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sábado, 8 de mayo de 2010

Respuesta



Añoro el mar. Quizá por eso, que la noche me acerque su rumor en la respiración del propio sueño.

2 comentarios:

  1. La añoranza es una deuda que tenemos con nuestra desubicación. De ahí esas ráfagas. A mí, en la ciudad, se me vierten constantes ráfagas del campo.

    Un saludo.

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  2. Damían, coincido con tus palabras. Mar o campo, con su paisaje de calma, nos llamana de una manera u otra, ya sea en medio de la vigilia o del sueño. A veces, hasta nos salvan.

    Un abrazo.

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