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martes, 14 de septiembre de 2010

Pesadilla

 [Imagen: tomada del blog: El Adarve, editado por Francisco Rodríguez Criado]

     Espectador tan solo, sin ningún poder de decisión, observabas el ir y venir de las palabras. Se rebelaban contra todo, y desde su arquitectura mágica de tinta se hacían a sí mismas. Iban llenando folios a su antojo, libres transitaban por las páginas. Y los diccionarios, sabia imagen del orden, se convertían en el rostro del caos.
    Cruzaban jotas como alfanges al lado de uves como abismos, y las oes, como aludes inmensos, arrastraban a eses y emes locas.
    Tomaban tus cuadernos. Y la estilográfica se hacía su aliada y llenaba de borrones las páginas viejas: borrones como agujeros negros que devoraban todo, que destruían tus textos, pero también —y esto era más grave— los libros antiguos, los sagrados, los incunables: una destrucción inexorable que condenaba al hombre a la más absoluta desmemoria.
    Confiabas en que, de alguna manera, libre de la parálisis en que estabas sumido, detendrías aquella oscura y triste vesania de las letras, que todo lo devolverías a su sitio. Sin embargo, allí quedaste, inmóvil: sólo un sudor helado por tu frente, un hormigueo extraño por tus manos, un reloj desbocado por tus venas; únicas pruebas de tu visión apocalíptica, de tus presentimientos temerosos.
    Así te debatías en ese oscuro campo de batalla, en medio de una densa y asoladora niebla. Fue necesaria la desquiciada campanilla del reloj, el ruido ahogado de las cañerías, el lento despertar de la calle. De esta manera regresaste a lo que aquí se mide con la lógica. Respiraste tranquilo. Comenzaste tus actos cotidianos: el aseo personal, el desayuno... A punto de salir de casa te volviste, tomaste un grueso tomo de las estanterías, lo abriste y en las primeras hojas, con avidez, buscaste. Allí estaba: perfecto, luminoso. Como siempre lo habías encontrado, sin que ninguna señal hiciese presumir su destrucción. Lo volviste a leer con gozo antiguo: En un lugar de la Mancha... Y saliste a la calle reconfortado, convencido de que el oscuro baile de manchas y agujeros era un sueño tan solo, una inquietante pesadilla que cada noche vuelve: puntual, implacable. Y que el miedo te impide traducir.

10 comentarios:

  1. Excelente, poderoso, este poema en prosa (¿o prosa rítmica?) que da cuenta de un vértigo que, me parece, no sólo ocurre con los ojos cerrados. Y sutil y reconfortante el homenaje al Libro-clave capaz de conjurar el desorden y de reconducir el oscuro baile de sombras y agujeros. El final, turbador, magistral porque no deja que el cuento acabe sino que lo funde con la propia vida. Me ha encantado.

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  2. ¿Rebelión de las letras contra la literatura Kitsch? Un relato divino. Saludos.

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  3. Manual para navegar en la tinta sin perderse, este ensueño despierto que despierta en el sueño o la vida que es el mundo de las letras.

    A mi me ha encantado. Claro que vengo de auscultar todo ese turbión de poemas que, como al inabarcable Lope (al que vengo de leerte donde Alfredo), te surgen de forma natural... "Hoy, un arroyo compañero y claro"

    ¡Quien pudiera encontrar esa asidua complicidad con el poema!

    Un abrazo amigo

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  4. Maravilloso relato de envites, sacudidas interiores, indagaciones, caminos de ida y vuelta... Final digno y templado: la marejada se aplaca, las letras están donde merecen. El loco quijote ha vencido otra batalla.
    Un abrazo

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  5. Antonio:

    "Las palabras bailan en su propia música, ajenas por completo al ruido de afuera".
    Ellas siempre están donde deben; somos nosotros quienes nos empeñamos muchas veces en sacarlas de sus casillas.

    Pdta: Otra coincidencia más, Antonio: Fran Rodríguez Criado es también un buen amigo mío.
    Y ahora, precisamente, estoy leyendo un estupendo libro suyo de relatos, "Siete minutos".

    Abrazo.
    Elías

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  6. Gracias, Alfredo. Me alegra saber que este fragmento onírico te satisface. Ante la falta de producción que últimamente me acompaña, lo rescate del baúl de los recuerdos. Me llamó la atención releerlo.

    Un abrazo.

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  7. Gracias, Eli. Generosa, como siempre.

    Un abrazo.

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  8. manlotel:

    ya comenzaba a preguntarme qué sería de ti por esos mundos. ¿Cómo van esos "caminos andados"? Gracias por la visita y los comentarios. No veas cómo he disfrutado ese soneto dejado en la posada. Uno se ve un poco raro paseando por tales versos. Pero, como diría Gila: "... pero me reído..."

    Un abrazo.

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  9. Esmeralda, qué sería de nosotros si algún día desaparecieran todos los libros... Menos mal que, aunque hay mucho ser por ahí dispuestos a la pira, somos más los que los vemos como lo que son: verdadero tesoro de conocimeintos.

    Un abrazo.

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  10. Elías, de acuerdo con tu apunte sobre las palabras. En cuanto a la imagen, tomada del blog de Rodríguez Criado, fue una de esas casualidades halladas en la Red. Buscando ilustración, topé con ella y descubrí una bitácora interesante.

    Un abrazo.

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