando regresaba a mi casa después de la caminata que, por prescripción médica, debo realizar diariamente. Volvía, como digo, andando a buen paso y deseando meterme en la ducha tras más de una hora de camino, cuando, ya cerca de mi domicilio, mientras hacía el mismo recorrido, paso más paso menos, que realizo cada jornada, al ir a tomar la acera después de cruzar un paso de peatones, me distraje por un momento observando la obra que unos operarios llevaban a cabo en una fachada cercana. Y así, confiado, por una ruta hollada en multitud de ocasiones en los tres últimos años, no vi el obstáculo que jamás antes había estado allí y que, a la postre, me ha movido a estas líneas: una señal de tráfico —hasta entonces bien puesta: erguida y ubicada, avisando que el espacio que controla está destinado a minusválidos— cuyo soporte, doblado en su base por una banda de vándalos, había quedado tirada a ras del suelo, entre la acera y la calzada, sin arrancar del todo: el elemento perfecto para que cualquier peatón distraído —como fue mi caso— tropezase con él, abocado irreparablemente a la caída; más, caminando rápido, como yo iba. Sentí mi pie enganchado en aquel soporte que me zancadilleaba y cómo perdía el equilibrio hasta caer sobre la acera, golpeándome fuertemente en una rodilla y desollándome ambas manos. Todavía tuve que agradecer que no hubiese un coche allí aparcado, porque, de haber sido así, igual me habría empotrado contra sus ventanillas.


Coincidió que un peatón que pasaba en ese momento me ayudó a levantarme, lo que pude hacer con cierto dolor, pero sin fractura alguna; y, lo primero que me aconsejó, fue que denunciase al Ayuntamiento; que no se podía tener una señal así, como estaba aquélla, siendo una causa potencial de accidentes en un espacio público, como es la calle. Sé a ciencia cierta que hay gente que se querella contra nuestros consistorios por cosas similares: porque se ha torcido un tobillo, debido a algún deterioro en la acera; por haber metido la rueda del coche en el cuadro en el que hay plantado un árbol, mientras daba marcha atrás; y por no sé cuántas cosas más, entre las que podría incluirse también por haberse accidentado al tropezar con una señal de tráfico a ras del suelo. No juzgo sobre si tales hechos deben ser imputables, o no, a la concejalía correspondiente, o sólo consecuencia de la mala fortuna en un mal momento. Pero sí me pregunto: si bien, no digo que en algunos casos, nuestras autoridades sean responsables de ciertos deterioros que puedan dar lugar a accidentes e incidentes, ¿lo son también del salvajismo que, como uno de los infalibles métodos de diversión, hoy se gastan algunas personas? Porque, eso de las señalas dobladas, lo vengo viendo en mi ciudad desde hace mucho tiempo; sobre todo, si el paseo es después de un día festivo o de fin de semana, donde algunas pandillas han debido de hacer la correspondiente ronda nocturna doblando señales, quemando contenedores o destrozando papeleras. ¿Qué habría que hacer? ¿Poner un guardia detrás de cada uno de estos energúmenos?


Nunca he entendido qué satisfacción puede encontrar alguien en destrozar alguno de estos elementos. Y tampoco pienso que el hecho de poner más vigilancia venga a solucionar, en esencia, la raíz del problema. Si cada ciudadano no comprende que lo que hay en la calle es tan sagrado como el último elemento de su casa, y que el cuidarlo entre todos será la garantía de una ciudad mejor y un espacio más habitable del que, a la larga, todos saldremos beneficiados, dará igual lo mucho que se gasten los ayuntamientos en campañas de civismo o en reponer papeleras, contenedores, señales, ornamentos…; todos estos elementos siempre estarán expuestos a nuevas barbaries que, a la postre, irán dirigidas contra los demás ciudadanos, víctimas cuando menos lo esperemos de incidentes como el que hoy da origen a mi rabia.

martes, 27 de enero de 2009

J.L.R. (In memoriam)

J.L.R. era mi amigo. Hoy, hubiese cumplido 49 años.

El día 20 de octubre del pasado año, fallecía tras una larga y dolorosa enfermedad. En los últimos meses fue soltando amarras con la vida, dejando de llamar a sus amigos, y no atendiendo las llamadas que le hacíamos. Tras volver de su entierro, escribí estos versos que hoy dejo aquí, como particular homenaje.

Un manto de silencio y un sol ciego
acompañan ahora tu descanso
lejos del mundo y su desasosiego.

