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viernes, 29 de mayo de 2009

A veces, las cosas son extrañas


Me hablas de tu infancia y las palabras
acercan agua y saben a romero

de repente convocas el campo a pleno día
a un rebaño de ovejas
a un pastor trashumante.

Aún tienes en tu boca el sabor de la fruta recién cortada
olor a pasto fresco tu cuerpo transparente

y los gatos se ocultan por tus ojos

y unas mujeres lavan a la orilla del río
cuando pronuncias la palabra "madre".

Me hablas de tu infancia y al hacerlo
me recuerdas al Mowgli de Kipling en la selva
y aunque sin tigres al acecho siempre
al borde del peligro y libre
como nunca lo has sido —me aseguras.

Me hablas de tu infancia y por tu boca
se acerca el horizonte trayendo al arco iris
la nieve y el verano
la amapola silvestre
el mundo inmaculado y el aire sin celadas...

(No me explico tu alergia al polen del olivo.)

martes, 26 de mayo de 2009

Por desgracia, más necrológicas

Aún con el sobresalto que nos han producido las muertes de Benedetti y de Ullán, un buen amigo me remite el siguiente enlace, OSEAS, en el que se da cuenta del fallecimiento de un poeta no tan conocido como los dos anteriores, pero, para algunos de los internautas habituales de foros y blogs, mucho más cercano, ya que compartió con nosotros buenos y gratos momentos literarios a través de la Red; sobre todo, en el foro tantas veces recordado de Poesía.com.

De aquella época, rascando en el disco duro del ordenador, he encontrado este divertido cocineto suyo:

ATASCABURRAS ( Mejorando lo presente )

Patatas lavadas, pero sin pelar,
se cuecen, se pelan y sobre un mortero
se van machacando con arte y salero
a las que unas tiras, tendreis que adjuntar,
de bacalao fino a medio desalar,
dos yemas de huevo, pimenton guerrero
y muy poco a poco, del aceitunero,
el liquido ambar que lo hará ligar.

Ajos machacados y muñeca fuerte,
que maje con pausa todo el ingrediente,
hasta hacerse un bolo, como de rodar.
Y sobre bandeja, con algo de suerte,
se quedara quieto. Luego hincarle el diente
y un laxante bueno para terminar.


Tras esta sucesión de nefastos aconteceres, deberíamos proponer al mes de Mayo como Mes non grato para la Poesía.

Rafael Valero, Oseas: descanse en paz

lunes, 25 de mayo de 2009

José Miguel Ullán (otra voz suspendida...)

Aún lloramos la marcha de Mario Benedetti cuando otra voz (esta vez más hermética, pero voz profunda, personal y sincera) también queda en suspenso (no digo que callada porque su palabra sigue viva para cuantos se acerquen a ella). Es como si esto de la crisis quisiera también alcanzar a la Poesía.

Cuando un poeta nos deja (lo diré siempre) no hay mejor homenaje que continuar leyendo su obra, ahondando en ella... Así sabremos que todavía nos acompaña y que su presencia puede aún emocionarnos, reconfortarnos, inquietarnos...; puede hacer que, en definitiva, nos sintamos más vivos.

(PARA ACERCARSE MÁS AL POETA JOSÉ MIGUEL ULLÁN, RECOMIENDO UNA VISITA A "LA POSADA DEL SOL DE MEDIANOCHE" Frases para Ullán). Sin duda, una aportación interesante y cargada de sustancia.

sábado, 23 de mayo de 2009

¿Qué es poesía?

