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miércoles, 30 de junio de 2010

Amar y voluntad



            Amor no es voluntad, sino destino.
                        CONDE DE VILLAMEDIANA




Amar es un continuo aprendizaje
en el que apenas sirve lo aprendido.
Como tampoco sirven para el viaje

la brújula ni el mapa sin sentido
de orientación expreso del viajero
al adentrarse en lo desconocido.

Todo es provisional en un Te quiero,
pues el amor comienza cada día
y siempre cada día es el primero.

De esta forma es dichosa melodía
que surge del afán de todo amante:
mezcla de eternidad y poesía,

de tacto, exaltación, gesto galante,
y luz en una sola partitura
cómplice, pasional, vivificante.

Mas no es fácil amar. De qué lectura
se haga de tan abierto pentagrama,
depende el paraíso o la locura,

el vulgar despertar a un melodrama,
o la llama de un Himno a la Belleza,
que habrá de trascender en nueva llama.

Pero dejemos su naturaleza
de música esencial por el momento.
y coloquémonos en donde empieza

a forjar el amor su fundamento:
cuando queda el amante embelesado
y en suspenso el latir del firmamento.

Digamos que a partir de tal estado
—donde el tiempo se para o se desboca,
según diste la amante del amado

(o amada del amante), de su boca;
según la plenitud y la medida
del deseo y el celo que provoca—,

debe el amor crecer con decidida
voluntad de pasión y permanencia
para exprimir la vida con más vida.

Y así, desde la toma de conciencia
de su fragilidad, alimentarlo,
habrá de ser obligación y ciencia.

No habrá mejor manera de intentarlo
—conservar el amor— que estar alerta
a los vientos que pueden derribarlo;

conscientes a la vez de que su incierta
consistencia depende del azar,
tanto como el viajero de la puerta

que se ha abierto para él de par en par,
permitiéndole el rumbo a la aventura
que se conjuga con el verbo amar:

ejercicio de fe por la andadura
a un futuro inmediato y nunca escrito
donde no cabe la literatura

—suele acabar el tiempo con el mito
de príncipes azules y princesas
haciendo un viaje astral al infinito—;

donde, para cumplir con las promesas
realizadas, se estiman necesarias
voluntades comunes ex profesas.

El amor no se salva con plegarias,
ni con palabra bella ni engañosa.
Se salva y se defiende con las diarias

dosis de fe, con lucha vigorosa;
el amor con amor crece y florece
como florece en el rosal la rosa.

Sólo de esta manera resplandece,
ilumina el espacio y aligera
el peso del dolor cuando aparece.

Pero esto no se sabe la primera
vez que surge el amor; ni nunca, acaso.
O se sabe y se olvida y se pondera

sólo cuando la nieve del fracaso
deja en el corazón su ardiente frío,
que quema más, más cerca del ocaso;

cuando, ya en soledad, se ve el vacío
ocupado con sombra y con ausencia,
donde todo se vuelve desvarío.

En el pecado va la penitencia,
y los amantes pagan su pecado
de vanidad, o simple adolescencia.

Amar es siempre un viaje a lo ignorado
—quien no lo conoció no está completo—
donde poco valdrá lo ya ganado.

Es un aprendizaje y no hay secreto
que nadie pueda desvelar, pues cada
amor escribe su íntimo libreto

con la locuacidad de una mirada
que siempre habrá de ser irrepetible,
como es irrepetible la alborada.

Si en toda luz hay algo imperceptible
—y sin embargo, exacto— que denota
su peculiaridad inconfundible,

también en el amor ese algo brota
en el idioma que hablan los amantes:
ciencia precisa y, sin embargo, ignota.

En el amor no existe nunca el antes
y, acaso, ni el después. Sólo el ahora,
que es una eternidad hecha de instantes

que sólo entiende aquel que se enamora;
pues la vida se mide en cada gesto
que dista entre la urgencia y la demora.

Amar es no dar nada por supuesto;
y hacer de la rutina una sorpresa:
andar por el alambre, echar el resto.

Saber que no es sencilla tal empresa
y que se aprende a andar en el camino,
ayuda a hacer liviano lo que pesa.

Amar es voluntad tras ser destino.

20 comentarios:

  1. Es un tratado del amor en toda regla. Elijo estos versos como mis preferidos.

    En el amor no existe nunca el antes
    y, acaso, ni el después. Sólo el ahora,
    que es una eternidad hecha de instantes

    que sólo entiende aquel que se enamora;
    pues la vida se mide en cada gesto
    que dista entre la urgencia y la demora.


    Abrazo.

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  2. Tratado de amor, de acuerdo con Luisa...

    No te has dejado nada atrás. Es voluntad, sí, después de ser destino. Y es poner pasión cada día, y agradecimiento, y fe, y entrega, y ....
    Un abrazo

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  3. Has volcado tu experiencia y sabiduría en estos maravillosos tercetos encadenados, qué arte, felicidades.

    Un abrazo.

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  4. Arte mayor al amparo del disco de Festos y en diálogo de altura con el barroco y sabio conde. Para ponerlo todo a buen recaudo.

    Un abrazo.

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  5. ¡Vaya! Una lección poemada, un poema lección, tesis sobre el amor en verso derramada con una locuacidad poética propia del de Villamediana.

