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lunes, 8 de noviembre de 2010

Gran Café

[Imagen tomada de http://www.franquiciaseuropa.com]


          Me entero por el blog de Álvaro Valverde que cierran el Gran Café de Cáceres. A raíz de ello, apunta algunos recuerdos relacionados con tan emblemático lugar. Y yo, al leerlo, también pongo en marcha la memoria y me recuerdo, allá por el otoño del ochenta y tres, sentado en uno de sus veladores cada tarde, desde las cinco a las siete o las ocho, consumiendo más de un café o algún brandy (entonces uno todavía podía disfrutar de tales licores) y escribiendo gran parte de los poemas de Del verbo y la penumbra, que en 1984 obtendría un accésit de Adonais.

          Años después, las pocas veces que he visitado Cáceres, no he dejado de pasar por allí, ya fuera para degustar un café o tomar unas cañas. Ahora sé que la próxima vez ya no será posible disfrutar de su ambiente, su música de jazz (al menos era lo que sonaba, junto a la clásica, por entonces), sus cafés... Pero andará conmigo y lo recordaré también como ese lugar en que escribí unos versos.

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