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sábado, 6 de febrero de 2010

La isla del tesoro

[Imagen: Cormorán junto a la Isla del Chamelo - ©   A. C. G.]


Vadeamos el río
hasta llegar a la Isla del Chamelo.

Yo tenía diez años; tú, dos más.
Y nadie supo que esa tarde fuimos
un par de aventureros en busca de tesoros;
un par de aventureros asustados
con cada ruido extraño entre las matas.

Con el sol de la tarde
incendiando las aguas
del río ajeno a nuestros miedos,
conseguimos hallar lo que buscábamos:
el codiciado y dulce paloduz.

Aquella misma noche, por mis sueños,
el joven Hawkins vino a visitarme.

12 comentarios:

  1. De Chamelo a caramelo, pasando por regaliz, tres manos tienen los sueños y la cuarta sabe a anís...

    Un placer naufragar entre las sombras punteadas de la adolescencia.

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  2. No existe nada más bello, más hermoso, que la niñez y... ¡Que bonito nos lo cuentas!
    Un abrazo.

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  3. A veces uno tarda años en encontrar ese tesoro. Resulta que siempre ha estado en nosotros...y nosotros empeñados en buscarlo afuera.


    Un abrazo,
    Lily

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  4. La alusión al paloduz ha traído a mi mente gratos recuerdos de mi infancia. Mis amigos y yo también buscábamos con ansia el dulce regaliz que un ancianito vendía a la salida del colegio. Para nosotros era el premio después de una larga jornada escolar. ¡Qué inocencia tan bonita!
    Enhorabuena por tu poema.
    Un saludo.

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  5. Hola Antonio:
    Recientemente, en El Blog de Antonio Illán del miércoles 03 de febrero, día de San Blas, has entrado a corregirme los versos de Jorge Manrique que allí dejé. Y tú escribes:
    ¡cuán presto se va el placer!,
    cómo después de acordado
    da dolor.
    Cómo a nuestro parecer
    cualquiera tiempo pasado
    fue mejor.


    Creo que tienes razón..., es decir..., no lo sé... (?)
    Yo sé que me equivoqué y ahora tengo un lío del copón. No sé si tienes razón o la razón la tengo yo. ¡He perdido la noción!
    Quería poner —de memoria, ¡claro!— los versos que recuerdo de Jorge Manrique y el inconsciente de mi subconsciente me ha traicionado.
    Ahora sí; ahora recuerdo que eran estos:
    ¡cuán presto se va el dolor!,
    cómo, (después de acordado)
    da placer;
    cómo, a nuestro alrededor,
    cualquiera tiempo pasado
    fue el ayer...

    ¿A que sí?
    -------------------------------------
    Bueno Antonio, a través de estos fríos intríngulis cibernéticos no se me ve el guiño que hay en mi semblante ni mi sonrisa traviesilla y trasgresora. Todo ha sido una inocente broma. Aunque no te conozco de nada, acéptame estas confianzas.
    Veo que eres un aficionado a la poesía; yo también. Y eso me acerca a ti y me da alas para escribirte todo esto en plan de campechanía.
    Acéptamelo con tu mejor talante, ¿quieres?
    Saludos toledanos.

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  6. Aunque no sea necesario, tal vez no esté de más aclarar, amigo Antonio, que la real isla del Chamelo, transmutada en escenario de dulces aventuras iniciáticas, se encuentra en un recodo del río Tajo, justamente frente a las "torres teologales" de Eburia (más conocida en los mapas al uso como Talavera de la Reina). No corrió, en cambio, la misma suerte otro escenario muy querido de aquellos años niños: la Alameda, que para muchos de nosotros fue una selva virgen donde tal vez con las primera sombras de un atardecer largo y envolvente vimos brillar las rayas misteriosas de los tigres de la Malasia. Gracias por esta hermosa evocación que viene a demostrar que el oro de los sueños sigue siendo un tesoro.

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  7. Eli, un placer recibirte en este rinconcito.

    Un abrazo

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  8. Terly, agradecido, como siempre por tu generosa acogida.

    Un abrazo

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  9. Es cierto, Lily, cuántas veces no vemos lo más evidente, y nos empeñamos en buscar donde nada hay.

    Gracias por la visita.

    Un abrazo

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  10. Tysbe, además de ser un dulce elemental del que los niños de ahora rara vez pueden disfrutar, es que el propio nombre, paloduz, tiene su poesía.

    Gracias por el seguimiento.

    Un abrazo.

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  11. Don Jesús, le veo, le veo ese guiño y la sonrisa pícara. ¡Ay, la memoria! Un placer verlo por aquí. Espero que no sea la última vez. Bienvenido.

    Un abrazo.

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  12. Alfredo, ya lo creo que aquella selva de la Alameda daba para muchos cuentos. Quizá haya que volver sobre ella en algún momento buscando ese "oro de los sueños" que mencionas.

    Un abrazo.

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