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jueves, 25 de junio de 2009

En verano, regreso al Romancero






Entro y salgo. La luna está crecida.
Y todo el Romancero se me viene hacia mí,
inabarcable.

Cuando yo era más joven,
Jimena me contaba de sus cuitas:
de lo sola que estaba en el castillo
mientras Rodrigo andaba guerreando,
y sus hijas, aún niñas,
preguntaban de noche por el padre.
Yo la escuchaba atento, aunque, como ya digo,
joven, sin experiencia,
después nunca sabía ni cómo aconsejarle
y así me limitaba a saber sus tristezas
y aguardaba con ella a que El Cid regresara.

También, en ocasiones, Jimena se ausentaba,
y el castillo se hacía menos hospitalario.
Entonces, Gerineldo —ya un fantasma pulido—,
deambulaba sin rostro los altos corredores,
o Delgadina —aquella
hija de un rey malvado—,
marchitaba las rosas más rojas de su sangre.

Ya no soy joven, pero
a veces entro y salgo, mientras la luna sigue
su curso y los romances
aguardan impacientes mi llegada:

habita su prisión el prisionero,
a orillas de la mar va el Conde Olinos,
Fernán González lucha por Castilla
y una casada infiel —la Catalina—
coquetea una vez más con un soldado,
mientras que, monte arriba, perseguida
por la fiereza fiel de siete perros
huye una loba parda, ya cansada…

todo sucede
por la extensión feraz del Romancero.

(¡Ay de mi Alhama!)

martes, 16 de junio de 2009

EN DEFENSA DE NUESTROS RÍOS

En el año 65 del pasado siglo (se dice pronto) yo tenía diez años. El Padre Tajo aún era digno de tal nombre y fluía por mi ciudad, camino de Lisboa, claro y caudaloso. A su paso por Talavera, la Playa de los Arenales era todo un lujo en el centro de la península, y a ella acudían jóvenes y mayores para aliviarse de los rigores del verano. Sus aguas, se decía, eran un excelente tratamiento contra el reúma, y más de un médico prescribía baños a sus pacientes para combatir la enfermedad. Dos o tres años más tarde, comenzó a rumorearse que el río bajaba contaminado, y algunos farmacéuticos analizaron muestras para confirmar hasta qué grado esto era cierto: por entonces ya se hablaba del Trasvase Tajo Segura, que llevaría el caudal sobrante del río a tierras murcianas. Se iniciaron las obras de este proyecto en 1966 y en 1979 el trasvase comenzó a funcionar.
Los talaveranos, toledanos, castellanos-manchegos (antes de que esta Comunidad Autónoma hubiese sido ni siquiera imaginada) y extremeños (en general, todos los afectados por el trasvase), asistimos a la progresiva degradación del río como si la cosa no fuese con nosotros. Es cierto que hasta 1975 aún vivía el dictador y a pocos se les ocurría levantar la voz en contra de cualquier idea que viniese del Gobierno; menos aún, a nuestras autoridades locales. El caso es que, poco a poco, nos fuimos quedando sin río. Y donde había una profundidad de dos y tres metros, ahora apenas hay agua que llegue a las rodillas. Y aquella transparencia, con toda su fauna, hace años que acabó por morir.
Casi al mismo tiempo, hemos asistido con la misma desidia a la degradación del río Alberche, que hoy, cerca de su desembocadura, no es sino un hilillo de agua, más propio de un arroyo que del río que fue.
En los últimos años, por fin, algunas voces se han alzado para protestar contra tanto deterioro, y se han formado asociaciones de defensa de ambos ríos, en las que figuran asociaciones de vecinos, colectivos de historiadores y representantes políticos, entre otros. El día 20 de junio, a las 12 horas, en la Plaza del Pan de Talavera de la Reina, hay convocada una manifestación en defensa de nuestras aguas. No me cabe la menor duda de que este acto, aunque tardío, es sumamente importante, y la afluencia de manifestantes indicará el grado de compromiso que la ciudadanía tiene con la salud de nuestros ríos, que, a la postre, no deja de afectar a nuestra propia salud. Si la convocatoria es un éxito y hay una concurrencia masiva, significará que el futuro nos preocupa y que estamos dispuestos a defenderlo; si, por el contrario, el número de manifestantes no es el deseado, daremos a entender que lo del agua no va con nosotros. Y entonces, quién sabe, igual dentro de unos años tenemos que asearnos con alguna bebida americana…

lunes, 15 de junio de 2009

PÁGINA WEB DE BEATRIZ VILLACAÑAS


El 11 de marzo pasado, en este mismo blog, comentaba la página web que Beatriz Villacañas, hija del poeta toledano, Juan Antonio Villacañas, había puesto en marcha con el ánimo de perpetuar y difundir la memoria y obra de su padre, ya fallecido.

Ahora, me satisface hacerme eco de la web personal http://bevillacanas.webcindario.com/index.htm que la propia Beatriz, también poeta además de profesora de Literatura inglesa e irlandesa en la Universidad Complutense de Madrid y miembro correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, acaba de crear.

