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martes, 12 de enero de 2010

La misma calle, otra calle.



[Fotografía: ©  Jesús García Martín]


                                          A Jesús García Martín.


Te adentras en la noche por una calle antigua,
empedrada y mojada por la lluvia,
resbaladiza y casi solitaria.
Y aunque algunas farolas dan su luz al camino
habrás de andar con precaución, y atento.
Te adentras en la noche por esa calle,
quizá la misma calle por la que ya has pasado
un corazón de veces. Y, sin embargo, es nueva.
Como siempre que pasas,
ofrece perspectivas capaces de asombrarte.
Recorres esa calle, que es una calle humilde,
una calle que nunca te aprenderás del todo;
porque, si un día lo hicieses, ya no tendría sentido
dialogar con las voces arcanas de sus piedras.

Cuando, de tarde en tarde, la cruzas por completo
y te vuelves después para mirarla,
verás que entre tus manos ha surgido el poema,
y que, por un instante,
en su penumbra y paz te reconoces.

9 comentarios:

  1. Antonio, soy incluso aprendiz de lector. Por eso quiero explicarte la lectura y la interpretación que hago de tu escrito, ojalá no haga el ridiculo entre tanto entendido.
    Veo en el paso por la calle, un simil hecho por el paso por la vida. Veo que por muy bién que parezca que conozcas todo, siempre encontrarás algo diferente, y pobre de aquel que crea tenerlo todo conocido o planeado, porque entonces habra perdido lo mejor de la vida. Esa chispa, esas variables, ese poema. Gracías por estos escritos tan increibles, un libro es bonito, pero esta forma de leer y poder comentar con el autor, mejor aún. Un abrazo con ganas desde el sur del sur.

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  2. Una calle señalando el camino de la poesía, señalando un eterno regreso.
    Saludos.
    Alicia

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  3. Decía un brujo llamado Matus que no había que preferir el campo a la ciudad, porque cualquier calle, si se la recorría en absoluto silencio, llevaba a la eternidad y al conocimiento.
    Yo no soy brujo, pero esas calles viejas empedradas tienen un encanto especial que toca por dentro. ¿Se puede decir quizás que son calles soñadoras...?

    Un abrazo, Antonio.

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  4. Estimado Chaconi, tú, con tu lectura, terminas el poema: el poema es tuyo. No tienes por qué justificarte ni temer nada. Tu interpretación es tan válida como las razones por las que yo lo he escrito.

    Tienes razón en cuanto a lo que dices de las posibilidades de comentar nuestras impresiones con los autores de los textos. Tanto como padres de la criatura, como en nuestra condición de lectores, salimos beneficiados de la inmediatez y cercanía que procura la Red para tales cuestiones.

    Muchas gracias por estar ahí.

    Un abrazo "mesetario".

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  5. Alicia, "un regreso eterno", y "una eterna partida". Una calle (la vida, el poema) por la que nos entramos una y otra vez, siempre a tientas, siempre a la aventura.

    Un abrazo,

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  6. ¿Campo o ciudad? ¿azul o rosa? ¿este o aquel? Es curioso, Antonio, que parezca obligado que tengamos que elegir siempre algo y renunciar a su contrario. ¿No podemos quedarnos con ambas opciones, y administrarlas según el momento? No hay duda de que el campo nos ofrece unas posibilidades que la ciudad no tiene, pero también, como bien dices, la ciudad (sobre todo esas ciudades antiguas, y esas calles retorcidas, empedradas, únicas) nos aportan una magia que habrá de enriquecernos tanto como el campo. En cualquier caso (campo o ciudad, rosa o azul, este o aquel) dependerá únicamente de nosotros acceder a su semilla y a su disfrute.

    Gracias por tu lectura.

    Un abrazo.

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  7. Ah, perillán, don Antonio, el de las «calles soñadoras», se ve que usté sigue las enseñanzas de Don Juan, vaya, vaya. Espero que no sea al pie de la letra. Sonora es siempre unas buena elección, sí señor. Aunque a veces nos castañeteen los incisivos.

    AJR

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  8. Es verdad que aunque pases muchas veces por el mismo lugar siempre te cuenta algo nuevo; deben ser nuestros ojos, que nunca son los mismos.
    Muy bonito tema, y una foto entrañable.
    Un abrazo.

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  9. Gracias, Mercedes, por tus palabras, y por tu visita. Aquí tienes tu casa.

    Un abrazo.

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