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sábado, 17 de julio de 2010

En resumen...



Hay veces que me pongo trascendente
y escribo de la muerte y del amor,
del silencio, del verbo, y del clamor
de la noche que horada el inconsciente.

Pero, también, hay veces que mi mente
juega con la palabra con humor,
de modo que el poema es un rumor
que huye de lo esencial y lo ascendente.

En quien escribe entonces y en quien traza
esos versos menores, me completo.
Y en ambos soy aquel que va de caza

por la palabra, con el solo reto
de conjurar el tiempo que amenaza.
Me sirve un madrigal o un cocineto.

2 comentarios:

  1. En tu poesía, siempre encuentro, un manjar para el adviento, olores, sabores, recuerdos, servídos con gusto excelso. A veces cato en silencio, tempraníllo de tus versos. Y mi alma, con tus verbos, también ha ganado peso, pues tus dotes son un premio, para quienes te leemos. Pues sin ser un cocinero, en tus manos hay pan fresco y escanciado sentimiento.


    Besos amigo mío.

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  2. Más que en mi poesía, creo que debe de ser tu buena predisposición hacia ella. Cuanto obtienes de su lectura, ya está en ti, tú la re-creas.

    Un abrazo.

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