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jueves, 8 de julio de 2010

Tiempos de guerras



Cuando yo era un muchacho todavía,
los mayores hablaban de la guerra
con gran cuidado y siempre en voz muy baja,
con el recelo propio de unos tiempos
en los que las palabras podían ser delito.
En la mesa,
con mi hermana y conmigo de testigos,
el tema era tabú.
                           En todo caso,
hablar de ella —de la guerra, digo—
delante de nosotros, era sólo
para aportar un referente:
                                        Aquello
—se decía— fue antes de la guerra.
O quizá: Cuando volvimos,
apenas terminada la contienda…


Yo, que entonces leía historias de guerreros,
quería que me contaran mucho más.
Como si el tiempo aquel
del que hablaban mi padre y mis abuelos
hubiera sido un tiempo imaginado
lleno de héroes y villanos
—en realidad, lo fue; mas de otra forma—
que valiese la pena rescatar.
Al paso de los años,
y sumando fragmentos robados a mi padre
de unos recuerdos que no quiso nunca
volver a recobrar, fui descartando
aquella idea heroica que tenía
de lo que fue la guerra —nuestra guerra
y maldije también, como mi padre,
toda conflagración entre los hombres.

6 comentarios:

  1. Siempre traes a tu blog, retazos de otros tiempos. Haces que eche atrás la mirada a una España que nadie tiene que ver con ésta. Me ha gustado.
    Un abrazo

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  2. Haces bien, desde luego.

    Y me dejas pensando: ahora que está disputándose la Copa del Mundo, ¿no es otra forma de guerra, sublimada y disfrazada de fiesta?

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  3. En mi casa se hablaba de la guerra también, de otra forma diferente a la tuya pues seguramente en mi familia se vivió también de otra manera. Es lo que tienen las guerras civiles, que nunca hay un enemigo común, todos pueden ser tu enemigo y ninguno tu aliado, afortunadamente aquel tiempo ya pasó.

    Lo que me ha encantado es ver esa portada del cómic de "hazañas bélicas". Mi padre los compraba cuando yo apenas había empezado el colegio. Con 6 o 7 años los pillaba y los leía con fruición. Un día las monjitas del cole nos dijeron que nos lleváramos los cuentos y los tebeos que estuviéramos leyendo en casa para leerlos en clase de lectura. Yo me llevé tan contenta mi revista de hazañas bélicas, cuando me la vieron, a medio leer, la confiscaron inmediatamente y llamaron a mis padres. Recuerdo haberles visto muy serios hablando con la monjita y asintiendo. Les dijo que no eran lecturas recomendadas para una niña de 6 años. Yo no entendía porqué yo no podía leerlas ¡si las leía mi padre! Total, que desaparecieron de casa. Bueno, no fue un drama, a cambio aparecieron más tebeos de Asterix, y comenzaron a aparecer LOS LIBROS. Libros de todo tipo, de Guillermo Brown, de Los cinco, de Salgari... hasta que un día, con 11 o 12 años pillé "El mono desnudo" de Desmond Morris, y me pillaron a mí leyéndolo. Así me enteré de cómo nacían los niños justo antes de que se repitiera la historia y me lo volvieran a confiscar. A partir de entonces empecé a cultivar la fea costumbre de esconderme debajo de la cama para leer con un flexo.

    En fin, amigo. Vaya rollo te he soltado a cuenta de los tebeos de guerra. Es que me ha traído muchos recuerdos, gracias.

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  4. Gracias, Carmela. Afortunadamente, en muchos aspectos, aquella España ya no existe. Me alegra que te gustase.

    Un abrazo.

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  5. Lirio, interesante cuestión la que planteas. Aunque, sinceramente, uno, que en su juventud practicó deporte, nunca entendió éste como una forma de guerrear y sí de competición sana y como vehículo de buenas relaciones (de hecho, tengo grandes amigos que vinieron a través del deporte). Creo que para los deportistas, la cuestión no va más allá de la lógico y lícito interés por la victoria. Otra cosa ya es el tratamiento informativo, y los propios aficionados que, como ante cualquier otra cuestión, pueden ver la competición con calma, pasión o fanatismo... En general, el mundial está siendo bastante deportivo y no habido tánganas sonoras, como puede haber ocurrido en otras ocasiones. En resumen, no creo que se pueda ver como otra forma de guerra "subliminada y disfrazada de fiesta"; aunque, claro, es sólo mi opinión.

    Un abrazo.

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  6. vocal, interesante ese recorrido tuyo hacia la lectura, con sus "estacionamientos en prohibido" y demás. También yo comencé leyendo tebeos de todo tipo, aunque debo decir que particularmente, los de Hazañas Bélicas, no me hacían mucha gracia. Prefería los de El Capitán Trueno, El Jabato, El Delfín Negro..., todos los de aventuras situados en épocas remotas, edad media, etc. y, por supuesto, las historietas de Mortadelo, Rompetechos, Agamenón, y tantos otros... Mi padre un día, cansado de verme con tanto tebeo, comenzó a comprarme libros. El primero, lo recuerdo muy bien, fue uno que se titulaba "Cuentos Árabes". Después vino Julio Verne, Salgari, Mark Twain, y, sobre todo, "LA ISLA DEL TESORO" (así, todo con mayúsculas); cualquier día, me doy el gustazo de volverla a leer. Creo que después de más de cuarenta años de mi primera lectura, no me defraudaría.

    También yo me he enrollado... Lo que digo, a veces parecemos el abuelo Cebolleta...

    Un abrazo.

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