Y te ofrecen reposo en un remanso
de soledad callada e infinita:
casa donde el dolor se vuelve manso;

donde el oscuro rostro que se agita
desde el sueño de ayer, se vuelve sombra;
donde hasta el propio olvido se marchita.

Mi memoria te busca y desescombra
por el camino un tiempo tan lejano,
que ni parece tiempo si se nombra;

que hasta parece nada: tan liviano,
que no tiene ni peso ni medida,
pero que, ángel fieramente humano,

regresa con la savia de tu vida,
con tu presencia, mientras reconstruyo
tu dolor, tu amistad, tu despedida…

Mas no quiero llorar: del llanto huyo;
me aparto, como tú te distanciaras
de tus amigos y cuanto fue tuyo.

Probablemente, porque vislumbraras
el vano laberinto de hospitales
que estaba por venir, y no dudaras

en cortar las amarras amicales,
si con ello limabas la tristeza
de tus amigos incondicionales.

Otra cosa, no cabe en mi cabeza;
no entiendo la razón de tu distancia
si no es por tu valor y tu nobleza;

si no es porque, restándole importancia,
te ofreciste a la muerte sin engaño,
sin regateos y sin arrogancia.

Ahora que ya no estás, resulta extraño
pensar en la extensión de ese vacío
que irás acrecentando cada año,

hasta que al fin se una con el mío,
con el de todos los que te queremos;
con quienes, al brutal escalofrío

de tu temprana muerte, respondemos
con el vivo calor de tu presencia
sin cipreses ni negros crisantemos.

El recuerdo, será la pertenencia
única que tengamos de tu brisa.
En él, la llama pura de tu esencia;

en él, la transparencia de tu risa;
en él, tus sueños, tu pasión, tu duda;
y una sombra de vértigo imprecisa.

Amigo, he de callar antes que acuda
el llanto del que huyo, y que respiro.
Tú quedas con tu paz en la desnuda

y solitaria luz de tu retiro;
quedas con tu silencio y con tu historia;
quedas, eternidad hecha suspiro.

Y yo llevo en el llanto tu memoria.

lunes, 26 de enero de 2009

Esto fue un río
















Desciende imperceptiblemente sobre su piel sonora: malherido reptil de cuerpo, antaño, transparente. Desciende desde su ayer glorioso, resonante, feraz; huérfanas sus orillas de carpas y libélulas.

Mira un niño su marcha cegado por la puesta de sol que espejea en las aguas —ayer savia translúcida— que hoy sangran en la tarde, en tanto las graveras taladran sus entrañas, desgarran sus arterias, ignoran sus heridas.

Se murieron las nutrias del río malherido; lo dejaron también los últimos castores, y todo es lentamente proclamación de sombra, edicto de vacío, dominios de la muerte.

Lleva el río en sus pliegues memoria de otros días: de cuerpos vigorosos que buscaban su tacto, y de húmedas caricias que intercambiaba, libre, dueño aún de sí mismo, señor de su destino.

Sin embargo, aquel tiempo dejó de ser el mismo; perdió su transparencia y, tras ella, su canto; su música interior, rumor de aves y peces; su voluntad más viva, saltando entre las piedras.

Cuando del río quede sólo un cauce empedrado, o apenas un hilillo de lágrimas sin norte, habrá llegado el día de quienes, impasibles, hoy se erigen en jueces y en trágicos verdugos.

jueves, 22 de enero de 2009

Más sobre Gaza

Acabo de recibir un correo que calificaría de espeluznante. Se trata de un amplísimo reportaje fotográfico, del que aquí sólo dejo una breve muestra, en el que, a la izquierda, se recogen imágenes correspondientes a actuaciones del ejército nazi contra los judíos; y, a la derecha, la intervención del ejército israelí en su reciente ofensiva a Gaza. Una vez más, la historia se repite, Sólo que, en este caso, los que ayer eran víctimas se han convertido en verdugos, olvidando lo que antes sufrieran sus antepasados; haciendo caso omiso al dolor del otro (lo mismo que ese "otro", digámoslo, que también obvia el dolor ajeno y lleva al extremo su radicalismo). Al final, como en todas las guerras desde que el mundo es mundo, el dolor para las víctimas inocentes que, como cada cual, en Gaza y en el último rincón del universo, a lo único que aspiran es a vivir en paz.

¿Algún día será posible?




