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viernes, 31 de diciembre de 2010

FELIZ 2011

     Esta polca de E. Strauss, Sin freno, dirigida por Zubin Mehta, me parece una forma tan divertida como cualquier otra para recibir el año. Eso sí, para escuchar después de haber tomado las uvas; no sea que con las prisas se nos atraganten.
Que la paz sea de todos,
la salud acompañe,
la amistad no nos falte,
y el amor nos compense
de los traspiés diarios.

¡¡¡Feliz 2011!!!

domingo, 26 de diciembre de 2010

Con Pepe Pulido. Sobre Miguel Hernández

 
            Casi año y medio después de que nos viésemos por última vez en Ávila, donde acudí por invitación suya para participar en una lectura poética en el claustro de la catedral, me he vuelto a encontrar, esta vez en mi pueblo, con Pepe Pulido, poeta y amigo, con quien tanto quiero.
            Pepe ha venido a Talavera para pasar estos días navideños con su familia, y, de paso, ha tenido el detalle de traerme un ejemplar del último número de “El Cobaya”, revista cultural patrocinada por el ayuntamiento abulense que, bajo la dirección del poeta José María Muñoz Quirós y el buen hacer de distintos autores afincados en esa capital castellana (entre ellos, el mismo Pepe), ha querido rendir homenaje a Miguel Hernández en este Año Hernandiano: un monográfico que se abre con un amplio artículo de Julián García Torrellas, autor del libro Miguel Hernández en la cárcel de Palencia, en el que habla de la estancia del poeta en la prisión de esta ciudad, y sigue con textos de, entre otros, Rafael Ruiz Requena, Antonio Colinas, Gustavo Martín Garzo, José Luis Puerto, Rosa Moreno Hernández (sobrina de Miguel Hernández), José Pulido Navas, Jesús Munárriz, Miguel Velayos, Alfredo J. Ramos, Carlos Aganzo, Joaquín Benito de Lucas o José María Muñoz Quirós.
            Por supuesto, hemos aprovechado el breve rato juntos para hablar de poesía, de las dificultades que han tenido para sacar esta revista (ya se sabe que la Cultura en tiempos de crisis es una de las primeras damnificadas) que, a pesar de todo, ha quedado digna en su presentación y sólida en contenido. Lástima que, como tantas otras empresas, su distribución se vea limitada al ámbito local y de los colaboradores.
            Yo, en cualquier caso, doy fe de su calidad y dejo aquí el texto con el que, humildemente, he colaborado:


Vientos del pueblo

Cantábamos Vientos del pueblo con la fe que se tiene 
        cuando se tienen diecisiete años,
con la esperanza de que un día el viento del pueblo soplase 
        para todos desde la claridad, y en hermandad alegre y solidaria.
Sonaban las guitarras y al son de sus acordes, cantábamos.
Y al terminar de hacerlo, en un inexplicable paroxismo,
nos parecía haber dado un paso decisivo para la libertad.
Porque también para la libertad —decíamos— sangro, lucho, pervivo,
sin darnos cuenta de que, en realidad,
sólo cantábamos, en una acción inocua y un juego adolescente.

Y cuando parecía que aquella libertad había llegado,
reiteramos los cantos en la noche, haciendo corro bajo las estrellas,
coreando lo que —ahora sí, pensábamos— eran vientos del pueblo.

Sin embargo, el rostro amargo de la vida
—ajena siempre a versos y esperanzas, a sueños y proyectos— 
        se imponía.
Y aquel sueño se fue desvaneciendo.
Y no pocos de aquellos que cantaron a coro con nosotros 
        encontraron su sitio,
que no fue, por supuesto, en las trincheras. Y llegó el desencanto.
Y las voces, en tanto, se apagaban.

Queda aún el poeta, su palabra, sus versos…
pero aquellos Vientos del pueblo siguen sin aventar en la garganta.
Y el tiempo pasa. Y pesa.

viernes, 24 de diciembre de 2010

lunes, 13 de diciembre de 2010

Quijote interactivo

El buen poeta y mejor amigo,  Pedro Tenorio, me informa de esta interesante página en torno a El Quijote, que me permito compartir con quienes se asoman a esta bitácora. Gracias, Pedro.

