Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

martes, 9 de febrero de 2010

Atardeceres

 
[Fotografía: ©  Jesús García Martín]
 
 

De pronto, he recordado de mi infancia
esos atardeceres en invierno,
cuando la luz caía de improviso
y en las cuatro esquinitas de mi calle
mostraban los faroles su peseta de sol.

Era el tiempo, también, en que nosotros
jugábamos a Dólar o a la Zorra,
mientras que las muchachas, maternales,
cuidaban sus muñecas, o saltaban
a la goma o la comba con mucha ligereza.

La hora en que regresaban los obreros
—con su cansancio a cuestas— del trabajo,
y en la que Elena Francis cada día,
instalada en las ondas de la radio,
velaba, impenitente, por el orden moral.

Era el momento del regreso a casa
para hacer los deberes. Sin embargo,
en nuestra calidad de Mosqueteros,
hacíamos la ronda a la plazuela,
para alcanzar tras ella la noche de París.

De pronto, he recordado de mi infancia
esos atardeceres…

10 comentarios:

  1. Me ha encantado Antonio. Yo era de las niñas que jugaba con muñecas. Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué bonitos recuerdos!... Los míos son aún más lejanos pero los juegos parecidos, además, "El clavo" "El Rescate" "Las chapas" (Tapas de la cerveza con foto de ciclista y cristal que hacíamos a medida) "El aro" (con guía de alambre)
    Muchos de nuestros juguetes, por no decir todos, estaban hechos con nuestras propias manos y tenían un doble propósito, divertirnos al hacerlos y divertirnos al jugar con ellos.
    Me ha encantado tu poema.
    Un abrazo.

    He rescatado un documento sonoro de mi padre como poeta de hace 55 años. Si te apetece:

    http://extremeoencatalua.blogspot.com/
    .

    ResponderEliminar
  3. Dulce y tierno Antonio, la vuelta al hogar, tras el peaje del tiempo, allí do la autopista roja. desase la arteria, para perderse entre capilares del recuerdo. Un fuerte abrazo constructor de instantes...

    ResponderEliminar
  4. Y en tu recuerdo se hace inevitable evocar los propios.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. ¡Qué hermoso, Antonio!

    Mosquetero... no pierdas tu espada jamás.

    Un beso.
    laura

    ResponderEliminar
  6. Gracias, Milagros. ¡Qué inocencia la de entonces! Dile tú a las niñas de ahora que jueguen con muñecas... enganchadas a la Red desde antes de aprender a escribir, como quien dice... No sé si el tiempo era mejor. Es la memoria, que todo lo distorsiona (para bien o para mal).

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. Terly, gracias por el regalo de esa grabación histórica. Una excelente recitación, por otra parte.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  8. Eli: "el peaje del tiempo..." ¡Casi nada! Gracias por tus palabras.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Paloma, los recuerdos, como las cerezas, siempre están dispuestos a salir con poco que se tire de aquí o de allá: unos ponen en marcha otros. Ojalá que siempre fueran hospitalarios. Bienvenida. Y gracias por tus palabras

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  10. Gracias, Laura, por tu habitual acogida.

    Espadas de madera... dispuestas siempre contra lo opresor. Ojalá supiéramos blandirlas con la misma fe de entonces.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar