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sábado, 14 de agosto de 2010

Soneto para mi abuelo



Me sumerjo en las aguas cristalinas
de tu recuerdo: cuando el mundo fuera
una incipiente y clara primavera,
y yo, su explorador por las esquinas.

Recuerdo las visitas vespertinas
al corral interior, donde la higuera
aguardaba la luz de la manguera:
líquida luz en rotas serpentinas.

Y rememoro aquellas matinales
de la Banda de Música el domingo,
y tu asombrosa y firme ligereza.

Y regreso contigo a los umbrales,
abuelo, de mi infancia: aún distingo
al niño aquel probando la cerveza.

Y sé que estás aquí, aunque te fuiste
un día en mayo, de recuerdo triste.

6 comentarios:

  1. Y doquiera esté, lo haces sentír muy feliz. Pues has conservado en tí, su ágil manera de ser.

    Besos.

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  2. Espléndido soneto, amigo Antonio. Qué bien cuadran el ritmo y el sentimiento, como si el uno llamara al otro y viceversa.

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  3. ¡Qué sería de nosotros, amigo Antonio, sin la memoria y la ternura!
    Precioso soneto.

    Un abrazo.

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  4. Eli, puntual como siempre y siempre generosa. Él está aquí, mientras andemos quienes lo conocimos y lo amamos. El soneto es sólo la forma de confirmar esa presencia.

    Un abrazo.

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  5. Gracias, Al. Como te digo en la otra entrada, se agradece la visita que, la verdad, me ha sorprendido gratamente. Celebro que el soneto merezca tu aprobación, dada tu pericia en ellos, aunque últimamente, por lo que veo entre las fresas, no te prodigues con ellos.

    Un abrazo.

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  6. Dos palabras hermosas, Elías: "memoria" y "ternura". ¡Ya lo creo!, ¿¡qué sería de nosotros!?

    Gracias por tu consideración.

    Un abrazo.

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