Presentación de "Primer adiós del fauno"

 
[En la imagen, un momento de la presentación: de izquierda a derecha: Rodolfo Mateos, Francisco Castaño y Antonio del Camino]
              ©  C. Elvira             


              Tal como estaba programado, el pasado viernes, día 10, se presentó en Talavera Primer adiós del fauno, del poeta Francisco Castaño. El acto, en la Sala Carmelo Castilla del Centro Cultural Rafael Morales, de Talavera de la Reina, comenzó con una introducción a cargo del Concejal de Cultura, Don Carlos Gil, quien tuvo para Francisco Castaño palabras de elogio, no sólo por su labor como poeta, sino, también, por la tarea que desarrolla como Director del Organismo Autónomo Local de Cultura del Ayuntamiento de esta ciudad, dependiente, precisamente, de la Concejalía de Cultura.
            Carlos Gil destacó la responsabilidad y eficacia de Castaño en el puesto que ocupa, así como su pasión por el fútbol y, concretamente, el Barcelona; además de elogiar su amplia obra poética, publicada siempre bajo el sello de Hiperión.
            A continuación, me tocó a mí intervenir. Y lo hice trazando un somero itinerario por la obra del poeta, desde su primer libro, Breve esplendor de mal distinta lumbre, que yo descubriera en 1985, hasta este Primer adiós del fauno, de reciente aparición. Durante mi locución, destaqué la vocación clásica del autor, el diálogo manifiesto de su obra con la Tradición, y la calidad poética de sus composiciones que, ajustándose a métricas y rimas que se autoimpone, fluyen de forma aparentemente natural y espontánea, nada encorsetada. Entre sus temas: el Amor, el Desamor, el Tiempo, la Amistad, el Quehacer poético...
            Tras mis palabras, le llegó el turno a Rodolfo Mateos, profesor de literatura en un instituto de nuestra ciudad, quien centró su intervención en el libro presentado, para cuya lectura facilitó una serie de claves respecto a lo que era y no era este poemario.
            Por último, Francisco Castaño, visiblemente emocionado, leyó una amplia selección de poemas, y firmó ejemplares de su obra.
            Lo mejor, como suele ocurrir en estos casos, vino después, ante unos vinos, compartiendo amistad en distendida charla.
             No me resisto a terminar esta pequeña crónica sin incluir unos poemas del libro, correspondientes a su IV parte:

                        1
                        Si miramos hacia atrás,
                        El tiempo es un simple esbozo
                        Que no nos da para más
                        Que una víspera del gozo.

                        4
                        Luna en el parque.
                        Hojas muertas y olvidos
                        En el estanque.

           
                        17
                        Qué bien se vive en la contradicción.
                        Quiero estar solo pero no sin ti,
                        Me gusta el sosegado frenesí
                        Y andar a campo abierto en un rincón.

Y este otro, dedicado a los presentadores, y manuscrito: 



P.D.: La prensa, recogió así la noticia.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Primer adiós del fauno

            Tras El fauno en cuarentena, publicado por Ediciones Hiperión en 1993, después de la obtención del Premio Jaén de Poesía de aquel mismo año, Francisco Castaño saca ahora a la luz, en la misma editorial, Primer adiós del fauno, libro con evidentes conexiones con aquel otro fauno diecisiete años más joven.
            El próximo viernes, día 10, a las 20 horas, en la Sala Carmelo Castilla del Centro Cultural Rafael Morales, de Talavera de la Reina, será presentado el nuevo fauno en sociedad. Acompañando al autor y para hablar de esta nueva entrega faunesca, estaremos Rodolfo Mateos y un servidor. Y todos cuantos deseen acercarse a pasar un rato distendido y divertido, no exento, sobre todo, de buena Poesía.
            Como recordatorio para cuantos puedan y deseen acompañarnos, aquí dejo invitación al efecto. De lo que suceda, quedará posterior constancia en esta página. 


jueves, 2 de diciembre de 2010

En esta hora

[Imagen: Mujer con sombrilla, de Claude Monet - Museo D'Orsay]


Solo estoy frente a mí.
Palabra y signo
me edifican
ahora
en esta hora
en que mi voz
—memoria en soledad—
concibe
con exacta apariencia
el nombre en el que soy.

Pero trasciendo
de mi voz hacia ti
amor que dictas
la infinita armonía en que convivo
la palabra que nombra
las caras más secretas
de la felicidad.

Me elevo
desde este signo hasta tu rostro
y canto
mi asombro cotidiano
por ser el elegido
de tanta luz
—tu luz—
y tanta paz.