    Su verso es de esos versos que estremecen y lo seguirán haciendo, por muchos siglos que pasen.
    Tu tratado sobre el amor, se acerca más al otro amor, al de la cosecha.
    El conde iba más hacia el meollo de lo ingobernable.

    Un beso. Ha sido un placer leer esta entrada, retroceder en ella y volver y volver y pensar.

    Laura

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  6. Hola, Antonio.
    Estaba copiando unos de tus versos, y al entrar a comentarte me encuentro con que son exactamente los mismos que ha elegido la amiga Luisa:

    En el amor no existe nunca el antes
    y, acaso, ni el después. Sólo el ahora,
    que es una eternidad hecha de instantes

    que sólo entiende aquel que se enamora,
    pues la vida se mide en cada gesto
    que dista entre la urgencia y la demora.


    No entiendo de formas poéticas, pero esto tuyo es un soneto, ¿no?
    Es igual, me ha encantado, por su saber y por su pasión.

    Un abrazo, y gracias.

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  7. Cuantos misterios y caminos tiene el amor. Llegar a el no es facil, tal vez lo sea encontrarlo, lo dificil se hace mantenerlo, saber amarlo.

    mariarosa

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  8. Querido Antonio:
    Dicen los eruditos que en el disco de Festos se encuentran los orígenes del juego de la oca: "De oca a oca y tiro porque me toca".
    A veces el azar elige por nosotros, nos sale una jugada afortunada, nos plantamos. Y amar es voluntad tras ser destino.

    Un poema muy lúcido y lucido.

    Besos

    Sagrario Pinto

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  9. A veces el amor se adueña de nuestra voluntad y la pasión nos gobierna, otras sin embargo hace que la voluntad del buen querer, hace que encaminemos nuestros actos a amar.

    Que versos más honorables, me gustan Antonio.

    Un abrazo.

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  10. Luisa, un placer tu visita. Posiblemente, esos versos que indicas, sean de lo más destacable del poema (quizá haya otros). Para mí, como padre de la criatura, me quedo con el conjunto del poema, un reto "anacrónico" con el que disfruto.

    Un abrazo.

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  11. Esmeralda, efectivamente, todos esos ingredientes que mencionas, son imprescindibles para alimentar el amor. Si no, acaba quedándose en pavesas y humo.

    Un abrazo.

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  12. Gracias, Paloma. Lo de los tercetos no deja de ser un juego (también una apuesta con uno mismo). Cuando el resultado queda "presentable", merece la pena. Si no, a romper y comenzar de nuevo. No hay otra.

    Un abrazo

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  13. Don Alfredo, un placer la visita (más, sabiendo las taraes menos líricas que lo avasallan). Eso del diálogo con el "barroco y sabio conde", es todo un halago (por tal lo tomo, y lo conservo como en oro en paño). Supongo que ahondando podríamos puntualizar versos y matizar palabras: todo es mejorable. Pero, al menos, he conseguido llegar al puerto que buscaba cuando comencé la travesía del primer endecasílabo.

    Lo del disco de Festos lo he incorporado por esa capacidad de sugerencia de viaje que guarda en sí mismo.

    Un abrazo.

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  14. Laura, siempre recibo con agrado tus visitas. Efectivamente, el Amor en el señor Conde no es el mismo Amor que aquí se trata. Si algún nexo tienen mis versos con los suyos, es ese perfume a inconfundible barroco que tienen los tercetos encadenados y la cita que hago de su verso, para aplicarla a mi modo y manera. Sin duda, un excelente poeta al que leer y al que regresar (el Conde, por supuesto) (guiño cómplice)

    Un abrazo

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  15. Antonio, celebro que te haya gustado el poema, que no es un soneto sino "tercetos encadenados", forma barroca bastante en desuso hoy en día, syupongo que por la rigidez de su estructura, pero a la que a mí me gusta acudir de cuando en cuando.

    Un abrazo.

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  16. mariarosa, en primer lugar, gracias por tu visita (estás en tu casa); en segundo, por tus palabras, exactas y cargadas de razón; lo difícil es saber mantenerlo, dices. Por eso hay que estar siempre alerta; algo en lo que incide el poema:

    Amar es no dar nada por supuesto;
    y hacer de la rutina una sorpresa:
    andar por el alambre, echar el resto.

    Saber que no es sencilla tal empresa
    y que se aprende a andar en el camino,
    ayuda a hacer liviano lo que pesa.


    Un abrazo.

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  17. Querida Sagrario: lo dices muy bien, A veces el azar elige por nosotros, nos sale una jugada afortunada, nos plantamos. Y amar es voluntad tras ser destino. Yo creo que, muy posiblemente, sea el azar quien elija, mientras nosotros creemos que lo hacemos. Eso sí, una vez "plantados", hay que regar la planta para que crezca y no se seque. Así de fácil y así de complicado.

    Fue precisamente buscando representaciones del juego de la oca (lo relacionaba con el poema al tratar ambos de un viaje, cuando di con el disco, misterioso y perfecto.

    Un abrazo, en tanto nos vemos.

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  18. Lola, gracias por tu visita y tus palabras. Celebro que sean de tu agrado estos barrocos versos.

    Un abrazo.

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  19. Wow!!! Hermoso Antonio, redondo y rotundo.

    Besos.

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