Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

domingo, 14 de marzo de 2010

La radio y El Capitán Tesa

Cuando volvía de la escuela, mi madre ya tenía la merienda preparada: un bollo de pan con mortadela o salchichón, o (lo que más me gustaba) con una onza de chocolate. Recuerdo que dejaba la cartera de cualquier modo: sobre el sofá, una silla o tirada en el suelo, cogía mi bocadillo y salía a la calle, donde ya aguardaban los otros chicos del barrio. Allí corríamos,  jugábamos y nos inventábamos mil guiones de cine; y éramos cada día un personaje, bueno o malo. De este modo, podíamos ser espadachines, vaqueros, tahúres del Mississippi o exploradores, según el juego que ese día eligiésemos y las alianzas entre unos y otros para asignar papel. Luego, al caer la tarde, con las primeras sombras y la débil luz de las bombillas que colgaban en cada esquina, regresaba a casa para hacer los deberes. Poca cosa: una página de caligrafía, el dibujo de un mapa, un par de problemas de aritmética, o algo así. Después, antes de la cena y mientras cenábamos, la radio. La radio con sus anuncios de hora duward  hora exacta, o yo soy aquel negrito del áfrica tropical, o señora si va despacio si va despacio o va deprisa…, y tantos otros. Y los programas aquellos que sucedían a las radionovelas de la tarde: cuentos para niños, el zorro zorrito para mayores y pequeñitos, Matilde Perico y Periquín, o las aventuras del capitán Tesa, una especie de héroe intergaláctico, remedo de Supermán, patrocinado por una marca de papel adhesivo que entonces comenzaba a comercializarse, o eso creo. De todo cuanto oía antes de irme a dormir, las aventuras del capitán Tesa era lo que más me gustaba. De modo que de manos de la imaginación podía viajar con él por las estrellas y desfacer entuertos, como siglos antes, en zonas de la Mancha, lo hubiese ya hecho nuestro Don Quijote. Resulta curioso cómo, a pesar de todos los años que han pasado y que muy pronto serán cincuenta, aún recuerdo un trabalenguas (así se aseguraba) que publicitaba a mi héroe y, de paso, como no podía ser de otra forma, a la famosa cinta adhesiva. Qué absurdo era: “quien quiere pegar y pega pega y comprende al fin que la cinta que más pega es la cinta tesafilm”. Por aprendérmela y enviarla en una carta a la radio, creo que me nombraron escudero del héroe y, además, recibí una tarjeta postal con el retrato de aquel capitán Tesa que todavía puedo ver: algo mayor para ser un personaje tan activo, lucía unas ropas similares a las de Supermán, si bien en ellas se había sustituido la “S” del héroe americano por una “T” por razones de peso (comercial, claro). Naturalmente, la foto aquella era en blanco y negro. Durante años anduvo por mi casa.

10 comentarios:

  1. Esos días en los que uno se levanta con el traje de la infancia y el alma repleta de añoranza y se deja mecer por el recuerdo... me has transportado al "churro, media manga, manga entera", a los "policías y ladrones", a "la cerilla" y a esos bocadillos de pan y chocolate. Gracias ;-)

    Un beso.

    ResponderEliminar
  2. Felices años sentados todos alrededor de la radio, en la camilla... Felices momentos en los que forjamos la imaginación que tenemos ahora y la capacidad de maravillarnos con las historias contadas.
    Grande la radio, los tebeos, el pan con tulicrém, los juegos en la calle...
    Saludos

    ResponderEliminar
  3. Pues sí, Antonio, la radio es uno de los inventos más cordiales y quizás el medio de comunicación más útil, sin duda mi preferido. La escucho desde esa misma época de la que hablas y recuerdo bien esos mismos programas que dices, aunque mi preferido era, además de lo del «nene, pupa, no» (con Matilde Conesa, Pedro Pablo Ayuso, Matilde Vilariño...), la aventuras de un tal Doctor X (con el hombrecillo Miss como personaje malévolo: aún no he olvidado su risa). Tampoco me perdía ninguna emisión de «Ustedes son formidables», con el gran Alberto Oliveras enfatizando entusiasmos y aquellos acordes de la Sinfonía del Nuevo Mundo como sintonía. Sigo siendo un aficionado a las ondas, ahora mismo esta sonando de fondo mientras escribo. ¿Qué habría sido de nosotros sin la radio? Emotivo este fragmento de inventario, da para tirar del hilo y no parar...

    Por si quieres remozar las sensaciones, aquí te dejo este enlace al dial de la nostalgia

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Es lo que tiene la memoria, Paloma: que junto a ciertas dosis de nostalgia o melancolía, arrastra al presente esos fragmentos del ayer que tan comunes fueron, y con los que sólo nos podemos reencontrar a través del recuerdo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Ya lo creo, Esmeralda: ¡todos alrededor de la radio! Luego, con la llegada de la tele, también todos nos situábamos frente a ella, pero ya, aquella comunión que había en torno a la palabra, no fue la misma frente a las imágenes. No sé si, también, porque comenzábamos a ser menos niños...

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Es curioso, Alfredo, en mi caso, no recuerdo a ese Doctor X. Sí se me viene a la memoria, otro serial, del que yo, dada su hora de emisión, me perdí bastantes capítulos, pero al que mi padre era asiduo: "La extraordinaria aventura de Peter ¿Guey? ¿Way?" (el apellido era algo así.
    Es cierto que la radio es un gran invento y, en nuestro caso, vehículo iniciático a la imaginación, del cual, sin duda, somos deudores. Y sí, posiblemente, es un tema que dé para tirar del hilo...; en mi caso, ya veré...

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. Hoy me he vuelto a reencontrar con el capitán Tesa, con aquel mundo mágico de la radio, con mi tarea escolar y la enciclopledia Álvarez, y con mi infancia, que aún conservo.
    Gracias.

    ResponderEliminar
  8. Os acordáis de la radionovela LA INTRUSA?

    ResponderEliminar
  9. Era "La extraordinaria aventura de Peter Gay"(no Guey ni Way), una especie de espía del Foreign Office británico que se enfrentaba a sus archienemigos "Los peregrinos de Baalbeck", pasando mútiples penalidades. Y. claro, entonces la palabra "gay" no tenía para nada la connotación actual. Otro de los seriales de esos años (primeros 60 en la SER) que me apasionaba era "El Coyote", con guiones originales de su creador literario José Mallorquí, y con las voces, entre otras, de Vicente Mullor, Luis Durán, Ana Carí, Julio Montijano y Rafael Taibo. En Radio Barcelona no me perdía "Las aventuras de Taxi Key" con Isidro Sola, Encarna Sánchez y Antonio Crespo, programa en el que había que descubrir al asesino, y que estaban basadas en el personaje creado por Luis G. de Blain. Este último se emitía en directo y se permitía la participación del público asistente del estudio, al que se preguntaba su opinión sobre el culpable y sus motivos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por la aportación, estimado anónimo.

      Un saludo.

      Eliminar