Y así
abolidas las voces
las palabras
los gestos

en el centro de mí
queda
intangible
impronunciable
eterno
el carmen de tu nombre.

Carmen donde se asienta
la libre
limpia
exacta
serena
transparencia.

domingo, 28 de noviembre de 2010

José Luis Ferris

[En la imagen, con José Luis Ferris, tras la conferencia pronunciada por este en Talavera]

            Siempre es agradable volverse a encontrar con un viejo amigo. Aunque haga mucho, mucho tiempo que apenas supiésemos el uno del otro sino por referencias de terceros y, en mi caso, por las huellas que con paso seguro deja día a día por los caminos de la literatura, ya como poeta, novelista, ensayista o biógrafo de Maruja Mallo, Carmen Conde o Miguel Hernández. Naturalmente, hablo de mi reencuentro el miércoles pasado, en Talavera, con José Luis Ferris, quien visitó mi pueblo para dar una conferencia sobre el autor de “El rayo que no cesa”: casi 90 minutos en los que supo captar la atención de un público que, al final, le dedicó una larga, merecida y emocionada ovación.
            Conocí a José Luis en marzo de 1985, coincidiendo con la presentación en Madrid de los Premios Adonais del año anterior, en el que tanto a él como a mí se nos concedió un accésit (el premio fue para Amalia Iglesias por su primer libro, “Un lugar para el fuego”). Posteriormente, volvimos a reunirnos los tres en Alicante, donde, de la mano del entonces director de la Colección Adonais, el desaparecido Luis Jiménez Martos, presentamos nuestros libros. Y, poco después, repetimos la cita en la capital levantina durante unas jornadas literarias organizadas por el Grupo Algar, que dirigían Alberto Mercader y José Luis Rico. Volvimos a vernos alguna vez más al año siguiente en Madrid, donde José Luis hizo el servicio militar. Puntualmente, cada Navidad, durante unas cuantas, me hizo llegar una tarjeta de felicitación. Y yo, no sé si demasiado ocupado por entonces o, simplemente, más desconsiderado, rara vez respondí con unas palabras de agradecimiento; como mucho, alguna llamada de teléfono, que no es lo mismo.
            En todo este tiempo José Luis ha desarrollado una gran actividad literaria, reconocida con Premios tan importantes como el de la Crítica de la Comunidad Valenciana (1986 y 2003), el Azorín (1999) o, más recientemente, el Premio Málaga de Novela (2009) por El sueño de Whitman, su tercera novela tras Bajarás al reino de la tierra (1999) y El amor y la nada (2000). A todo ello suma su labor como colaborador en distintos diarios nacionales y reconocido biógrafo de la pintora Maruja Mallo, Carmen Conde y, sobre todo, de Miguel Hernández. Su obra Miguel Hernández. Pasiones, Cárcel y Muerte de un Poeta, publicada en 2002 y reeditada este año, se ha convertido en libro imprescindible para conocer al autor de las “Nanas de la cebolla” más allá de las ideas interesadas que, tanto desde posiciones franquistas como de la izquierda, fueron lugar común y equívoco durante muchos años.
            La conferencia, como digo, resultó, más que entretenida, seductora, enriquecedora, envolvente. Pero, tanto como ella, más aún, fue el tiempo compartido con él después del acto. Oírle contar anécdotas y volver a recordar los primeros días en que nos conocimos, fue reconfortante. Saberle amigo y compartir sus éxitos, un motivo de orgullo. Tanto, que después de muchos días de silencio vuelvo a asomarme a esta ventana. Para que se sepa.

martes, 9 de noviembre de 2010

La infancia, una vez más.

[Imagen tomada de la Red: http://www.burbuja.info/]

                       Por San Pedro y San Pablo
                       pintan las uvas
                       por la Virgen de Agosto
                       ya están maduras.

                                          (Dicho popular)


Recuerdo la mañana de azul vitriolo,
el aire, todavía, sin sed de fuego,
en el patio claveles, juncos, geranios,
y en el corral, la parra y el gallo viejo.

La cigüeña, en lo alto del campanario,
machacaba los ajos a sus polluelos,
y en la mañana apenas inaugurada
sonaban las campanas por algún muerto.

Por San Pedro y San Pablo pintan las uvas
—nos cantaba la abuela, haciendo ganchillo—
por la Virgen de Agosto ya están maduras.

