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miércoles, 12 de mayo de 2010

Otoño 1976

 

                                         Por supuesto, a Higinio, compañero de fatigas;
                                                                    y a Fernando, que nos descubró "Suso".


Aún puedo ver el mar enfurecido
en las tardes ceniza del otoño,
cuando bajábamos tú y yo a la Torre de Hércules
a evadirnos del día, con la risa
como la mejor arma contra toda
la oscuridad de entonces.
Y allí que nos sentábamos, absortos
en las fuerzas del mar, en la belleza
de sus yeguas de espuma contra el acantilado,
en el ronco rumor de su tenacidad.
El tiempo, por momentos,
parecía que fuera a detenerse,
a quedarse fijado para siempre
en la rotundidad de aquel paisaje:
eterno y a los ojos recién inaugurado;
distinto cada tarde.
Sin embargo, para desgracia nuestra,
el tiempo galopaba más aprisa
que las yeguas de espuma, galopaba
a la velocidad de los cometas,
y no se detenía,
y llegaba la hora nocturna del regreso,
y la vuelta por calles sembradas de bullicio
hacia las camaretas
oscuras y apenas ventiladas.
Entonces, confundidos
con otros uniformes y otros rostros,
cenábamos aprisa algunas tapas
acompañadas de ribeiro y sombra.
Y otra vez al redil y a los horarios,
y a esperar que otra tarde nos llamara
con las puertas abiertas al mar libre.

Parece que fue ayer... pero no somos,
amigos, los de entonces.

4 comentarios:

  1. Nuestra vida transcurre, hay momentos en los que el tiempo parece detenerse, y el sueño que tenemos se va desmoronando lentamente…

    Muy bello tu poema.

    Saludos

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  2. Otra vez al redil y a los horarios...Para poder volver a gozar la libertad y la belleza que supone el mar.
    Me dejas recordando momentos de reclusión obligada (he estado interna en un colegio mientras estudiaba el bachillerato) y momentos esperados en los que la vuelta a casa suponía el mayor de los regalos.
    Los que los hemos vivido, hemos sabido valorar, más tarde, la importancia de seres, paisajes y situaciones, que de haberlos tenido al alcance de la mano hubieran pasado desapercibidos.
    Bonito poema en que recuerdas una etapa de tu vida a la que sacaste su jugo. No me digas, de tapitas y ribeiro por la Coruña... !Menudo lujo!
    Un abrazo, amigo.

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  3. Sneyder, bienvenida a este rincón de verbos y penumbras. La puerta está siempre abierta. Gracias por tus palabras.

    Un abrazo.

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  4. Tienes razón, Esmeralda: cuando nos falta algo siempre lo valoramos mucho más al alcanzarlo; así, también, la libertad.
    Sobre el tiempo al que me refiero, al paso de los días sólo queda lo bueno: el mar, los amigos, la ciudad, las tapas y los ribeiros (y algún albariño, si el presupuesto lo permitía). Las vivencias negras quedaron atrás y ya no pesan.

    Un abrazo.

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