Confeccionada de manera clara y sencilla, ofrece una amplia visión de su biobibliografía, así como imágenes e interesantes enlaces, y permite conocer un poco más la obra de esta poeta toledana que ya demostrara la fuerza y personalidad de su voz desde su primer libro, Jazz, con el que obtuvo un accésit del Premio Esquío, en 1990.

viernes, 12 de junio de 2009

Canción encadenada a Dulcinea de Melque


[EL VIDEO CORRESPONDE AL CIERRE DEL ACTO, EN EL QUE ROMERAL, 
Y MARIANO MORILLA, 
SE ARRANCARON POR SEVILLANAS, 
ACOMPAÑADOS POR EL MAESTRO LEO TELLO]


A Romeral, dador de nueva vida a Dulcinea, 
en la conjuración de su pintura.



No sé si es oportuno este poema,
y más cuando está escrito de esta guisa.
—Alguno fue por menos anatema—.

Dicho lo cual, sin otra cortapisa
que la propia de mis limitaciones,
a Dulcinea, en Melque, con sumisa

admiración, dedico estos renglones
a modo de canción encadenada
en tercetos y buenas intenciones.

Advierto: de pintura, no sé nada
que vaya más allá del puro instinto
que me dispone ante una pincelada.

Mas esto, la verdad, no es tan distinto
de lo que una palabra me sugiere,
dicho de un modo rápido y sucinto.

Con tal introducción, que nadie espere
tesis alguna, ni ningún cultismo.
Cantaré con la luz que me confiere

este santo lugar, donde lo mismo
reclama una mirada diferente,
libre de toda sombra y espejismo.

Dulcinea, desciende por mi mente.
Patria de Don Quijote, se pasea
recatada, piadosa..., indiferente.

Y mientras mi palabra la recrea,
el Caballero, presto a la batalla,
no sabe, en realidad, que Dulcinea

mudó de dirección, que no se halla
en la manchega villa de El Toboso,
sino en Melque, en color y noble talla.

Acaso vino en busca de reposo
—lo dirá Romeral, en su momento—;
pero aquí está, surgiendo del rocoso

arco tallado de este monumento
y hecha metamorfosis sucesiva,
quieta por siempre y siempre en movimiento.

Romeral la pintó y está cautiva
de su pincel, su mano y su andadura:
otra dama distinta. Y está viva

por la conjuración de su pintura;
Dulcinea de Melque, enamorada,
tal vez, de un caballero sin montura.

Nunca tuvo castillo, pero cada
piedra de este lugar es un palacio
donde, solaz, discurre su jornada.

Y es en la claridad y en este espacio,
en donde encarna a todas las mujeres,
con la mesura de quien va despacio

para dejar atrás amaneceres
y cruzar horizontes que rebasa,
libre ya de ataduras y deberes.

Vive aquí Dulcinea. Esta es su casa.
Desde aquí sale al mundo y a la vida.
De un sueño se alimenta y lo traspasa.

Y es esta Dulcinea trascendida,
la que en Melque nos muestra su hermosura:
más que precisa, siempre sugerida

por la piedra, la luz y la herradura
donde se hace materia transparente
la libertad mayor de su figura.

Reposa en el color, luminiscente
—dama de ayer y de hoy, dama de nunca,
dama de bruma, luna evanescente—,

y el trazo circular donde se enjunca
su gesto delicado y su mirada
es un aro de sol: nada lo trunca.

Si por Cervantes fuera imaginada
para gloria mayor del Caballero,
Romeral la elevó, multiplicada

en la elegante forma de su cero,
hasta el cielo y la voz del pueblo llano:
sencillo, generoso, verdadero...

La luz —fugacidad por el ventano—,
deja un filo de fuego y transparencia,
que parece tener algo de arcano.

Y en la penumbra, late una presencia
misteriosa y mujer: luz cervantina,
que al tiempo es sed y de romero, esencia.

Desde el balcón del aire se avecina
y con tímido gesto, y recatado
—mientras la luz en la pared se inclina—,

se nos muestra al decir: “Si en el pasado
Cervantes me creó para su pluma,
y en la palabra tuve enamorado,

Romeral dibujó, desde la espuma
de su sueño creador, mi rostro nuevo:
múltiple claridad, concisa bruma.

Si de El Toboso fui, de Melque llevo
piedra, tierra y color: feracidad.
Cuanto ya soy a Romeral le debo.

La luz es otra forma de verdad.”




[LEÍDO EN MELQUE, 6 DE JUNIO DE 2009, EN ACTO CELEBRADO 

EN TORNO A LA EXPOSICIÓN "MIS DULCINEAS DE MELQUE", DEL CITADO ARTISTA.]


martes, 9 de junio de 2009

Encuentro con Romeral (volviendo a Dulcinea de Melque)


[En la imagen, de izquierda a derecha: Isidora Fernández, Romeral, Jesús Cobo, 
Antonio Gallego,Antonio del Camino, Román Vargas, Leocadio Tello, y otros amigos del pintor.]