(Mientras tanto, nosotros, del patio al pozo, (*)
jugábamos ajenos al tren del tiempo.)

(*) Como aclaración, indicar que llamábamos "el pozo" a un zaguán que albergaba un pozo a ras de suelo, cerrado con un puerta metálica, y una gran pila, donde recogíamos el agua del pozo accionando para ello una bomba de mano.


lunes, 8 de noviembre de 2010

Gran Café

[Imagen tomada de http://www.franquiciaseuropa.com]


          Me entero por el blog de Álvaro Valverde que cierran el Gran Café de Cáceres. A raíz de ello, apunta algunos recuerdos relacionados con tan emblemático lugar. Y yo, al leerlo, también pongo en marcha la memoria y me recuerdo, allá por el otoño del ochenta y tres, sentado en uno de sus veladores cada tarde, desde las cinco a las siete o las ocho, consumiendo más de un café o algún brandy (entonces uno todavía podía disfrutar de tales licores) y escribiendo gran parte de los poemas de Del verbo y la penumbra, que en 1984 obtendría un accésit de Adonais.

          Años después, las pocas veces que he visitado Cáceres, no he dejado de pasar por allí, ya fuera para degustar un café o tomar unas cañas. Ahora sé que la próxima vez ya no será posible disfrutar de su ambiente, su música de jazz (al menos era lo que sonaba, junto a la clásica, por entonces), sus cafés... Pero andará conmigo y lo recordaré también como ese lugar en que escribí unos versos.

Zocodoversos, poetas en Toledo



Hace ya unos meses —demasiados como para que no hubiera acusado recibo de él en este rincón de verbo y penumbra, si no fuera porque asuntos familiares han requerido este tiempo mi mayor dedicación— encontré en el buzón un libro, Zocodoversos, poetas en Toledo, firmado por Santiago Sastre Ariza. Se trata de una —en palabras del propio autor— Antología injusta, pues él mismo avisa en el prólogo: “… me parece justo reconocer de antemano que en esta antología hay una inevitable dosis de injusticia. ¿Por qué? Pues porque no están todos los que son. Es decir, en esta antología no figuran todos los poetas que tienen alguna relación con Toledo. Ahí está la labor del antólogo de establecer un criterio que permita en lo posible justificar (es decir, tratar de hacer justa) la selección de autores.” Advertido esto y tras reconocer que en la selección “ha influido el criterio afectivo”, porque “… no era mi intención hacer un elenco objetivo sino otra cosa: mi selección…”, Santiago da cuenta en su introducción, uno por uno, de los autores seleccionados: 20 poetas relacionados de alguna manera con la capital castellano-manchega, ya sea porque han nacido en ella o en su provincia, o porque, de una forma u otra, estén próximos a la ciudad de Garcilaso. De los autores seleccionados, solo cuatro son mujeres, Pilar Bravo (Toledo, 1966), María Luisa Mora (Yepes, 1959), María Antonia Ricas (Toledo, 1956) y Beatriz Villacañas (Toledo, 1964); los otros dieciséis, varones, van desde José Carlos Gómez Menor (Toledo, 1929), decano de los antologados, hasta el propio Santiago Sastre (Toledo, 1968), el más joven del grupo. También nacidos en la capital, Francisco Payo (1952) y Ángel Villamor (1947).  Completan la selección: Miguel Argaya (Valencia, 1960); Amador Palacios (Albacete, 1954); Miguel Ángel Curiel (Korbach Waldeck – Alemania, 1966); Mario Paoleti (Buenos Aires, 1940); Miguel Ángel Pacheco (Badajoz, 1967); Joaquín Copeiro (Trasierra – Badajoz, 1949); Miguel Ángel Martínez (Cuenca, 1966); Antonio Illán (Los Navalucillos, 1953); Jesús Maroto (Villafranca de los Caballeros, 1958); Jesús Pino (Villarrubia de Santiago, 1947); Francisco del Puerto (Los Navalucillos, 1949);  y Antonio del Camino (Talavera de la Reina, 1955).
Las palabras que Santiago Sastre dedica a cada uno de los autores son cálidas y cercanas, y contienen una certera mirada hacia sus respectivas poéticas, abriendo con este libro las puertas a la curiosidad de aquel lector que quiera acercarse más ampliamente a una obra determinada.
No es —como el autor se encarga de advertir— una antología al uso (yo mismo echo en falta voces como las de mis compañeros de aventura en La Troje, Alfredo J. Ramos, Antonio Rubio o Sagrario Pinto, por ejemplo); es, simplemente, su selección. En ella, ha tenido mucho que ver el sentimiento de amistad, y acaso esto pueda causar prejuicios en algún posible lector. Sin embargo, y aunque quizá esta afirmación no me corresponda a mí decirla al figurar yo mismo entre los elegidos, aquel que se adentre en estos Zocodoversos no saldrá defraudado. Es tal la variedad de voces y poéticas que —estoy seguro— más de una será de su agrado.
Por último, mi felicitación a Santiago Sastre por el trabajo realizado, y, personalmente, mi gratitud por haberse acordado de mí en este florilegio de voces y de sueños.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Estos días de otoño

