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domingo, 20 de junio de 2010

Cuando escribo



Cuando escribo estoy solo, y, sin embargo,
desde mi soledad salgo a la vida,
recorro los silencios germinales,
los laberintos de la voz, la llama
que surge alguna vez, y me revela
que más allá de mí el mundo fluye.
Ajusto la palabra al propio tiempo
que vivo, a la memoria que desnudo
alrededor de mí, y me reclama
un poco de atención, o de ironía.
Detrás de esa palabra está mi rostro,
y lo que tras mi rostro reconozco.
Con la verdad ardiendo en cada verso,
o buscando verdades. Cuando escribo
procuro no fingir, aunque a menudo
sólo encuentre en mis versos la rutina
de alguien abandonado por las musas
que mide versos, sí, con cierto acierto.

10 comentarios:

  1. Bonito oficio el que nos mueve a escribir, a dar, a mostrar, a mover ideas que se resuelven en palabras, a educarlas, a presentarlas bonitas... Bonito oficio.
    Enhorabuena.
    Buen domingo

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  2. Cuando escribo, converso, con los (hu)ecos del espejo.

    Feliz día de los padres, padre de versos, concatenador de alientos.

    Besos.

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  3. Nos acompañen las musas o no, no dejemos nunca de escribir, reconozcamonos en las palabras, en los sentimientos, en los versos.
    Un abrazo.

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  4. El quid está en por qué. Por qué en esa tesitura tú y no el de al lado. Por qué contar palabras sobre el papel.

    Un beso.
    Laura

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  5. Yo no te veo nunca abandonado por las musas. Te parecerá. Escribes muy bien. un abrazo

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  6. Cierto, Esmeralda, bonito oficio, siempre que la palabra vuele libre y nunca tenga dueño.

    Un abrazo.

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  7. Conversar con los ecos y los huecos del espejo. Sí, también es cierto y en esas pasa el tiempo.
    Por aquí el día del padre se celebra el 19 de marzo, festividad de San José, pero como nunca está de más lo de celebrar, aunque sea con un día de retraso, también nos apuntamos.

    Un abrazo.

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  8. Efectivamente, Carmela, como dice Eli, conversemos con los ecos y los huecos del espejo. Como dices tú, reconozcámonos en las palabras, en los sentimientos, en los versos...

    Un abrazo.

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  9. Laura, ahí das en el clavo. Hace la friolera de más de veincinco años, escribí este poema que forma parte del libro Del verbo y la penumbra, y en el cual me preguntaba lo mismo. No me resisto a copiarlo después de tu comentario:

    ¿Quién me podrá explicar ese misterio
    del hombre ante el papel, desnudo, solo,
    en titánico duelo con la duda,
    en combate feroz con la palabra;
    qué forma, voz o sueño
    coloca al hombre solo ante la vida,
    lo desnuda de sí, de su materia,
    y lo abandona
    a su propia suerte;
    qué pócima secreta, acaso
    qué brebaje dulcísimo
    alguien hizo probar al hombre ese,
    que después de ingerirlo no hubo antídoto
    capaz de regresarlo a la cordura?

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  10. No sé, Milagros... a veces no es sólo escribir mejor o peor, es dar con lo exacto. Y ahí, por suerte o degracia, soy muy inseguro.

    Un abrazo.

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