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jueves, 1 de abril de 2010

Vida y color

    Debía de estar en segundo curso de aquel bachillerato que aún tenía las reválidas de cuarto y sexto, a las que llegaría años más tarde. Por entonces, había álbumes para todos los gustos: de películas, de futbolistas, de Nestlé (los cromos venían en las tabletas de chocolate) y de no sé cuántos temas más. De todos ellos, los de futbolistas de la liga española, entre mis amigos y compañeros, eran los más coleccionados, y el trueque de cromos estaba a la orden del día; sobre todo en los recreos, o a la entrada o salida del instituto, cuando eran habituales los corrillos en busca de los santos que a unos y otros les faltaban. Para el buen control de estas transacciones, cada cual, junto al mazo de cromos repetidos, llevaba una lista en la que tachaba los números que ya tenía o iba consiguiendo. Al final, cuando faltaba uno solo para la colección, era como si este no hubiera salido nunca de la imprenta. Ni comprando sobres ni ofreciendo a otros coleccionistas el oro y el moro, aparecía. Ahí, sin duda, estaba la ganancia de los editores de los dichosos álbumes: en emitir, no sé, un solo cromo del número 7 (pongamos por caso) por cada mil colecciones (otro suponer), de modo que siempre había un buen montón de chavales a quienes les faltaba únicamente el 7 de marras, y seguían comprando sobres que rara vez contenían el cromo deseado.
    A mí, solían darme envidia aquellos que negociaban, demandaban, ofrecían, intercambiaban esos coleccionables. La razón de tales celos, era que yo nunca coleccionaba nada; apenas me daban paga para ir al cine los domingos y comprarme un chicle, y nunca tenía ahorros para invertir en los cromos que tanto me gustaban: los de los futbolistas de primera división, que miraban a la cámara desde el terreno de juego, vestidos con las elásticas de sus respectivos equipos. Además, mis padres insistían en que aquellos coleccionables eran un sacacuartos y un engaña-muchachos.
    Hasta que apareció Vida y Color. Éste no era un álbum cualquiera. En él era posible aprender sobre plantas, animales, minerales, razas o el cuerpo humano; conocimientos ofertados de un modo atractivo y ameno. Creo, incluso, que se llegó a divulgar su lanzamiento mediante presentaciones en colegios y centros de estudios (aunque no sé si aquí me traiciona la memoria). El caso es que esto sí le convenció a mi padre y nos permitió, a mi hermana y a mí, ponernos manos a la obra con tal colección. Para ello, recuerdo que ambos renunciamos al chicle de los domingos y a más de una sesión de cine: todo esfuerzo parecía poco si por fin éramos capaces de completar el álbum, incluido aquel cromo cuádruple que nunca salía y que mostraba por delante y por detrás un esqueleto humano, con detalle de todos los huesos.

    Recuerdo los momentos de emoción que experimentábamos desde que el señor del puesto nos pasaba los sobres hasta que, abiertos, descubríamos las estampas que la suerte nos ofrecía; y la decepción de nuestros rostros, si la cosecha era solo de cromos repetidos. Y también a mi padre, empeñado en conseguir la colección, tan entusiasmado o más que nosotros, trayéndonos sobres por sorpresa o dándonos dinero extra para que los comprásemos… De esta forma, poco a poco, tuvimos el álbum completo. Bueno, todo menos el famoso cromo cuádruple. Para conseguirlo, seguimos comprando y comprando, siempre con la misma mala suerte. El mazo de repetidos aumentaba y los cambiábamos por otros, también repes, ayudando con ello a otros chavales a que fuesen completando su colección, pero la nuestra nunca acababa de cerrarse.
    Me atrevería a decir que casi habríamos rellenado un segundo álbum cuando, por fin, apareció el cromo que se resistía. ¡Qué fiesta, entonces! ¡Qué alegría desbordada! Y, al mismo tiempo, qué desencanto. No por el hecho de conseguir el cromo tan buscado, sino porque, al hacerlo, se cerraba aquel camino que con tanta ilusión habíamos recorrido. A partir de entonces, sólo nos quedaría volver a la contemplación del álbum que, de algún modo, había perdido el interés que antes tuviera, cuando aún se resistiera a ser completado: domesticado, a su modo.
    Ahora, de tarde en tarde, vuelvo a repasarlo con un punto de ensoñación y nostalgia. Como en las fotografías, hay en él un tiempo que permanece inmóvil y que, sin embargo, se agita al sumergirme nuevamente en esas páginas aún llenas de vida y color.

18 comentarios:

  1. ¡Vida y Color! Yo todavía tengo mi álbum; está ahora mismo aquí, al alcance de mi mano.
    Has descrito perfectamente la situación y los sentimientos de aquellos momentos, aquel mercadeo nervioso por conseguir los que nos faltaban. Cuando conseguías alguno de ellos, el día adquiría una rara importancia.
    La portada de mi último libro -"Me acuerdo"- está hecha integramente con cromos de esa colección.
    Gracias por el recuerdo.
    Abrazos.

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  2. ¡Todavía lo tienes! Recuerdo ese maravilloso álbum lleno de vida y color, era magnífico. Yo también lo coleccioné, lo que no recuerdo es si llegué a terminarlo o no, ni tampoco sé qué fue de él.
    ¡Qué recuerdos!
    Un abrazo.

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  3. Elías, así es. También yo conservo el álbum, aunque en la casa de mis padres, donde aún lo contemplamos de tarde en tarde, tanto mis hermanos como nuestros hijos. La verdad es que era toda una maravilla. La segunda parte que sacaron después, ya no fue lo mismo.