[Imagen: OTOÑO ©  Jesús García Martín]


Estos días de otoño, tan serenos,
sin lluvia en los cristales ni niebla por las calles,
con la luz, tan precisa, colgándose en las copas
de los chopos más altos,
de las graves encinas,
de los olivos negros, preñados de aceituna;
estos días… invitan a la calma,
a mirar con sosiego en derredor, y el mundo
—eso que está ahí afuera de nosotros, y apenas
conoce del sosiego—; a mirar ahí adentro
de nosotros. Mirarnos
con la serenidad con que se observa
la estela del ocaso.
                                    Estos días
en que las hojas se hacen huella de sol,
humilde oro, y se desprenden
de las ramas del árbol
meciéndose sin prisa, rumbo al humus,
me traen rumor de infancia
y sabor a castañas
y la voz del mielero y olor a lechería
y amigos que quedaron perdidos en la nada
y un guirigay de escuela y aroma de membrillos.

Estos días de otoño, tan serenos, me vuelven
los ojos del revés, y todo es más perfecto.
Pero sé que no es cierto, que el mundo va a lo suyo,
que es esta luz, y el cielo
transparente de entonces,
lo que invita al milagro,
al fugaz espejismo,
a esta paz que no es cierta, porque nunca es de todos,
pero que yo respiro
en estos días serenos de este otoño.

jueves, 4 de noviembre de 2010

En caída libre

Esta mañana, en el espejo, no me miraba yo. Me contemplaban los ojos de otro tiempo, quizá tango, envueltos en papel de celofán. Una mirada que yo desconocía. Sonó un despertador por el patio de luces. Sonó y sonó y sonó… Y nadie regresaba desde el sueño para acallar su grito. Los ojos me miraban del otro lado del azogue. Yo me hundía en la neblina: interrogante, ávido de luz y de respuestas. Calló el despertador y todo fue silencio. No supe interpretar lo que los ojos quisieron transmitirme. Una vez en la calle, lo adiviné de pronto. O quizá no. Quizá fue que soñaba todavía, náufrago entre la bruma de mis ojos, que seguían preguntando.

 

lunes, 1 de noviembre de 2010

Flores muertas (*)

CUSTODIANDO la puerta, esclavas de estas fechas,
las flores cercenadas perfuman agonía:
crisantemos, claveles, margaritas, adelfas...,
arrancadas en vida para adornar la muerte.
El hombre, diligente, vocea su producto
Oferta, siete euros— invitando al que pasa.
¡Mire qué ramos, oiga! ¡También tengo jarrones…!
(Al lado, unos chavales, juegan a la pelota.)
Las campanas en vuelo, monótonas y tensas,
señalan el camino de otra muerte anunciada,
y su sonido apaga los trinos de la tarde;
pájaros al cobijo que ofrecen los cipreses.
Cuando llega la hora y cierra el cementerio,
el hombre, una vez más, carga en su furgoneta
las flores en remojo: una UVI improvisada
capaz de mantenerlas con vida hasta mañana.
Los niños volverán a su casa y la noche,
dueña del camposanto, como todos los días
paseará sus estrellas por las fosas y acaso,
con un íntimo afecto, se burle de los vivos.



