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jueves, 4 de noviembre de 2010

En caída libre

Esta mañana, en el espejo, no me miraba yo. Me contemplaban los ojos de otro tiempo, quizá tango, envueltos en papel de celofán. Una mirada que yo desconocía. Sonó un despertador por el patio de luces. Sonó y sonó y sonó… Y nadie regresaba desde el sueño para acallar su grito. Los ojos me miraban del otro lado del azogue. Yo me hundía en la neblina: interrogante, ávido de luz y de respuestas. Calló el despertador y todo fue silencio. No supe interpretar lo que los ojos quisieron transmitirme. Una vez en la calle, lo adiviné de pronto. O quizá no. Quizá fue que soñaba todavía, náufrago entre la bruma de mis ojos, que seguían preguntando.

 

4 comentarios:

  1. El espejo suicida suele matar al sueño equivocado. Mil besos.

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  2. Curioso: esta mañana, al despertar, también oí sonar y sonar un despertador. Era mi móvil. Al contestar, me di cuenta de que estaba soñando con la persona que me llamaba (bueno, no exactamente con ella, más bien con su "cargo"). El mundo de los sueños que suenan y el de los despertadores que ¿sueñan? Una ráfaga lúcida, Antonio. No sé si el título la orienta bien, tal vez le ponga demasiado plomo en las alas. Porque la letra, las imágenes, el ritmo... reconfortan. Como la música de Schumann. Un abrazo.

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  3. Uf, Eli, todavía doy vueltas a tu frase. Y sí, seguramente sea cierto lo que expresa.

    Mil abrazos.

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  4. Acaso, Alfredo, tengas razón y el título de la ráfaga sea demasiado rotundo. Sin embargo, la ya tópica imagen de la caída dentro del propio sueño estaba presente en ese despertador incansable y en las preguntas de los mismos ojos. Schumann pensé que vendría bien. Si no para reforzar mis palabras, sí para poner serenidad a la entrada. Todo una belleza su "Carnaval".

    Un abrazo.

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