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jueves, 8 de abril de 2010

Amigos

 

                                    Aprecio mucho más lo que consigo
                                                            Que lo que tengo en mí. Quizá por eso
                                                            Me gusta tanto la palabra amigo.

                                                                   FRANCISCO CASTAÑO
                                                                De su libro Avisos y Cautelas
                                                                Editado en Poesía Hiperión, 2008

                                                              

     En uno de los comentarios que últimamente comparto con Elías Moro, tanto en  El juego de la taba como en Verbo y penumbra, Elías, con buen criterio, a propósito de la amistad, apunta: La amistad es un asidero (el otro es el amor) ante el abismo de la mediocridad al que estamos cayendo sin remedio. Hay que agarrarse a ella con las dos manos, con la boca, con el corazón. Palabras exactas que ponen el dedo en la llaga de este mundo nuestro —este abismo— en el que lo banal parece ganar terreno día a día a la conciencia, la razón y la ética.
     Pensando en ello, vuelvo a darme cuenta una vez más de que yo soy uno de esos seres —como Elías, adivino— que pueden considerarse realmente ricos en amigos, esas personas que se cruzaron con nosotros en diferentes etapas de la vida, desde la infancia hasta hoy, y que permanecen a nuestro lado a pesar de la distancia, en ocasiones; y, en más de un caso, de importantes diferencias de criterio que, sin embargo, no son impedimento para saber reconocer que es más lo que nos une que lo que nos separa.
     El amigo es generoso por naturaleza, y está con nosotros siempre que lo necesitemos, de forma que resulta reconfortante contar con ellos en las dificultades, y es doble motivo de fiesta tenerlos cerca en las celebraciones.
     Si tuviera que hacer una lista de amigos —y a pesar de lo que muchos digan, sobre eso de que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de una mano— estoy seguro de que no tendría manos suficientes. Y aunque no es cuestión ahora de ponerme a enumerar sus nombres, sí podría hablar —y ellos sabrán que son ellos— de los amigos de la adolescencia, con quienes de tarde en tarde aún comparto largas charlas, mesa y mantel; o de aquel otro de cuando un tiempo caqui, aliviado por la presencia del océano, nos llevó a padecer las mismas vivencias y a compartir una cena de Nochebuena, a base de tortilla de patata y queso de tetilla gallego, realmente inolvidable. Hablaría de los que me trajo la Poesía, tan próximos en tantos sueños, tan ahí; y de los del Equipo: amigos, quizá, con doble mérito porque nuestro nexo fue el trabajo, asunto éste que más suele separar que unir; sin embargo, después de veinticinco años, siguen presentes. Y qué fiesta cuando de tarde en tarde somos capaces de concertar una cita, comilona incluida, a la que acudimos prácticamente todos. Luego están los siempre próximos en la distancia: los que andan desperdigados por tierras de Segovia, Badajoz, Alicante... Y también, claro, los más vecinos, con los que me veo cada día; de cuyas vidas siempre estoy al corriente, como ellos de la mía. Y ese otro amigo, el último en llegar, aunque yo lo conociera antes a través de sus versos, culé recalcitrante y divertido, del que tanto aprendo.
     También hay otros más lejanos —en el tiempo y el espacio— con los que compartí buenos momentos, y a los que, por desgracia, he vuelto a ver en circunstancias dolorosas.
     Por último, están los amigos que cruzaron al país de las sombras, los que se fueron en plena juventud o madurez, con tanto todavía por vivir y soñar: amantes de las palabras, los libros, la música, el cine, la cerámica…; vivos aún en mi memoria, pero ya quietos para siempre. También los recuerdo ahora y los rescato, y me aferro a su ejemplo ante el abismo de la mediocridad…

     Y luego está el amor, que es como decir Carmen.

9 comentarios:

  1. Antonio: Gracias por tan hermosa y amistosa entrada. En casi todos los casos de amistad que comentas me veo reflejado. Y es tal como dices. Ese amigo que no ves casi nunca pero sería al que primero acudieses, los que ves todos los días, los que conociste en circunstancias muy concretas pero que permanecen desde entonces...
    Esos son los amigos de verdad, los que no te dejarían caer al abismo mientra tuvieran fuerzas para ello. Luego están "los conocidos".

    He preferido contestarte aquí en vez de en mi blog porque quería dejar constancia de mi agradecimiento en tu página.