(*) Del libro inédito, De túmulos y tálamos

domingo, 31 de octubre de 2010

En lento descender (*)

En lento descender por la palabra
desde la voz primera, el primer
balbuceo, los primeros conceptos:
mamá, papá... (los labios escribiendo
en el filo del aire la primera andadura
del niño que se asoma
asombrado a la vida).
                                    Seguir luego
descubriendo las fórmulas del verbo,
su viva ligereza, su armonía,
el milagro que engendra en sus entrañas
cada palabra definiendo el mundo.
En lento descender, enamorarme
de su color, sus formas diferentes,
su maleabilidad, su perfección,
y comprender la luz al decir luz.
Y así crecer al mundo, deslumbrado
por la música interna del idioma,
hasta adentrarme, casi como un juego,
inseguro y tenaz, en la poesía.

En lento descender, interrogarme
por cuanto me rodea, por la vida
que surge misteriosa y se diluye
en un instante, sin saber adónde.
Abrir mi pensamiento hacia la duda,
a cuanto no se explica ni se tasa,
interrogar a un Dios en quien no creo,
mirar alrededor, ser con el Hombre.
En lento descender, abrir los ojos
a la naturaleza que se extiende
alrededor de mí, y a la belleza
que el hombre ha levantado con sus manos,
ante la que asombrado me estremezco,
y asumo, religioso.

En lento descender, abrir las puertas
al territorio del amor, alzar
el vuelo al infinito que concentra
la vida en ese espacio. Y así, libre
en tan perfecta y pura dependencia,
sentir entre mis manos la alegría,
el caudal desbordado de la sangre,
el mundo renombrado en cada encuentro
con el cuerpo que vive nuestro cuerpo;
y con el mismo alma que nos vive,
conquistar el mañana cada instante.

En lento descender, ir descendiendo
como las aguas lentas de mi río
por el tiempo que soy; ir arañando
respuestas y preguntas sucesivas
a cada amanecer, y, lentamente,
cosechar el futuro con mis manos,
con mi renunciación y mi esperanza.
En lento descender, reconocerme
en los fragmentos vivos de quien soy,
en la contradicción que me sostiene
frente al rostro que roban los espejos.
Ser, en suma, con todas las derrotas
que el tiempo va infligiendo y que, a la postre,
en cada cicatriz, me recomponen
para enfrentarme con el propio tiempo
y la red zodiacal de sus arañas.

Y así, en lento descender, desnudo,
sin más ropajes que mis propias obras,
entrar en el silencio cuando todo
cuanto he podido ser quede en su sitio,
y un águila me aguarde, poderosa,
para alcanzar con ella,
por fin, el horizonte,
mi ya definitiva identidad. 

(*) Del poemario del mismo nombre (2005)

sábado, 30 de octubre de 2010

A Miguel Hernández, en su centenario

Una vez más, Miguel, guardo silencio
y respiro la luz de tu palabra.
Y en el presente vivo de tu ejemplo,
renace mi esperanza.

Descansa en paz, eterno compañero.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Son noticia

[Imagen de la Agencia EFE, tomada de la Red]


Ancianos, niños, hombres y mujeres
se mueren en Haití. Pasan los días,
el Cólera se extiende, y no hay remedio
suficiente con que atajar el mal.
Mueren y quedan
—pavesa del olvido—
abandonados a su suerte, como
si nunca hubiesen sido seres vivos,
como si no se mereciesen la limosna
humilde de un humilde recuerdo.

Pero a la vez ha muerto
un pulpo —el pulpo Paul—, y en los programas
de radio se comenta la noticia,
y en la televisión su imagen vuelve
a ocupar un lugar en los Telediarios.

Yo no entiendo lo que ocurre en el mundo.
No sé de qué está hecho el corazón del hombre,
capaz de obviar la muerte de tantos inocentes
y de insistir hasta la extenuación
en la de un pulpo
que ante un cebo de humildes mejillones
diagnosticó —¡Qué cosas!—
la victoria mundial de nuestra selección.

Descanse en paz el pulpo
—si los pulpos descansan—, y váyanse a paseo
cuantos le dieron cancha y olvidaron
esa otra realidad más desgarrada,
humana —o inhumana—, verdadera,
y ante la que se vuelve la cabeza
sin el menor reparo.

domingo, 24 de octubre de 2010

Propósito de enmienda

 [Imagen: Viñeta de Quino, de su libro "La Buena Mesa" - Editorial LUMEN 1980]

Sé que soy un desastre algunas veces
y no arrimo la silla al levantarme
de la mesa, que suelo despistarme
y me equivoco en mil estupideces.

Y que llevas razón siempre con creces
cuantas veces te empeñas en cambiarme.
Yo, ya sabes, me afano en enmendarme
sin dejar de caer en pequeñeces.