La pregunta, que ya se hacía en el s/ XIX Gustavo Adolfo Bécquer, continúa vigente en el alma de muchos poetas (o aspirantes a ello), sin que, por regla general, las respuestas dadas por unos y por otros sean unánimes. Y no es que éstas se diferencien en pequeños matices sino que, por lo común, suelen ser bien diferentes y hasta antagónicas.
Traigo esto a colación a raíz de las declaraciones de Antonio Gamoneda respecto a la poesía del recientemente fallecido, Mario Benedetti. Si sus palabras han sido fielmente recogidas por los medios de comunicación, lo que ha dicho Gamoneda es lo siguiente: "Era un ser admirable pero él utilizaba un lenguaje normalizado, el lenguaje de la comunicación coloquial que, aunque lo respeto muchísimo, no lo comparto.” Para continuar: "La palabra [meramente informativo?]* se puede encontrar en las columnas de periódicos, en televisión y hasta en los púlpitos, pero la poesía para mi es otra cosa, no es un pensamiento reflexivo ni discursivo."
Tales declaraciones han dado origen a una de esas batallas dialécticas que, de cuando en cuando, suelen darse en los cenáculos literarios entre partidarios de unos y defensores de otros. (¡Y yo que, en mi inmensa ingenuidad, pensé que estas cosas habían quedado olvidadas tras Lope, Góngora y Quevedo...!)
No entro a juzgar si las palabras de Gamoneda son o no oportunas; y, menos, si son o no atinadas y cargadas de razón. Creo, sin embargo, que la poesía puede estar en ese lenguaje normalizado, coloquial, discursivo, o en el hecho de dar forma a un pensamiento reflexivo. Y, que esto no es óbice para que, al mismo tiempo, pueda ser también consecuencia de una tensión máxima del lenguaje; y el resultado de una búsqueda ambigua del poeta, cuyo hallazgo sólo podrá venir dado por la capacidad de respuesta del poema mismo. Gamoneda viene a decir —dice– que respeta, pero no comparte, ese primer concepto de poesía. Y, al expresarlo, podría dar la impresión de que pone esa concepción de la poesía —digamos, intelectual— en un lugar por debajo de otro más excelso, o acaso místico, o espiritual (tal vez podrían añadirse otros calificativos más precisos y que escapan a la torpeza de mi pluma).
Me pregunto por qué no pueden estar ambos conceptos poéticos en un mismo plano, sin que uno —cualquiera de ellos— haya de estar obligatoriamente por encima —o debajo— del otro. Si a fin de cuentas el poema necesita de la participación del lector y éste encuentra respuestas en el espejo del poema en el que puede verse reflejado, ¿a qué, me pregunto, tanto guirigay y dogmatismo?
Yo, después de unos cuantos años intentando escribir poesía, sigo sin saber muy bien cómo definirla en realidad. Como tampoco sé con exactitud por qué comencé a escribir ni por qué sigo escribiendo. Pero una cosa tengo clara: como lector, participo de un concepto y de otro de poesía y disfruto de igual manera con la obra de Gamoneda o Valente, pongo por caso, y con las de Benedetti o Angel González, por ejemplo, sin pararme a pensar cuál de esas formas de expresión y búsqueda de la belleza es más auténtica, ya que, en ambos casos, considero que el poeta ha buscado la verdad en sus palabras. Y, a fin de cuentas, la verdad no es única.





* El "encorchetado" e interrogante son míos

martes, 19 de mayo de 2009

El pulso del poeta

Madura la palabra en el silencio
midiendo la tensión más adecuada,
lo mismo que la flecha en el reposo
de la cuerda del arco,
mientras alguien, mentalmente, calcula
elipses y distancias.

Como la flecha,
la palabra que sale del silencio,
a veces da en el blanco, a veces yerra.

Como el arquero,
así también el pulso del poeta.

domingo, 17 de mayo de 2009

Adiós a Mario Benedetti

La prensa venía dando cuenta, aun de pasada, del crítico estado de salud del poeta, y hace unos momentos, cuando me disponía a echar un vistazo al blog y ver las últimas noticias del día, me encuentro con un flash de urgencia, de las 23,03 h. en el diario El País, en el que se informa escuetamente: "Muere Mario Benedetti a los 88 años en Montevideo".


Hace sólo unos días, en "El cuaderno de Saramago", el premio nobel le dedicaba el siguiente artículo http://cuaderno.josesaramago.org/2009/05/04/benedetti/, en el que proponía la lectura de los poemas de Benedetti como un escudo que lo protegiese frente a la muerte. Por desgracia, cuando ésta llega, no hay conjuros posibles contra ella. Hoy, Benedetti, nos dice adiós. El mejor homenaje que podemos hacerle, por supuesto, es continuar leyendo su poesía.

Aquí, en la voz de Nacha Guevara, gran colaboradora suya en la difusión de algunos de sus más conocidos poemas, dejo uno de ellos.


Descanse en paz.


(NOTA: EN LA ANTERIOR ENTRADA YA ELIMINADA, POR ERROR, ADJUNTABA UNA ACTUACIÓN DE NACHA GUEVARA, PERO EL POEMA QUE CANTA NO ES DEL POETA AHORA LLORADO.)

jueves, 14 de mayo de 2009

La guitarra

Cuando estoy triste y siento que en mis manos
se me acumula la melancolía
vuelvo los ojos hacia la guitarra
que en un rincón, como aquel arpa, espera.
Ajusto la tensión desordenada
que en sus cuerdas depositó el olvido,
y ya afinada, tras un par de acordes,
comienzo una canción.

¡Cuántas veces,
su corazón oscuro de madera,
conjuró la tristeza! ¡Cuántas otras
confirmó la alegría! ¡Cuántas noches,
lejanas de verano,
ebrios de plenilunio, los amigos,
corearon canciones de esperanza.
Por entonces,
mi guitarra sabía de los amores rotos,
y, como la de Juan Pardo,
también lloró conmigo.
Alguna vez, en cambio,
la sátira y la burla vibraron en su vientre,
sumándose en mi boca a una sola sonrisa.

