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miércoles, 28 de abril de 2010

Historia de una dedicatoria



      Resulta curioso indagar en las ferias de libros viejos y de ocasión, así como en las librerías donde se comercia con libros de segunda, tercera, cuarta mano; y más, por supuesto. Por desgracia, no tengo la suerte de poder sumergirme a menudo en estos establecimientos ni acceder a las casetas donde se ofrecen tales ejemplares. Alguna vez, sin embargo, sí me he entretenido en matar el tiempo —digámoslo así, aunque de sobra sabemos que al tiempo no se le mata, sino que, por el contrario, somos nosotros las víctimas de su alargada y silenciosa mano— husmeando como perro de presa entre libros alineados en cajas o anaqueles, con el canto a la vista, en busca de algún ejemplar, habitualmente de poemas, que acabara por compensar mis horas de rastreo. Lejos de ello, la mayoría de las ocasiones he acabado por abandonar mi búsqueda, pues nunca he gozado de la paciencia y pericia necesarias para dar con esa joya que más tarde pudiera exhibir ante las amistades; algo así como esos trofeos que muestran algunos cazadores, con el orgullo altivo de un explorador. Sólo en un par de ocasiones mi esfuerzo valió la pena. Una —a consecuencia de la cual se produjo la anécdota que comentaré— fue en una librería de viejo de Valladolid, en 1985; una librería muy pequeña, cercana a la plaza del Ayuntamiento, donde hallé algunos títulos de la Colección de Poesía Halcón, que, dirigida por Fernando González y con idéntico formato al actual de Adonais, se editó en la antigua capital del reino en los años 40. Entre ellos, la primera edición de El corazón y la tierra (1946), de Rafael Morales, donde se incluye el famoso soneto A un esqueleto de muchacha, homenaje a Lope de Vega.
      Quiero insistir, antes de relatar la anécdota a la que me refería, en el hecho de que ésta ocurrió —dato importante— en 1985, cuando yo contaba la edad de treinta años. Resulta que apenas unos meses más tarde de lograr mi libro iba a coincidir con su autor en una cena. Precavido, llevé conmigo el librito para obtener la firma del poeta, quien, al ver aquel ejemplar descolorido por el paso del tiempo, se sintió emocionado y no dudó en regalarme una afectuosa dedicatoria: Esta primera edición de El Corazón y la tierra, que encontró Antonio del Camino cuando ya tenía casi cuarenta años, se la dedico con un abrazo entrañable y con el recuerdo melancólico de mi juventud, ya tan lejana. Luego, rubricó y dató: Talavera, 27.9.1985. De un vistazo rápido, leí la dedicatoria, se la agradecí y continuamos hablando de otros asuntos. Cuando me retiré, volví a leer sus palabras y ratifiqué algo que ya había observado en mi primera lectura: según el texto, Rafael acababa de echar a mis espaldas diez años más de vida sin que por mi parte hubiera tenido la mínima oportunidad de poder disfrutarlos. No obstante, no me atreví a decirle nada al respecto, aunque sí lo comenté con un amigo con quien compartía mesa. Éste, más decidido que yo, sacó ante el poeta el tema del hallazgo, para hacerle ver a continuación la ambigüedad de su dedicatoria. Él, efectivamente, admitió que al redactarla había caído en la cuenta de que podía malinterpretarse. Para evitarlo, volvió a tomar el libro y, tras cuarenta años, añadió una llamada con la que matizó: Me refiero al libro, no a Antonio. Y volvió a firmar.

8 comentarios:

  1. Hola:
    Me has recordado una anécdota que me pasó hace un año. En algunas ocasiones, cuando en librerías no encuentro lo que busco, compro libros por internet. Pues bien, buscando obra de Aleixandre llega a mis manos, sin saberlo con antelación, una primera edición 1947 de "Sombra del paraiso" con una dedicatoria muy graciosa a Ramón, en la que le señalaba como propietario de la librería. Llamo por teléfono a la librería y hablo con un Ramón, sobrino del Ramón de la dedicatoria. Le explico lo que ocurre, entre otras cosas por si es un despiste y le interesa tener el libro y me responde lo siguiente "...era mi tio, yo no conocía esa dedicatoria, pero no se preocupe. Lo único que si lo llego a saber, no le cobro 2 euros por el libro..."
    Ummm...

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  2. La anécdota es muy simpática y el libro, una joyita.
    Yo guardo una dedicatoria de Torrente Ballester, del libro "Don Juan". En él, escribió: "Para Esmeralda, brillante como su nombre". Lo guardo como oro en paño.
    Abrazos

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  3. No he tenido (todavía)la suerte de tener un libro dedicado por su autor, pero a Píramo y a mí nos encanta bucear por los puestos de las ferias de libros antiguos que suelen poner en mi ciudad. Resulta gratificante cuando se encuentra alguna joyita (o ganga también).
    Un saludo.
    La anécdota que has contado es realmente graciosa.

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  4. Ay, Jesús, qué pena. La verdad es que hay gente que sólo alcanza a ver las cosas al ritmo del sonido de la caja. Un libro con dedicatoria de Aleixandre, y sólo piensa en que te lo vendió barato. Es lo que tiene no distinguir valor de precio.

    Gracias por compartir tan aleccionadora anécdota.

    Un abrazo.

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  5. Gracias, Esmeralda. Sin duda, la dedicatoria de Torrente es toda una joya, "como tu nombre" (guiño cómplice). Además, en una excelente novela, de las muchas suyas. Es para guardarla con el celo que lo haces.

    Un abrazo.

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  6. Gracias. Tisbe, por dejar tu tarjeta de visita. Ya lo creo que resulta gratificante cuando uno se tropieza con un libro especial; sobre todo, si encima es una ganga.

    Un abrazo.

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  7. ¡Qué gozo de libro y de dedicatoria! Hay cosas que no tienen precio... eso no lo sabía el librero de Jesús jejeje.

    Yo tengo de Mario Benedetti (ya lo conté en mi blog) y de Antonio Gala en un libro que regalé a mi hija, que es una incondicional de él, y en el que nos puso una dedicatoria preciosa para ambas.

    He disfrutado mucho.

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  8. Gracias, Luisa, por tu visita. Da gusto pensar la cantidad de "raros" que apreciamos más unas palabras manuscritas en las primeras páginas de un libro que el precio que eso mismo pudiera alcanzar en una hipotética venta. Luego están los "libreros" como el de Jesús, a quienes lo mismo les daría vender libros que bolsas de caramelos.

    Un abrazo.

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