Cualquiera, ya cansada, hubiera dado
en gritos, en reproches y en cabreos.
En cambio, tú, te acercas a mi lado

con tu mejor sonrisa, y tus deseos
reiteras sin afán de reprimenda.
Yo hago otra vez propósito de enmienda.

En tránsito

[Imagen: Panorámica de Edimburgo ©  C. Elvira]  

De Praga hasta Edimburgo hay un camino
que pasa por París. Yo lo he soñado
muchas veces después de que a tu lado
lo recorriese con gozoso tino.

Desde Praga a Edimburgo hay una historia
escrita por los dos al alimón.
Mientras, París abona el corazón
de luz por el jardín de la memoria.

En Londres se transforma la mirada
en lluvia y vegetal naturaleza:
verde que muestra su esencial belleza;
lluvia gris de nostalgia adelantada.

Y siempre con nosotros, por testigo,
el dios del arco, nuestro buen amigo.

sábado, 23 de octubre de 2010

El soneto a sí mismo se corrige, y apunta sus razones. Fe de erratas (*)

Boscán me apadrinó. ¡Gracián no fuera!
—¡Un lapsus! ¡Vive Dios! ¡Vaya memoria!—
Con tanto concordar y tanta historia
llego a pensar que mi razón se altera.

De tanto endecasílabo en el mundo
insistiendo en amor y desamores
se me acumulan gozos y dolores
y el recuerdo se nubla, y me confundo.

No fue Gracián. No, no… Boscán me trajo
desde la Italia a las Españas. Vine
de su mano, y por él tuve trabajo.

Y en tanto azar me di, tanto intervine
en chanza, loa, duda, dado y sino,
que me olvidé el padrino en el camino.



(*) Obviamente, el soneto hace referencia al traído aquí el 9 de octubre, "Soy el soneto", en el que el primer verso debería haber comenzado tal y como comienza éste. Hubiera podido corregirlo y santas pascuas, pero ya se sabe que el Soneto es muy suyo, y ha preferido dar cumplidas razones de su error. En el caso hipotético de publicarse en algún momento el primer poema, deberá ir de la mano de este otro, que aclara el lapsus. 


Y, por aquello del error, aquí dejo este vídeo, rescatado casi de la prehistoria, donde se hace referencia a él.


Nota que acaso sobre, pero "nobleza obliga".

Desde el pasado día 10, por asuntos familiares y de hospitales a los que, felizmente, parece que hemos pasado página, no he vuelto a asomarme a esta ventana. Como ha habido algún que otro lector (y en "lector" incluyo, tal como recomienda la Academia de la Lengua, a ambos géneros) que me ha mostrado su preocupación por este silencio, dejo aquí constancia de ello, junto a mi sincero agradecimiento. Confío en que, si las Musas me son propicias, vuelva a coger velocidad de crucero en esta travesía cibernética. Gracias, amigos, por vuestro apoyo.

domingo, 10 de octubre de 2010

La verdad se muestra y reflexiona ante el espejo

Ni yo misma puedo reconocer
mi verdadero nombre en el espejo.
Soy el eco del eco del reflejo
de los nombres que llego a contener.

Y como todo nombre de mujer,
se nombra de mil formas y es complejo.
Todo resulta en torno a mí perplejo,
aunque todos afirmen conocer

a quien lleva mi nombre. Se diría
que al nombrarme me quieren diferente,
hecha a su imagen y su semejanza.

No saben que su propia altanería
los aleja de la polivalente
piedra de luz donde la Luz se alcanza.


sábado, 9 de octubre de 2010

Soy el Soneto

Gracián me apadrinó. Y fue Garcilaso
quien me adornó con mis primeras galas.
Lope me dio la gracia y puso alas
con las que alzar el vuelo hasta El Parnaso.

Con Quevedo la vida estaba al raso.
Ya místico o zumbón, sus martingalas
hechas endecasílabo eran balas
de un francotirador contra el ocaso.

Góngora me aportó refinamiento
y viva oscuridad. Culteranismo,
llegaron a decir ciertos doctores.

Y compartí con Lorca el sufrimiento,
con Miguel de Unamuno, el pesimismo…
Y sigo a lo que manden los señores.

(Y en honor a mi madre, que hoy cumple años, aquí dejo este otro soneto de Serrat):