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viernes, 2 de abril de 2010

Canción del silencio



En el mar de los signos —el lenguaje—
venimos a perdernos cada día.
Lo mismo en las grafías que en las voces,
en los gestos que en las constelaciones,
dejamos trazos rotos, voces invertebradas
que nunca significan lo que quieren
decir, lo que pretende
que digan
aquel que las pronuncia o las escribe.
De tanto haberlas dicho, de trazarlas
en la arena desnuda de la página en blanco,
se han ido diluyendo en tinta y aire,
y apenas significan: poco dicen.
Y vienen los poetas, las exprimen,
las vuelven del revés con sus metáforas,
las desordenan a fuerza de más versos,
como si arcilla o plastilina fueran.
Pero siguen callando. O, más exactamente,
nunca es el mismo su significado
para quien las pronuncia y el que escucha.
Cuando ocurre —quiero decir, cuando el misterio
de su sentido se revela
en pura transparencia—, y puede compartirse;
cuando nos asomamos a nosotros
desde el balcón de la palabra ajena,
cobran los astros, de repente, vida.
Y entonces comprendemos que, a pesar
de las dudas, no estamos
nunca solos.
Y el silencio, lo canta.

6 comentarios:

  1. Así es, don Antonio.
    Las palabras son metamórficas, y una misma palabra cambia según quien la diga, en qué momento lo haga y a quien va dirigida. Cada palabra es como una flecha, y ésta varía de color según la intención de su autor circunstancial. Las palabras parecen siempre las mismas, pero el arquero es siempre otro.
    Lo bueno es lo que dices al final de tu poema: cuando llega ese momento de conjunción entre la palabra y el que la recibe. Y eso sólo ocurre en medio del silencio, que, efectivamente, es un silencio que canta.

    Un abrazo, poeta.

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  2. Gracias, Antonio, por tu visita. Efectivamente, como tu dices, lo bueno es cuando somos capaces de oír la canción del silencio.

    Un abrazo

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  3. Un gran poema Antonio, el poder de la palabra escrita no tendría sentido si no hubiera un receptor (lector), cuando la relación entre ambos alcanza la armonía, entonces puede ser extraordinario.

    Un beso.

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  4. Gracias, Paloma. Totalmente de acuerdo con lo que dices. De ahí que no se considere un poema terminado hasta que alguien lo lea y lo haga suyo. Cuando esa aceptación va en la misma línea que el autor, miel sobre hojuelas.

    Un abrazo.

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  5. Lo curioso, amigo Antonio (me presento y saludo a los que me lean y no me conozcan de aquellos tiempos de poesia.com), es cómo un mismo poema puede significar algo completamente distinto para quien lo escribe que para quien lo lee, tal es el grado de subjetividad que imprimimos a la poesía desde ambos lados. Curioso y fascinante resultado.

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  6. Así es, vocal. Esto lleva muchas veces a la creación de un poema nuevo que, en consecuencia y al no poder medirse el asunto con objetividad, puede resultar mejor o peor, según quien opine.

    Gracias por tus visitas. Sabes que la puerta está abierta siempre que quieras.

    Un abrazo.

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