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miércoles, 21 de abril de 2010

Crónica

 [Imagen: Purón (Asturias)   ©   A. C. G.]

 

Hace tiempo partimos hacia ningún lugar
con los ojos poblados de una memoria virgen,
y un horizonte escrito en la piel y el deseo.

Buscábamos a ciegas una tierra, un espacio
no fijado en los atlas, pero que alguien sin nombre
nos reveló en un sueño de trigales en flor.

Llevábamos las manos vacías. La esperanza,
verde como la selva y ardiente como el fuego,
despertaba en la sangre palabras como islas.

Y el mar era una duda donde cada silencio
ocultaba un cuchillo forjado por el frío,
un camino con huellas de hueco y laberinto.

Al fin hubo una tierra transparente y con agua
donde a la par marcamos los límites del gozo,
y alzamos una casa donde habita la dicha.

Ahora, el tiempo es un río sereno al que miramos
pasar desde la orilla, mientras crecen los frutos
del amor en nosotros. Y no se oculta el sol.

6 comentarios:

  1. Esas son las buenas sorpresas del camino: Uno parte con la maleta vacía, hacia un lugar que no conoce, con la esperanza de encontrar lo soñado. Et ... voilà, allí está ese mar esperanzador, que a todos nos cobija, y ese sol, y la tierra transparente.
    Muy buen poema, muy elaborado.
    Un abrazo

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  2. Nuevamente, gracias por tu atenta y amable lectura.

    Un abrazo.

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  3. Entre la partida y la serenidad siempre estarán todos los huecos de la memoria que la palabra, si es hábil, logrará acomodarse.

    Los caminos con huellas de hueco y laberinto desasosiegan, pero alimentan.

    Un saludo.

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  4. Gracias, Damián, por tus comentarios. Efectivamente, en el camino hay momentos de desasosiego y dudas, pero, como bien dices, "alimentan". Ya se sabe, como decía Kavafis, que lo importante no es llegar a Itaca, sino que el camino a ella sea rico en experiencia y conocimiento.

    Bienvenido a este rincón de verbos y penumbras.

    Un abrazo.

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  5. Los dos homenajes a escenificar, porque has hecho el guión perfecto; has escenificado de tal forma que guardo en la retina al niño Antonio, observando cómo el abuelo se rasura, mientras entona cualquier estrofa.
    Y el segundo se divisan aún esos árboles dando paso a la aventura, con final feliz.
    Enhorabuena!
    Un saaludo

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  6. Entiendo, amigo Jorge, que tu comentario se refiere a otra entrada, "Dos homenajes (22 de abril)", Gracias por tus generosas palabras.

    Un abrazo.

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