Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

domingo, 25 de julio de 2010

Al di Meola (fin de fiesta)


Era Al di Meola. La luna lo sabía
y no quiso perderse su concierto.
Tampoco las cigüeñas, que guardaban
un discreto silencio.
Lo sabía la noche, iluminada
por la llama carnal de los arpegios.
Lo sabíamos todos los presentes,
entre el asombro y el recogimiento.
En medio de la noche, una guitarra
y la magia de un hombre con mil dedos.
¿Qué misterio los mueve con tal fuerza,
con tanta precisión y tanto genio?
La respuesta, tal vez, amigos míos
esté, como otras tantas, en el viento.

2 comentarios:

  1. Así fue la noche: luna llena, blanca rosa de piedra colegial, cigüeñas atentísimas (hasta parecía que llevaban el ritmo en sus por otro lado leves y breves crotoreos) y el prodigio de las manos de Al Di Meola (¡finalmente le costó decir adiós!) extrayendo agua fresca del brocal de la guitarra española, a la que comenzó dando las gracias (bueno, más bien a España, por haberla creado). Más o menos a la misma hora (según leo en los periódicos), Paco de Lucía "hacia hablar a su guitarra" en tierras de Córdoba. Ojalá (que es grande y poderoso) algún día pudiéramos ver en vivo siquiera algunas frases de un nuevo diálogo entre maestros.
    Excelentes tus crónicas ritmadas de esta octavo festival talabricense de jazz; transmiten la atmósfera y contienen imágenes certeras como rasgueos de guitarra, sugerentes como solos de saxo. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Alfredo. Todo el Festival fue un verdadero disfrute. La actuación de Al di Meola, en buena compañía, fue (permítaseme el tópico) "el broche de oro".

    Un abrazo.

    ResponderEliminar