El día 26 de abril, en esta bitácora, informaba de la inauguración de una exposición pictórica en Santa María de Melque http://antonio-del-camino.blogspot.com/2009/04/mis-dulcineas-de-melque-exposicion-de.html

Hoy quiero volver sobre ella, después de que el pasado sábado, bajo la cúpula de tan particular monumento, se celebrara un Encuentro en torno a la figura de "Dulcinea de Melque", personaje surgido del pincel del pintor Romeral por el año 2004, cuando se planteaba de qué manera podría contribuir en la celebración del 4º centenario de la primera edición de El Quijote, que se conmemoraba un año después, y, por extensión, en torno a la obra del artista y al propio escenario en donde se llevo a cabo este acto.

Dulcinea de Melque surge de la Dulcinea del Toboso cervantina, para transfigurarse en una nueva dama, partiendo del característico arco visigótico de Santa María de Melque, a través de las más de 200 obras, con distintas técnicas y materiales, que dan cuerpo a la exposición y en las que se representa una poliédrica personalidad femenina de gran fuerza y singular belleza.

A este Encuentro asistieron críticos de arte, como Amparo Martí, Antonio Granados o Tomás Paredes; poetas, como Jesús Cobo o Antonio Illán; pintores, como Rodríguez Guy o Juan Díaz; flamencos, como Mariano Morilla, Román Vargas o Leocadio Tello; el arquitecto responsable de la recuperación del complejo de Santa María de Melque, Jesús Carrobles; la Vicepresidenta cuarta de la Diputación de Toledo, responsable de cultura, Isidora Fernández; así como amigos y allegados del pintor, entre los que destacaría a Antonio Gallego, Brujidero, todo un personaje novelesco, gran conocedor de vinos, amante de lo esotérico y conversador brillante y jacarandoso.

Fue un verdadero placer escuchar las palabras sabias de Amparo Martí en torno a la pintura y el arte; conocer la génesis de esta Dulcinea de Melque, que trazó Jesús Cobo; empaparnos de la profundidad de la voz de Mariano Morilla, cantando a capela; recibir la lección magistral de Jesús Carrobles, hablándonos de los orígenes de Melque y de las diferentes etapas en su recuperación; sorprendernos con la narración del Brujidero y su disquisición en torno a las vírgenes negras; o admirar el buen hacer de Leocadio Tello y gozar con el sonido limpio de su guitarra. Todo ello, entre los muros de ese templo único de Melque, en el que tanta espiritualidad parece acumulada a través de los tiempos.

La tertulia, en torno a la obra de Romeral y al propio monumento de Sta. María de Melque, tuvo una duración de casi dos horas y continuó luego a la mesa, ante un excelente cocido a la paja.




He aquí los motivos

Que en estos tiempos estamos a merced del ordenador, pocos lo dudan. Desde hace unas décadas, este invento se ha hecho imprescindible en gran parte de las actividades, tanto privadas como profesionales, y más de una vez estamos en sus manos. Basta que un componente de sus complicadas tripas diga "hasta aquí hemos llegado" para que nuestra labor se venga al traste. Hasta que alguien que sabe vuelve a recomponer ese misterio de conexiones, tarjetas de memoria y discos duros... O se le canta un requiem y, previo paso por caja, a ordenador muerto, ordenador puesto.

Estos días, en los que no he podido asomarme a esta ventana, he recordado más de una vez el chiste de ese carpintero chapuzas que monta un vasar en una casa y, nada más salir de ella, la estructura se cae cuando la señora acababa de colocar un solo bote. La mujer, muy enfadada, se asoma a la calle y comienza a lanzarle improperios, diciéndole que cómo le ha montado el vasar, que nada más poner un bote se ha caído, que es un sinvergüenza, y etcétera etcétera... El hombre, sin perder la compostura, le pregunta por lo que contenía y ella contesta que "pimentón". Entonces, él, cargado de razón, responde: "¡Uy, pimentón! ¡Lo peor que hay pa' los vasares!" Y digo que me he acordado porque, siguiendo el mismo razonamiento del carpintero, yo podría decir que Joaquín Sabina es lo peor que hay para los ordenadores, ya que, escuchando una de sus canciones, mi equipo comenzó a hacer un ruido insoportable, apareció una pantalla azul de alerta y dejó de funcionar, sin que, a pesar de hacerle la respiración boca a boca, chutarle unos cuantos litros de suero de litio y darle fuertes friegas y masajes en la placa base, haya logrado reanimarlo. Y todo, sin síntomas previos que hicieran prever un final como éste. Total: que he tenido que esperar unos cuantos días hasta que he recibido mi nuevo ordenata, y un par de días más hasta que éste ha quedado debidamente dispuesto y preparado para entrar en combate.

Y estos son los motivos por los que, todos estos días, he guardado silencio y dejado sin contestar los comentarios recibidos, cosa que haré a la mayor brevedad, al mismo tiempo que me pongo al día de vuestras aportaciones.