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lunes, 28 de junio de 2010

De escritura y bitácoras

    Se comienza a escribir casi por juego —El juego de hacer versos, decía Gil de Biedma, o Por mi mala cabeza yo me puse a escribir, apuntaba José Agustín Goytisolo—. Y pronto, al paso de los años, uno comienza a darse cuenta de que el juego es muy serio; y más tarde, de que no es tal. Así escribimos, primero como un juego y luego como terapia, como vía de conocimiento, como instrumento de comunicación con los demás. Poco a poco comenzamos a mostrar aquellos primeros textos que tanto pudor nos suponía enseñar a los otros; siempre, con la esperanza de un halago, con el secreto anhelo de que esos otros se viesen reflejados en ellos, tal y como nosotros nos reflejamos en los textos de autores clásicos y consagrados que leemos con veneración. Incluso, llegamos a publicar en alguna revista, a editar algún libro, a obtener algún premio. Y lo que era sólo nuestro, deja de serlo, se convierte en materia a disposición de quienes lo deseen, que no harán de tales textos nuestra lectura, sino su lectura, y, por lo tanto, podrán opinar al respecto, criticar, aceptar o repudiar.
    Al paso de los años, y con la revolución que supone internet, muchos de quienes comenzamos a escribir hace veinte, treinta, cuarenta años, hemos aprovechado la posibilidad de esa editorial virtual que suponen los blogs para publicar puntualmente nuestras creaciones. Y no sólo para ello, también para acceder a otros autores que, de no ser por la realidad de estas bitácoras, nunca hubiésemos conocido. De este modo, comienza una nueva forma de relación entre escribientes; en ocasiones, incluso, como paso previo a un encuentro personal y de más hondo calado.
    Decía que escribimos en la bitácora que hemos creado y dejamos nuestras impresiones a los textos de otros. Y tanto en un caso como en otro confiamos en que nuestros apuntes serán germen de un buen intercambio de pareceres; origen de debates que nos enriquecerán a todos. Sin embargo, no siempre es así. La cruda realidad es que, quien más quien menos, no puede dedicar todo su tiempo al mantenimiento de tales conversaciones. Ni siquiera, a poder visitar diariamente todos y cada uno de los blogs que vamos descubriendo en esa maravillosa tela de araña que tejemos entre todos con las bitácoras favoritas de cada uno. Y hay comentarios cuya respuesta se reduce a unas líneas de compromiso, en el mejor de los casos; o a una especie de silencio administrativo que acaba por diluirse en las simas más profundas de la Red.
    De cualquier modo, con respuestas o sin respuesta, continuaremos escribiendo y abandonando nuestras palabras a la deriva, con la íntima y lícita esperanza de que lleguen a alguien —aunque sólo sea un individuo— que pueda verse reflejado en nuestro propio espejo.

7 comentarios:

  1. Soy lectora y accidentamente, he "escri-bivido", otra consecuencia feliz de una convalescencia. Durante el tiempo en que compartído con otros cibernautas, he hallado escritores que rescatan el siglo de oro, encuadernando belleza con ondas que juntan nuestras costas. Y tu ciertamente, eres uno de ellos, a quien sinceramente admiro. Un abrazo y qué viva la Poesía.

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  2. Antonio: mientras leía esta entrada -que suscribo de arriba a abajo- no he podio evitar la sensación de estar sintiendo un -otro-
    "guiño cómplice".
    Y ya sabes por qué lo digo.

    Un abrazo.

    Elías

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  3. Ese "podio" es, obviamente, podido.
    ¿Has visto? Ya me corrijo yo solito hasta las erratas de los comentarios.
    Pero no bajes la guardia por si acaso.

    Otro abrazo
    Elías

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  4. Eso es esto de internet, amigo Antonio, una red de puentes. Y por supuesto no podemos atenderlos a todos, nos falta tiempo. Pero es una maravilla que esta red exista.
    Como detalle secreto te diré que a "mi chica" la conocí a través de esta red de blogs.
    Así que... ¡Viva San Blogger!

    Un abrazo.

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  5. Eli, que viva la poesía. Y gracias por lo que me toca; demasiado elogiable, a mi parecer. Lo que sí es cierto, y hay que destacar una y otra vez, son las infinitas posibilidades de este medio que nos ha tocado conocer desde sus origenes, con sus ventajas y, por supuesto, también sus puntos negativos. Pulsemos lo que de positivo tiene, y disfrutémoslo.

    Un abrazo.

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  6. Aunque decir en "esto" demasiado nunca es demasiado, seguimos sumando. Yo, insisto, habrá que concretar ese encuentro más allá de lo virtual.

    Un abrazo.

    P.D.: No te relajes, que yo continúo alerta. Otro abrazo. (con guiño)

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  7. Antonio, tocayo, lo que yo decía: encuentro personal y de más hondo calado. Pues que no cese. Tu felicidad es contagiosa.

    Un abrazo.

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