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domingo, 26 de septiembre de 2010

En la amistad

     Llevo alejado del blog una semana. Unas veces por asuntos domésticos, otras familiares, y otras, simplemente, porque no sabía qué mostrar, el caso es que ahí quedó ese soneto, que bien podría haber titulado también “Albada”, a modo de puntos suspensivos y a la espera de que una nueva entrada abriese otra vez las puertas a la normalidad. Sin embargo, tampoco puede decirse que haya estado mano sobre mano. Durante estos días he escrito un poema que me apetecía especialmente: un romance, para ser más exacto. Destinado a una buena amiga que recientemente cumplió la redonda cifra de 50 años, fue Carmen quien apuntó que por qué no le escribía algo, y como ya rondaba en mi cabeza la idea, me puse a ello. Y el romance salió, más o menos, como quería que saliese.
    En estos tiempos, donde todo sucede a velocidad de vértigo y en los que el mundo, tal como algunos se empeñan en que sea, parece querer alejarnos de las cosas realmente importantes, nuestra amiga pensó que era un buen momento para celebrar el cumpleaños dándolo el realce que la cifra merece, de modo que organizó una fiesta —celebrada ayer— donde reunió a familiares y amigos. Con la excepción de contadas ausencias sobradamente justificadas, la respuesta fue unánime y la velada, emotiva y enriquecedora. No sólo para la del cumple, como pudiera parecer obligado; también para todos los asistentes, que compartimos unas horas de amistad y risas, en las que no faltó un karaoke pensado para la ocasión —emocionante la interpretación a coro de todos los presentes del Himno a la Libertad, de Labordeta— ni la proyección —tras algunas dificultades técnicas— del montaje fotográfico realizado por Miguel, el primogénito de Lidia, nuestra amiga, en el que se recogían imágenes de su vida.
     Por mi parte, pensé que además de leer el poema—un brindis por la homenajeada—, estaría bien podérselo ofrecer adecuadamente presentado, como un regalo más de los que recibiría. Así, comencé a diseñar el formato (17 x 12 cms), elegir las fuentes (onyx de 18 pts. para el texto y Rockwell Condensed de 9 pts. para el colofón), seleccionar el papel (Gvarro de 185 gr/m2; color crema para el poema y marrón para la carpeta y estuche)... Una vez maquetado, imprimí el texto en páginas independientes y las recogí en una carpeta con la portada troquelada, a través de la cual es posible leer el título impreso en la primera página del poema. La carpeta, a su vez, encaja en un estuchito del mismo color.
     Así he pasado buena parte de mi tiempo la última semana, y creo, sinceramente, que el resultado mereció la pena. Como prueba, acompaño imágenes de la edición artesanal de dos únicos ejemplares. Sin embargo, y a no ser que la interesada me dé expreso permiso para hacerlo, no mostraré el poema en esta página, pues, a fin de cuentas, no deja de ser un regalo personal del cual es única propietaria. Sí dejo, en cambio, algunas instantáneas del encuentro. Todo, como prueba fehaciente de una noche de amistad y buenas vibraciones.

5 comentarios:

  1. Me alegra encontrarte de nuevo Antonio. Seguro que el regalo fué recibido con toda le emotividad y la ilusión que tiene el recibir un poema . Yo sin embargo hago ya públicos los regalos ajajjajaja. Sin pedir permiso a mis amigos. Tu manera de actuar me cuestiona si es mejor darlos en privado.jajajajajaj. Bueno que me alegra mucho todo.

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  2. Genial el regalo, la fiesta, tu regreso...
    Un abrazo

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  3. Milagros, Esmeralda: gracias, una vez más.

    Un abrazo.

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  4. He disfrutado del verde de tus versos y de los verdes cincuenta de Carmen, quien luce estupenda en la foto. Enhorabuena para ambos y que viva la amistad, por que la poesía es a f=n de cuentas eso, amistad y celebración.

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  5. Gracias, Eli. Sólo un matiz, los 50 no eran de Carmen, sino de una amiga.

    Un abrazo.

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