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sábado, 17 de abril de 2010

Segundo soliloquio en torno a estos Fragmentos...



     Recordar, ¿por qué? ¿para qué? ¿para quién?
     Quien más, quien menos, continuamente hacemos uso de la memoria, ya sea por necesidad o por disfrute, por obligación o por echar mano de la experiencia y no repetir errores del pasado; por añoranza de un tiempo que sabemos ya ido, pero en el que acaso tocáramos brevemente la felicidad o por un afán introspectivo y acaso terapéutico. Y también, recordar por recordar. Por revivir momentos y experiencias, por acercar de nuevo hasta nosotros paisajes, rostros, nombres de hombres y mujeres que ya no están o pasaron por nuestras vidas en un momento determinado, que dejaron su impronta y luego cada uno siguió un camino y a lo suyo. Recordar como quien compone un rompecabezas: por el placer de hacerlo; por matar el tiempo, si se quiere. Sin prisas y sin obligaciones: aquí esta pieza, allí esa otra… hasta formar una figura, una acuarela. Así, la memoria se convierte en el tablero donde los recuerdos se ajustan los unos a los otros y en donde el rompecabezas se construye.
    Luego está compartir esos recuerdos. Para quién, y de qué modo: oralmente o mediante un ejercicio de escritura más o menos afortunado, que es lo que hago yo ahora mientras ordeno los recuerdos en estos Fragmentos de inventario que son parte de mí: del que fui y del que soy. Fragmentos de un tiempo que no tuvo por qué ser mejor ni peor; que, por supuesto, no quisiera volver a repetir, porque sé que junto a los buenos momentos que recuerdo hubo también un tiempo oscuro, un tiempo de silencio, de escasez (aunque no tanta como había habido sólo unos años antes a mi llegada), de miedos. Un tiempo que mi mente ha borrado en gran medida, como se tiende a borrar todo lo malo que, sin embargo, no se borra, sino que queda aletargado en algún lugar de la memoria y puede aflorar en un determinado momento si nos empeñamos en hacerlo. Un tiempo que mi mente, selectiva como todas las mentes, arrastra hasta el presente, envuelto en claroscuros y quizá ficciones.
     Recordar, ¿para quién? Por supuesto, para uno mismo. Y también para los nuestros, para los más cercanos, a los que acaso servirá de alguna manera nuestra experiencia, aunque puede que no les sirva en absoluto. Y recordar para los que habitaban el mismo tiempo y lugar que nosotros cuando vivíamos lo que ahora recordamos. Para esos que, de un modo u otro, podrán verse reflejados en nuestros recuerdos; los que dirán: “Yo viví eso mismo o parecido”. “También hice un álbum, o di de comer a las gallinas, o escuchaba la radio, o tuve miedo…” Desde algún lugar, esos desconocidos, por unos momentos al menos, serán parte de nuestro ámbito, seres próximos que acaso hubieran olvidado y que, con nuestras palabras, ponen en marcha también el tren de su memoria.
     Recordar como homenaje a los que ya no están y no se han ido, porque entre los recovecos del recuerdo habitan todavía, y seguirán haciéndolo en tanto recordemos.

6 comentarios:

  1. Recordar para seguir viviendo,creo.
    Abrazos.
    Alicia

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  2. Antonio: hermoso y esclarecedor texto acerca de cómo la memoria influye en nuestra vida.
    Si algún día tengo necesidad de explicar esta cuestión, acudiré a él sin dudarlo, porque yo no sabría expresarlo mejor. Chapeau.

    Un abrazo.

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  3. La memoria es el mejor antídoto contra la muerte y el olvido.
    Feliz fin de semana.
    Un abrazo

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  4. Alicia, Esmeralda, totalmente de acuerdo con el contenido de vuestro comentario.

    Elías, un regalo, tus palabras.

    Gracias, y un abrazo a los tres.

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  5. Dicen que recordar es volver a vivir...aunque a veces pareciera un poco masoquista...

    Gusto pasar por acá'

    Lily

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  6. Un placer, recibir tu visita, amiga.

    Un abrazo

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