    Por lo que decíamos el otro día de ese espacio común de la memoria...

    Gracias a ti por estar ahí.

    Un abrazo.

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  4. Pues sí, Emilio, como le digo a Elías, aún se conserva, completito, en casa de mis padres. Las ilustraciones de esta entrada están sacadas de él, naturalmente.

    Con estas cosas, y a ciertas edades, parecemos el abuelo Cebolleta...

    Un abrazo.

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  5. No estaba tampoco nada mal, Antonio, "Vida y color II".
    Las antiguas culturas, los pueblos indígenas...
    Pero es verdad que no era lo mismo.
    Aquella colección también la hice, pero no la conservo. Seguro que en algún traslado mudó de dueño.
    Abrazos.

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  6. Es cierto que la idea que movía a la segunda parte era la misma que dio vida a la primera, pero, aunque los temas que recogía el segundo álbum también tenían su interés, no sé, los cromos yo los veía "como más apagados".

    En mi anterior respuesta, se me pasó comentarte que, efectivamente, había visto la portada de ese "Me acuerdo" tuyo que algún día me gustaría leer.

    Un abrazo.

    Un abrazo.

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  7. ¡Qué bien, Antonio! Lo has descrito a la perfección.
    El poema (ese que has comentado en uno de mis blogs)en que describo la poesía como un montón de cromos pretenciosos se refiere más a otro asunto. Esto tuyo es hermosa y cálida nostalgia, vida de otros tiempos en los que nosotros éramos distintos. Yo no conservo ese álbum pero si los dos que se llamaron Maravillas del Mundo y que venían en las chocolatinas y chocolates Nestlé. Como mi padre era pastelero y entonces se vendían los chocolates para la merienda por onzas... siempre acumulaba los cromos. No era lo mismo que rasgar los sobres que comprábamos para otras colecciones pero también tenía su aquel.
    Me sumo a la mejor nostalgia.
    Enrique

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  8. Una delicia de relato, Antonio. Yo no hice esa colección, pero recuerdo que coleccionamos unos cromos de Disney que venían con unos chicles y nos faltaban, como a ti, unos pocos. El caso es que nuestros abuelos (somos 3 hermanos, dos mellizos y uno un año mayor), nos dieron 5 duros que en aquella época eran una pequeña fortuna. Nos los gastamos en una caja entera de chicles a ver si encontrábamos los dichosos cromos. Una faena porque casi todos los de la caja llevaban el mismo cromo. No volvimos a coleccionar cromos.

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  9. Hola:

    Esa coleccción no, pero tantas otras en el cajón. La de mariposas, la de pájaros y la de perros de ¿Panrico? que ya eran en pegatina y tantas otras... Lo que me gustaba era ir con mi padre los domingos al Rastro para cambiar los repes. Y aquellas tapas del "Eko" en las quepodía venir un duro... que pocas con premio...

    Con esto de los cromos se me ha olvidado saludar.

    Saludos Antonio.

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  10. Gracias, vocal, por tus palabras.
    Es lo que tenía eso de coleccionar, que rara vez se llegaba a completar el álbum. Sólo a base de insistencia y algo de suerte, acababa por salir el cromo oculto. Buena prueba de ello es la anécdota que cuentas.

    Un abrazo.

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  11. Saludos, Jesús:

    Un placer tu visita en este rincón de verbos y penumbras. El trueque de cromos, era todo un ritual. Sin sentido alguno de la Economía, hay que ver cómo nos aplicábamos a la ley de la oferta y la demanda.

    Un abrazo.

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  12. Gracias, Enrique, por tu "aprobación" a mi comentario y, sobre todo, por la visita. Aprovecho para preguntarte (aunque no sea el escenario propicio) por los ciclos de poesía suprimidos. ¿Hay posibilidades a la vista para su reanudación?

    Un abrazo.

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  13. Acabo de ver esta entrada de blog. Fantástica.

    ¿Te puedo pedir un favor? ¿Podrías escanearlo entero para nuestro regocijo? Sería un detallazo por tu parte, si es que tienes posibilidades y ganas de hacerlo.

    Un saludo y muchas gracias por el recuerdo.

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  14. Gracias, Leanan, por la visita. Creo que puedes descargar el álbum si echas un vistazo en google. Seguramente, con mejor calidad que si yo lo subiera escaneándolo con mi equipo, no muy preparado para una acción efectiva.

    UN cordial saludo.

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  15. Gracias, Antonio. Lo intentaré. Si lo encuentro os aviso.

    Un saludo.

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  16. En Emule he encontrado el 1 y el 2 completos. Merece la pena bajárselos. Me ha emocionado ver el 1, con la parte del cuerpo humano sobre todo, y las razas humanas, pues ahí fue donde vi por primera vez cómo algunas tribus africanas se dilataban los labios o las orejas. Ya veis, ahora eso está a la orden del día, al menos las orejas...

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  17. que nostalgia....recordar cuando se hacia divulgacion cultural de ese tipo dirigida ala juventud; en ese tiempo los album's de cromos eran de una calidad ecepcional con un gran arte y un contenido de utilidad.Esto ya no se hace mas, es una lastima....

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  18. Bueno, amigo Anónimo, los tiempos cambian. A las generaciones de ahora se las gana más a través de la Play y otros instrumentos similares; y aquí, las posibilidades son variadas y para todos los gustos: cosas interesantes y también muchas otras directamente aborrecibles. Pero, en definitiva, es lo que toca.

    Gracias por la visita y el comentario.

    Un saludo.

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