"Premio DARDO"


Como quien dice, recién aterrizado a este espacio del blog, llega Luisa Arellano, lejana (que no vieja) amiga de la Red, y tiene a bien hacer una mención del susodicho premio a este rinconcito que no está sino comenzando a ser amueblado, y al que no sólo le falta una buena mano de pintura, también algún que otro ornamento que lo haga más acogedor y una mesa camilla (con su braserito de picón, como los de mi infancia) a la que se acerquen los amigos con los que compartir palabras y un café.

Estoy seguro, por tanto, de que este gesto hacia "Verbo y penumbra" es otra muestra más de su generosidad hacia mi persona y nada tiene que ver con los valores que el propio blog pueda haber mostrado (o demostrado) en los pocos días que lleva en marcha. Con esa idea -la aceptación de su amistad y mostrándole mi sincero agradecimiento; también con profunda humildad-, aquí lo muestro. Y, como suelen decir todos los premiados en los distintos ámbitos, espero que esta mención sea un acicate más que me estimule a mejorar esta página y me sirva para estrechar lazos con tan interesante comunidad.

Por último, dado, como digo, el poco tiempo que llevo visitando espacios, quisiera rogar a todos que me disculparan al no mencionar, por mi parte, ningún otro blog, como al parecer es costumbre entre los nominados. En el futuro, conforme nos vayamos conociendo, seguro que podré corresponder debidamente a este inmerecido (y muy agradecido) nombramiento.

Un cordial saludo a todos.

Sucesión de la luz

Sucesión de la luz: esto es el tiempo.
Hoy, mar encadenado a su reflejo
que se extiende y reitera en puro azul.

Escucho
el golpe acompasado de las olas,
la leve efervescencia repetida
en un eco que se reinventa y sigue
incansable, tenaz, siempre certero.

¿Esto es el tiempo?
¿O acaso
más allá de la luz y el azul,
del golpe de las olas y su eco,
el tiempo está en mi forma de mirar,
en mis cinco sentidos que comulgan
en este mismo instante
con este mar, con esta transparencia?

Miro
la extensión de la luz: agua sin límite
que trasciende mi propia percepción;
agua que es cauce, camino, voz y vida,
y que de pronto, en mi mirada, cabe,
completa, en su total infinitud.


Siento
la levedad intensa del salitre
en mis labios, el beso de la brisa
en mi rostro. Y aspiro
hasta llenar de aire mis pulmones,
hasta fundir en mar todo mi cuerpo;
en mar que es tiempo contenido y libre,
caballo desbocado en blanca espuma,
tiempo, que al tiempo de romper, recoge
mi pensamiento y mi razón:
mi asombro.

martes, 20 de enero de 2009

¿RECONSTRUCCIÓN DEL MAR?

Mientras observo, el tiempo se diluye
igual que el mar en su constelación.
El tiempo pasa y pasa la canción
del mar, que en mi mirar se reconstruye.

Observo. ¿Pero, vivo? ¿Sustituye
a la experiencia tanta observación?
El mar y el tiempo suman emoción
que al mismo tiempo por mis venas fluye.

Así que observo, miro, me alimento
de esta quietud que es tiempo, mar y vida;
que es fulgor, infinito y libertad.

Después lo ordeno y lo fundamento,
lo hago palabra: forma que, reunida,
refleja, siendo fiel, otra verdad.

lunes, 19 de enero de 2009

¿Nos queda la esperanza?

No sé cómo calificar a las declaraciones del Sr. Olmert, Primer Ministro de Israel, “lamentando profundamente” la matanza de civiles palestinos. Estas manifestaciones resultarían cómicas, de no ser el asunto, como es, tan trágico, absurdo y doloroso. Y me pregunto: ¿aparte de una más que previsible rentabilidad electoral, qué se ha conseguido con esta irracional ofensiva? ¿Acaso, el Sr. Olmert, cree que después de la masacre producida, la paz está más cerca? ¿Que los muertos, el dolor, y, en consecuencia, el incremento de la miseria, infligidos en estos días por el ejército Israelí, van a tener efectos positivos para el fin del conflicto?

Por desgracia, el radicalismo existente en ambos lados de las partes implicadas, continuará más vivo que nunca, y la espiral de violencia hoy, mañana, pasado… sumando víctimas inocentes. Mientras tanto, las voces —que también las hay— que a un lado y a otro claman por una solución pacífica, continuarán predicando en el desierto; la comunidad internacional, haciendo con que hace; y los señores de la guerra, enriqueciéndose día a día.

A colación de todo esto, me viene a la cabeza una viñeta de “El Roto”, titulada A.C., en la cual se ve a una vieja, en medio de un paisaje vacío, con unas montañas oscuras al fondo, reflexionando: “¡Que el mundo esté como está en pleno siglo veintiuno antes de Cristo!”

