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jueves, 18 de marzo de 2010

¡Qué injusta es la vida! (y la muerte, claro)

[Cementerio de Montmartre - París]

Aquel hombre contaba sus días por triunfos:
El primero en la clase, un Don Juan con las chicas,
abonado a la gloria practicando deporte,
y después empresario de talla y de talento.
Un marido modelo —según quien opinase—
y todo un ciudadano para sus convecinos.
Solamente la muerte ignoró sus virtudes.
Lo despachó de un golpe cuando estaba en la cima.

4 comentarios:

  1. Ay la vida, ay la muerte!!! ¿Dónde está la justicia? Aquí o al otro lado???
    Lo que sí es cierto es que no somos dueños de nuestro destino. Somos muñecos de guiñol...
    (Quién me diría a mí, llena de proyectos y actividades, que el sábado pasado iba a resbalar y romperme el peroné... Todo se trunca en un momento. !Qué injusta la vida en este momento conmigo! ¿O quiere la vida que pare un poco y piense que no debo correr tanto???)
    Saludos cordiales

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  2. Antonio: Sigo siempre tu blog, aunque no deje comentario, pero hoy quería decirte que siempre es bueno que nos recuerden, como con tus palabras hoy, lo efímero que es todo. Hoy estás, mañana no estás, como decía Angel Crespo en una cita de su libro "Parnaso Confidencial":
    -nunca dejes para mañana el verso,
    que muchos se levantan con los vivos
    y cenan ese día con los muertos-.

    A Esmeralda, qué por sorpresa me encuentro aquí, decirle que tenga buena recuperación y mucho ánimo para llevar esa rotura de peroné.

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  3. Esmeralda, es verdad que la vida no es justa, que va a lo suyo. A nosotros nos toca llevarla lo mejor posible y aprovechar el momento: sólo existe el presente.

    Deseo que esa lesión que has tenido evolucione como debe, y que pronto puedas estar haciendo tu vida normal. En tanto, ya sabes, aquí siempre encontrarás un café con pastas, y algunos versos.

    Gracias por tus visitas. Mejórate.

    Un abrazo.

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  4. Ana María, muchas gracias por ese seguimiento. Deseo que las visitas que haces a este rincón de verbos y penumbras te sean gratas. ¡Cuánta razón tenía el maestro Ángel González! ¡Y con cuánta sencillez lo expresaba! Aprovechemos el el presente, haciéndolo también más fácil a cuantos nos rodean.

    Un abrazo.

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