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viernes, 19 de marzo de 2010

Poema a mi padre (*)



Ahora que estoy contigo, que podemos
hablar tranquilamente, mientras llueve,
y la ciudad parece un fotograma
del mejor cine negro; mientras pasa
la tarde y apuramos lentamente
este tiempo, que parece estar hecho
para la confidencia, te diré
lo que quise decirte tantas veces,
lo que tan torpemente escribo ahora,
intentando que el ritmo y la medida
puedan clarificar lo que pretendo
sellar entre nosotros.
                                 Cambalache,
aquel tango famoso que hace años
Santos Discépolo escribió con tino,
resume con acierto la locura
de este siglo que expira y que propaga
el culto a la materia y al mercado,
a la riqueza, a costa de la ética.
Miro a mi alrededor y observo gentes
que viven al compás del trapicheo,                                     
las que vendieron su conciencia un día
por un plato... que no fue de lentejas.
Entonces vuelvo a ti, miro tu vida
basada en la razón fundamental
de serte fiel, honrado, consecuente
con tus propios preceptos, con la norma
de que la propia dignidad es algo
que vale más que el oro de la tierra.
Miro lo que aprendí de tus ejemplos,
del trabajo bien hecho, de tus obras.
Sé que ése es tu legado, lo que siempre
quisiste que aprendiésemos tus hijos;
lo que hoy te agradezco, y no bastante,
mientras llueve, y es marzo, y conversamos,
y de repente sobran las palabras.




(*) Rescato este poema, escrito en 1992, hoy, 19 de marzo, festividad de San José y Día del Padre, en homenaje al mío.

6 comentarios:

  1. Emotivo agradecimiento a tu progenitor. Es tan importante el legado que nos dejan...Hoy sobran las palabras, porque no tienen la propiedad que deben.
    Abrazos

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  2. Precioso homenaje dedicado a quien, según se desprende de tus versos, supo transmitirte que los principios y la moral no están de oferta ni se negocian a capricho y -sobre todo- que la dignidad está por encima de muchas cosas... ¡¡feliz día del padre!!

    Un beso.

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  3. yo siempre he lamentado no tener con mi padre una sola afinidad, y posiblemente me avergüence más de lo que quisiera, reconocer que así ha sido, por eso tu poema vale el doble, porque si algo he envidiado siempre en alguien, es el respeto y el amor que se pueda tener hacia un padre.
    muy bonito antonio, el sentimiento, que rabia que esta vez, yo no sepa reflejarme.

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  4. Tienes razón, Esmeralda: hay momentos en que las palabras no alcanzan a expresar con toda propiedad y exactitud aquello que sentimos.

    Un abrazo.

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  5. Gracias, Paloma, por tus palabras. Creo que, efectivamente, mi padre puede estar bien orgulloso del legado que nos ha sabido transmitir a sus hijos.

    Un abrazo.

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  6. Gracias, bastet, por tus palabras. Poco más podría responderte.

    Un abrazo

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