Y es que, quizá y por desgracia, esto del hombre no tenga remedio, por mucho que algunos ilusos aún mantengamos, a pesar de todo, la esperanza.

domingo, 18 de enero de 2009

Cumpleaños

Un año más, pues lo propicia el día,
me asomo al espejismo del espejo.
Y a pesar de no ver en él a un viejo,
veo más canas de las que querría.

Pero que el tiempo, en su poligrafía
refleje muchos años mi reflejo.
Y entre lo que corrijo y lo que dejo,
sume la vida años y alegría.

Que el tiempo continúe su camino
—mi mente, clara; mi pasión intacta—,
y que, firmes, mis huellas lo acompañen.

Un año más, me apunto a ese destino,
y así doy testimonio en esta acta.
A poder ser, sin sombras que lo empañen.

miércoles, 14 de enero de 2009

Los que vienen de fuera

Desde el país de la desolación y la desesperanza, sueñan con una tierra de provisión. Una tierra en la que desertar de la pobreza y en donde el sol de cada día suponga nuevos signos. Por eso se disponen al viaje, aun sabiendo del riesgo que supone una partida clandestina contra lo ya dispuesto y legislado. Y por eso, se arriesgan y se embarcan en cáscaras de nuez, en condiciones límite que no siempre —por lógica y desgracia— consiguen superar.
Dejan atrás esposas, padres, hijos… amigos que también aguardan su momento. Y entregan sus ahorros —sus únicos ahorros— a los que, sin escrúpulos, les vienen a mentir una vida más clara. Después, abandonados a su suerte, en las manos del mar, a la deriva, acaban arribando en una playa oscura, desnutridos o enfermos, clandestinos. Otras, el propio océano se ocupa de cerrar su camino y, al cabo de los días, los devuelve sin rostro y sin mañana.
Los que alcanzan la orilla prometida, tampoco serán libres. Habrán de ver el rostro de otros hombres que mirarán sus rostros con recelo, y serán siempre —o casi siempre— los que vienen de fuera; los desterrados de sí mismos, que acaso en los rincones del invierno recuerden con nostalgia desolada la tierra de sus padres.

martes, 13 de enero de 2009

De libros y lecturas

Vine a vosotros muchas veces desde
que descubrí, al filo de mi infancia,
que el mundo entero estaba en esos hilos
de tinta que conforman las palabras.
Con vosotros crucé míticos mares
en los que mil peligros acechaban;
supe de dioses, héroes y titanes,
de brujas, de griales y de hadas.
Anduve en los desiertos y en los polos,
conocí bucaneros y piratas,
caballeros andantes, dulcineas,
islas perdidas en perdidos mapas.
Y cuando fui asomándome a ese espacio
donde la vida, en serio, me aguardaba,
siempre encontré consuelo a vuestro lado,
un consejo, un camino, una palabra…

Vengo a vosotros muchas veces. Siempre,
me encuentro a buen cobijo en vuestra casa. 


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He vuelto a escribir cartas nuevamente

He vuelto a escribir cartas, nuevamente,
que ahora entregan palomas internautas.
Abro mis manos, que es como ir de vuelo
acercando mi voz a la distancia,
y hago inventario de mis voluntades,
recapitulo sueños y esperanzas,
y deposito así, sobre la nieve
que me ofrece el cristal de la pantalla,
una parte de mí, lo cotidiano,
atado a las palabras.
Mis dedos, al volar sobre el teclado,
van dejando retazos de mi alma
y al hacerlo me acerco a los amigos,
les cuento lo que pasa,
y me intereso, al tiempo, por sus cosas:
por los versos que escriben, por las brasas
con que alimentan de calor sus vidas;
por lo que les conmueve y los exalta,
por su felicidad…
Escribo cartas
después de mucho tiempo de pereza,
de puntos suspensivos, de campanas
que fui enmudeciendo con silencio
porque un buzón estaba
o lejos o a destiempo, y sucedía
que nunca franqueaba
ni abrazos amicales ni inquietudes
por lo que en la distancia se fraguaba.
Hoy escribo de nuevo a los amigos.
Los amigos me escriben: se acompañan
sus vidas y mi vida en la corriente
cercana y afectiva de las cartas,
y cuando abro el buzón de mi escritorio
revivo una impaciencia ya olvidada.
He vuelto a escribir cartas, nuevamente,
que ahora entregan palomas internautas.