Después el tiempo puso
su reguero de arena entre nosotros,
y cuando volví a ella, ya no me conocía.
Ni mis dedos supieron acariciar sus cuerdas
con la misma ternura de aquel adolescente.
A veces la acaricio, pero nunca
será como antes era.
Mi voz también cambió y no se acoplan.

Ella me desconoce, y yo la extraño.  

Amor de cada día


 [La lectura (Manet) - Museo D'Orsay - París]


Amor que me acompañas cada día
serenamente —fuego cotidiano—,
amor, que de tu mano
me llevas al país de la alegría;
amor, que tan sencilla-
mente me das amor con tu mirada;
amor de madrugada;
de noche, amor; amor de luz, semilla
de más amor, de tiempo enamorado,
de futuro encendido;
por todo lo que, amor, me has entregado;
por lo que juntos hemos compartido;
por el futuro, amor, que cada instante
vamos edificando;
por el tiempo feraz, vivificante,
concordante y solaz que vas fundando;
por todo ello, amor, un día cualquiera
—hoy, por ejemplo— escribo a mi manera
—verbo del corazón—,
estos versos que sólo son razón
de cuanto tú me das cada jornada;
estos versos, amor, apenas nada
con que expresar lo mucho que te espero,
lo mucho que te llamo,
lo mucho que te debo y que te quiero.

(IMAGEN: LA LECTURA, DE EDOUARD MANET. MUSEO D'ORSAY - PARÍS)

martes, 12 de mayo de 2009

Una mano de pintura

Supongo que, a falta de algo mejor que hacer y también a consecuencia de una conversación mantenida ayer con un amigo, hoy me he entretenido en dar una mano de pintura a este cuarto de estar, de manera que, si no más sustancioso en su contenido, sí es posible que haya quedado algo más luminoso y acogedor; claro que para gustos están los colores, que dicen por ahí. En cualquier caso, aquí dejo la reforma con el aviso de siempre: la puerta está abierta a todo visitante y se ofrece te, café y pastas (todo virtual, pero apetitoso) a cuantos lo deseen.

Y ya puestos, por aquello de las asociaciones de ideas y, en este caso concreto, las manos de pintura, he echado una idem (es decir, mano) de una actuación de Serrat (junto a Aute, uno de mis cantautores predilectos) para dar un poco de "vidilla" al nuevo decorado. Aunque reconozco que quizá no sea una de sus mejores canciones, siempre me ha resultado agradable de escuchar. Tal vez porque mis musas anden de vacaciones demasiadas veces...








viernes, 1 de mayo de 2009

Romance de los Arribes del Duero


[Imagen del Duero - fotografía del autor del texto]


Durante unos días, he cambiado este rincón de Verbo y penumbra por la naturaleza abierta de Los Arribes del Duero (en Zamora) o Las Arribes del Duero, (en femenino, si nos situamos en geografía salmantina): un Parque natural a caballo entre Zamora, Salamanca y Portugal, marcado por los cañones formados por el propio discurrir del Duero hacía el país vecino, con el que forma una frontera natural. De esta visita, de la que vuelvo con los ojos repletos de colores y el alma respirando aún la paz de esos parajes salvajes donde sólo se escucha el latido propio de la naturaleza, dejo aquí constancia con un breve romance, escrito un poco a vuelapluma, y en el que pretendo reflejar mis primeras impresiones ante tanta belleza:


Jara, cantueso, retama,
matorral, y abajo El Duero.
En el espejo del agua
recorta el águila el vuelo.
Y en el silencio del campo,
que no llega a ser silencio,
se oye el canto de los mirlos
desdoblándose en el eco.
El viento transporta aromas
de lavanda y de romero,
de tomillo y de genista,
de hinojo, lirio y espliego.
Toda la naturaleza
armoniza ese concierto
con que cada primavera
la vida se suma al tiempo.
Por los cañones, el río
—que es un reptil verdinegro
con escamas plateadas—,
respira la luz muy quieto.
Y en la quietud de la tarde,
cuando el sol se va escondiendo,
el buitre y el alimoche
también se cuelgan del viento
y dejan sobre las aguas
—apenas breve reflejo—
su rúbrica circular
hecha con sombra y acecho.
Pronto llegará la noche
vistiendo su traje negro.
Será el momento del búho
y de la luna en el cielo.
Pero ahora, cuando el sol
quema sus últimos fuegos,
cuando sobre el horizonte
reaparecen los vencejos,
cuando todo, de repente,
multiplica su misterio
en el fulgor del crepúsculo,
nosotros, nos vamos yendo
con el corazón colmado
de este paraje perfecto:
Jara, cantueso, retama,
matorral, y abajo El Duero.