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domingo, 8 de agosto de 2010

La isla del tesoro


[Imagen: Fotograma de LA ISLA DEL TESORO, película dirigida por Victor Fleming en 1934]

     Si tuviese que decidirme por una novela de cuantas he leído, posiblemente, y a pesar de lo complicado del asunto, la elegida fuera La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. No sólo por la calidad literaria que la avala, destacada y reiterada en las muchas reseñas recibidas desde su publicación, sino, sobre todo, por cuanto su lectura me supuso de deslumbramiento y emoción.
     Cierto que no era la primera historia de piratas que leía. Lo había hecho multitud de veces antes, pero no en un libro de un autor reconocido en el mundo entero sino en los tebeos que en mi infancia se publicaban con periodicidad semanal, y a modo de folletín para chavales. Por tanto, de piratas, ya sabía algo. Sin embargo, la magia del texto no estaba tanto en aquellos piratas que ansiaban el tesoro y tramaban la manera de conseguirlo como en la forma en que éstos y los demás personajes del relato eran mostrados: su relación entre ellos, el valor de la amistad, del honor, de la responsabilidad…; la avaricia, la traición, el egoísmo...; luego estaba ese pirata con corazoncito, John Silver El Largo, que a pesar de su maldad acaba por hacerse simpático, y el joven Jim Hawkins, con el que, naturalmente, me identifiqué durante mi lectura y aun mucho después, cada vez que jugábamos a los piratas en la calle. Y estaban también la propia isla, Ben Gunn, y La Española o La Hispaniola, el barco que navega los mares hasta la isla del tesoro. Todo ello formaba un universo imanador que a pesar de los años de mi primera lectura todavía me acompaña.
     Puede que entre las muchas lecturas que uno va acumulando con los años haya textos con más enjundia, más bellos, más sutiles o profundos; posiblemente. Pero ninguno ha habido que más me haya emocionado y más haya vuelto a mi memoria pasado el tiempo. Además, ante la pregunta tonta de todos los veranos, sobre cuál sería el libro que te llevarías a una isla desierta, ¿por qué no uno que habla de islas y, además, de tesoros, cuando los tesoros no sólo son los que se guardan en un cofre?

2 comentarios:

  1. "Los tigres de Mompracem" me chiflaban. Pero nada como "Beau Geste" y sus secuelas "Beau Ideal" y "Beau Sabreur", anda que no soñé yo ni nada con la Legión Extrajera, creo que la primera la leí tres o cuatro veces. Otro de los libros que no olvido es "Las cuatro plumas". De ahí debe venir mi vena guerrera, de tanta novela.

    Gracias amigo por hacernos recordar.

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  2. Ay, vocal, aquellas lecturas... Por mucho que continuemos leyendo, pocas veces volveremos a sentir aquel inaugural placer de la aventura abierta de los libros; en cualquier caso, siempre amigos y hospitalarios.

    Un abrazo.

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