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miércoles, 24 de febrero de 2010

A solas y a deshora


[Imagen: "A solas y a deshora"   ©   A. C. G.]


Sumamos luz y sombra,
victorias y derrotas,
amores y desdenes,
los gozos y las dudas, la esperanza
y un largo etcétera de sentimientos
a la cadencia interna de las voces,
al cálido panal de las palabras;
y escribimos poemas a deshora
y a solas con nosotros.
Luego leemos la caligrafía
que dejamos dispersa en los cuadernos,
y solemos tachar, porque parece
que lo que allí está escrito no nos vale.
Otras veces ocurre —aunque muy pocas veces—
que aquello que escribimos —y leemos
ahora— nos sorprende;
viene desde una voz desconocida
que, aunque es la nuestra, nos resulta ajena.
Y puede, entonces, que pensemos
que aquellos pocos versos tienen vida,
que nos hablan, al margen de nosotros,
y aprendemos en ellos.
Nos enredamos muchas veces
en mil disquisiciones que conducen
por callejas confusas a la nada.
Pero a pesar de esto, siempre estamos
dispuestos al camino:
el mismo que ahora hago mientras libo
del corazón arcano del silencio.

Y acabado el poema, definido
su lugar en la página —y su cuerpo—,
después de ese coloquio con sus voces
que nos despeja dudas
respecto a nuestro afán y a quiénes somos,
¿qué hacer con su armadura, qué destino
darlo, en qué botella
lanzarlo a los océanos del día?

Pacientemente, aguarda
una mirada nueva que lo acoja,
lo rehaga, lo adopte a su manera,
porque, ya para entonces,
nosotros rastrearemos nuevas luces y sombras,
victorias y derrotas,
amores y desdenes,
gozos y dudas...
                           y una vaga esperanza.


Siempre el mismo viaje. Y siempre nuevo.

4 comentarios:

  1. Por cada (co)latido que pregunta, de inmediato, otro (co)responde, por cada f(r)ase, una luna, al cielo lega sus don(d)es. El martíllo de la duda, graba en el yunque sus nombres, (co)víerte golpe y re-puja, la voz rítmica del ocre.

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  2. Y hasta que conseguimos plasmarlo lo llevamos pegado a la piel y nos recorre la angustia en una inexplicable agonía...

    Buen poema y gran cierre.

    Un abrazo.

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  3. Eli y Paloma, me sonrojo ante vuestra fidelidad lectora. Gracias por vuestras palabras.

    Un abrazo.

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  4. Bravo, por ese poema pensado, escrito y dejado a merced de las olas, en su botella, a la deriva. Bravo por el escritor que es capaz de elaborarlo y regalarlo luego, dejarlo ahí, como si fuera un eco, u otra voz distinta.
    Porque las palabras, sí, tienen músicas distintas, según se acaban de escribir o leídas más tarde. Como los colores de un cuadro que se mira de noche y por la mañana... como cada acto que realizamos.
    Las perspectivas siempre son diferentes y nuevas. Ahí está parte del valor que tiene la creatividad.
    Saludos

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