    Un fuerte abrazo

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  2. Esta entrada, además de generosa, dice mucho de tu persona Antonio, el que tiene grandes amigos es porque hace las cosas bien, y ello nos reporta a los que te leemos una preciosa sensación de deseo por quedarnos en tu rinconcito. Con la curiosidad de saber qué hace tan especial a personas como tú. Nos quedamos sentados observando como niños para saber si existe un hueco en ese espejo que posees, por si alguno de los reflejos nos miran a nosotros y nos quedamos acomodados sin invadir, para disfrutar de la literatura, de este modo tu casa se hace un remanso de tantas emociones agradables como literarias.

    Un placer enocntrarte sin duda, en cuanto a Elías, tiene al menos en mí el poder del resorte, "una palabra suya y bastará para mover mis neuronas". Es un genio.

    Un abrazo para ti Antonio y para Elías.

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  3. Antonio: permíteme que use tu espacio para contestar a Lola, para decirle que con lectores como vosotros, es más fácil cada día descorrer los visillos de esa íntima ventana que es un blog.
    Y que se ha "pasao tres pueblos" con lo de genio.
    Genios, Lola, eran Da Vinci, Mozart, Fellini, Whitman... Gente así.
    Pero he notado todo tu cariño y por eso te doy las gracias y este beso.

    Pdta: Aunque no soy muy de gatos, divertida foto esa de los felinos colegas, Antonio.
    Elías

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  4. Gracias, Antonio, por tu generosidad.
    Sería mayor la mía en la respuesta si tuviera el tiempo de que dispone un jubiloso jubilado. Pero quiero que sepas que me siento abrazado por ti con éste envío.

    Pedro.

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  5. La amistad es una de las cosas que nos hacen especiales. Soy de la opinión de que hay que cuidar especialmente a los amigos, con los que nuestra tolerancia adquiere tintes extremos, comparados con los otros amores más cercanos. La amistad es fuerte en sentimiento, pero requiere de un cuidado infinito.
    Yo tengo suerte, Antonio, en esto de la amistad. Veo que tú también.

    Besos,
    Laura

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  6. Una vez escribí al respecto:
    ..."En todos los rincones importantes
    Estabas tú,
    Consejero y cercano,
    Agradable y cierto, dicharachero o nostálgico
    Abanicando las horas con apacible complicidad.

    Tú siempre, sombra de mis alas grises,
    De mi corazón ferviente, de mi nombre de piedra,
    Siempre tú, fiel en el camino, en el prado abierto
    De la vida, Amigo fiel de las horas todas..."

    El amigo es un acompañante imprescindible en tantas horas de la vida.

    Enhorabuena por saborear esa sensación de abandono feliz.
    Abrazos.

    (Lo de ayer fue una jugarreta de internet, que no me dejaba mandarte el comentario. Lo intenté tres veces y veo que salieron luego los tres. Enfin. Las gallinas quedaron sentenciadas y recordadas para siempre, jajaja)

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  7. Elías, Lola, Pedro, Laura, Esmeralda:

    Os respondo a todos a la vez para que esto no acabe por parecer una pastelería.

    Desde siempre se ha cantado la Amistad como algo importante: sin duda, lo es. Y, como apunta Laura, hay que estar pendiente de ella, cuidarla. Sobre todo en momentos claves. No necesita de gestos grandilocuentes, horarios ni medidas: está ahí porque es voluntad de quienes son amigos; un contrato sin cláusulas ni firmas, sin fecha de caducidad, y donde los beneficios que se generan sobrepasan los precios de cualquier valor en Bolsa.

    (Como veréis, el lenguaje de la respuesta es el que es. Será por algo.)

    Un abrazo a todos. (Supongo que no hará falta decir que también "a todas".) (guiño cómplice)

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  8. Antonio, querido compañero de rutas y vicisitudes laborales (desde aquel primer encuentro en Gálvez), después de los comentarios anteriores la verdad es que poco queda que añadir, pero quiero dejar constancia (y espero que algún otro colega se anime) del agradecimiento a que cites al "famoso Equipo" (el entrecomillado va en atención al resto de familiares y amigos que habrán "sufrido" como es de rigor el anecdotario de semejantes individuos, ríete tu de las famosas historietas de la mili), en fin, bien sabes tu de nuestra admiración hacia todos tus valores y no digamos del literario, del que siempre hemos presumido ante propios y extraños.

    ¡UN FUERTE ABRAZO AMIGO! (y hasta la próxima comilona, eh..)

    Vicente

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  9. Gracias, Vicente, por tus palabras y demostrado afecto.

    Un abrazo.

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