Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

lunes, 24 de mayo de 2010

Mi tía Prados

      Mi tía Prados, que debería ser Prado por la Virgen patrona de mi ciudad, y que para todos era la tía Praditos, era mi madrina, y sufrió una trombosis cuando yo no tendría más de seis o siete años. Desde entonces y hasta que murió, unos años más tarde, la recuerdo siempre sentada en un sillón del que apenas se movía. Y cuando lo hacía, a duras penas, apoyada en un bastón y arrastrando los pies.  
      Era la bondad personificada y siempre llevó su enfermedad con gran resignación y ánimo. Como tenía pocas cosas con las que poder entretenerse, en su casa compraron un televisor (lo que no era habitual en aquel tiempo), y ella permanecía casi todo el día postrada frente a él, ante las emisiones en blanco y negro, la carta de ajuste o su Permanezcan atentos a la pantalla, aviso por entonces bastante frecuente y que obedecía a los habituales fallos de emisión.  
      Como vivían en un piso bajo, recuerdo que era normal, si el tiempo no lo impedía, la concentración de chavales del barrio en la acera, pegados a la ventana, al acecho de la película de media tarde o de las corridas de toros, muchas por entonces, a las que mi tío era muy aficionado.  
      Mis abuelos iban todas las tardes a verla, y los sábados que yo no tenía colegio los acompañaba sin fallar ni uno. Me gustaba oír a mi tía contarme cuentos, y también ver la película de sesión de tarde, rigurosamente autorizada para todos los públicos: Tom Sawyer, los Hermanos Marx, el Gordo y el Flaco, Charlot…; aquellas del oeste en las que los indios eran siempre los malos (la Historia está cargada de mentiras en todo tiempo y lugar), alguna de Fred Astaire y Ginger Rogers... más de una de los artistas españoles de la época, todas a base de cante y de baile. Y, después de la película, Sólo para menores de dieciséis años, donde un cura, el Padre Jesús Arteaga (creo que ése era su nombre), soltaba una filípica de las de no te menees, tiempo que yo aprovechaba para salir a jugar a la calle. Recuerdo de entonces también Cesta y puntos, programa presentado por Daniel Vindel; un concurso al que acudían alumnos aventajados de colegios de toda España, y que a mí me gustaba porque el formato se basaba en el Baloncesto, y éste ha sido mi deporte de toda la vida. También veía en aquella tele que tardaba tanto en calentarse y que, cuando se apagaba, lo hacía lentamente, hasta quedar sólo un punto blanco en el centro de la pantalla, Mi amiga Flica (no sé si con c o con k) y Rin-Tin-Tin, o Viaje al fondo del mar…  
     Toda esta memoria televisiva está estrechamente ligada a mi tía Prados, pero hay algo que todavía recuerdo aún con más emoción, incluso asombro, puesto que es un recuerdo nítido y que me llega de cuando yo sólo tenía tres años, edad con la que me operaron de amígdalas. Tras la operación, volví a casa con mis padres y me acostaron. Supongo que la paliza de la propia intervención, sumada al berrinche que cogí antes y después de ésta, hicieron que acabara por dormirme. Al despertar, a los pies de mi cama, había un regalo que me entusiasmó, un regalo de mi tía Prados. Un cuento: Peter Pan. Quizá mi primer contacto con los piratas, aquel Capitán Garfio malvado y toda la historia de los niños desaparecidos…            
     ¿Sería aquel regalo el que despertó mi amor por la literatura desde entonces?

8 comentarios:

  1. Encantadora entrada Antonio, mi abuelito fue quien inició en mí el amor a la lectura, con los cuentos que me leía y releía, recuerdo que uno de mis favoritos era El Polizón del Ulises, de Ana María Matute.

    Besos.

    ResponderEliminar
  2. Qué tierna historia!! La tía Prados, las leyendas que te contaba, las películas de aquellos días (Cómo me gustaba Viaje al fondo del mar)... Siempre hay alguien que inicia en la lectura: un profesor, un pariente... En mi caso, la figura apacible de mi abuelo, sentado en el sillón de mimbre, leyendo siempre... El montón de papeles que le rodeaba, la pluma, el secante rosa, las tizas, la pizarra, el armario de mi escuelita lleno de libros en blanco y negro que narraban historias fantásticas... Aquellos gestos me invitaron a sumergirme en el mar de las letras. Benditos años, bendita imaginación...
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Qué recuerdos más bonitos, Antonio y cómo me trae a la memoria otros de una época quizás algo anterior a la que tú relatas.
    Vivía en Navalmoral de la Mata, allá por el año 1956 cuando vi el primer televisor, claro está, a través de los cristales de la ventana de una familia morala que dejaba la persiana levantada seguramente para presumir de él ya que fue el primero, o uno de ellos, en llegar a ese pueblo. Había que adivinar las figuras porque normalmente se veían rayas y alguna que otra sombra.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Gracias por tus palabras, Eli.
    No es mala iniciación a la literatura a través de Ana María Matute. Precisamente, hace ya unos años regalé a mis hijas un libro de esta autora, "Cuentos de infancia", en el que se recoge su asombrosa producción entre los 5 y 14 años. Una preciosidad de libro, tanto en su foma como en el fondo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Esmeralda, supongo que recuerdos así, los tenemos todos. Y como he dicho por alguna parte, todos (o casi) hemos tenido alguna tía, un abuelo, alguien... que nos haya contado cuentos y por el que nos hayamos aficionado a la literatura.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Pues sí, Terly, esto que cuento ocurrió algo después del 56. Bueno, la operación de amígdalas, sólo dos años más tarde, pero mis recuerdos de la tele, alguno posterior. De todas formas, calcularlo, da algo de vértigo. Y, como he dicho en alguna que otra entrada, me da la impresión de estar comportándome como el Abuelo Cebolleta.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  7. Y en ese Cesta y Puntos participó el célebre equipo del San Juan de Dios comandado por el infatigable Pepe Pulido.

    ResponderEliminar
  8. ¡Arrea!, que dicen en mi pueblo. Pues eso sí que no lo sabía yo. Interesante descubrimiento.

    Gracias por el aporte. Un abrazo.

    ResponderEliminar