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jueves, 17 de junio de 2010

Las edades del hombre



Con diez años, se ve con prevención
a ese señor mayor de veinticinco,
y presumimos que su edad se encuentra
muy lejos de nosotros. Sin embargo,
al cumplir veinticinco nos parece
que somos unos críos todavía,
y el tipo de cuarenta, ya un anciano.
Mas si la vida nos sonríe y damos
en la tan agobiante cuarentena,
decimos que es la edad más adecuada
—la experiencia es un grado—, y son entonces
los mayores, aquellos de sesenta.
A los sesenta, sin embargo, y aunque
los achaques surgieran hace años,
sólo son viejos quienes han cumplido
de los ochenta abriles para arriba.
Y cuando alguien apunta: ¡Qué mayores,
ya con ochenta a las espaldas!, siempre
se suele responder que, aun con goteras,
es peor no llegar para contarlo.

Y es que todo en la vida es relativo
y el tiempo un carrusel a la deriva
que a base de vivir y de engañarnos
llegamos a creer que dirigimos.

12 comentarios:

  1. Cuantas veces pensé yo eso Fernando, ahora lo leo por tí escrito, asi es que no me queda más que quitarme el sombrero delante de tí, y decirte. !Qué razón tienes!. Me ha encantado el broche final que has descrito tan bien expresado.
    Un verdadero lujo leerte.
    Un abrazo.

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  2. Bonita y sabia reflexión sobre la relatividad de la vida, de la edad en este caso.
    Pones un título muy sugerente (como la exposición del arte religioso en Castilla y León) y un cierre de libro:... "el tiempo un carrusel a la deriva..."
    Un abrazo, amigo

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  3. Amigo Antonio:

    Las edades del hombre son sus niveles de sentimiento y comprensión. Da igual tener 20 que 40, 50 que 70... Lo importante, siempre, es lo que sentimos. Y a los 50 nos puede venir una lluvia que no recibimos a los 20.
    "El tiempo un carrusel a la deriva", sí, pero en ese carrusel vamos nosotros, y eso es lo que importa. Que estamos en él.
    Lo que suceda no depende de nosotros más que en una mínima parte, pero a veces la mirada se junta con el sueño, y ve que algo vivo se mueve, y brilla, algo que deseamos hace tiempo, y esto puede pasar a cualquier edad, en cualquier momento.
    La vida, el tiempo, son caprichosos, pero nosotros también lo somos.

    Un abrazo, poeta.

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  4. Que entrada tan magnífica Antonio, esas edades apontocan nuestra historia, a veces lejos de la juventud o eternamente joven, si eternamente joven, felizmente feliz.

    Me gustó esta reflexión poética.

    Un abrazo.

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  5. Cuánta razón tienes, Antonio. Creo que a todos nos ha pasado lo que tú comentas. Es muy cierto que el paso del tiempo es muy relativo. Tu poema me ha recordado un poco a uno de Benedetti que habla sobre la muerte y cómo se percibe de diferente manera dependiendo de la edad que tengamos.
    Un saludo.

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  6. Carmela, creo que somos muchos los que alguna vez hemos pensado eso. El caso más claro que conozco sobre la relatividad con que juzgamos nuestra edad, es una anécdota que oí contar una vez. Resulta que alguien llegó algo tarde a comer a su casa porque había estado en el entierro de una persona bastante conocida en la ciudad. Al explicar las razones de su tardanza, y decir el nombre del finado, su suegro, que vivía con la familia, le preguntó por la edad del fallecido. "Noventa y dos años", contestó él, y el hombre, de esa misma edad, respondió: "Pues no era tan viejo..." Parece un chiste pero es totalmente cierto y los personajes tienen nombre propio.

    Un abrazo.

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  7. Esmeralda, lo del título, obviamente, ha sido aposta; el verso que señalas, obra del azar.

    Un abrazo.

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  8. Antonio, ¡cómo me gusta!: el amor habla por ti, no hay duda. Puedo estar de acuerdo en eso de que las edades del hombre son sus niveles de sentimiento y comprensión, pero también es cierto que en la edad, también cuenta el factor físico, y ése, por muy bien que nos sintamos espiritualmente, a veces hace la guerra por su cuenta. De todas formas, no hay duda de que, puestos ambos factores en una balanza, los dos primeros suelen tener más peso que el segundo. De ahí, posiblmente, la anécdota que le comento a Carmela.

    Gracias por estar siempre ahí.

    Un abrazo

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  9. Gracias, Lola. Veo que mereció la pena lanzar el poema, sólo para disfrutar de vuestros sabios comentarios.

    Un abrazo.

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  10. Tisbe, no lo había pensado, pero ahora que lo comentas, sí puede haber algún paralelismo con el poema de Benedetti. Gracias por la aportación.

    Un abrazo.

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  11. Estaciones de un ser que se niega a morír y prefiere "madurar". Esribes tan bien, que definitivamente llegas.

    Saludos afectuosos.

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  12. Gracias, Eli. Quizá, más que escribir bien, es, simplemente, que caminamos por caminos similares.

    Un abrazo.

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