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lunes, 8 de noviembre de 2010

Zocodoversos, poetas en Toledo



Hace ya unos meses —demasiados como para que no hubiera acusado recibo de él en este rincón de verbo y penumbra, si no fuera porque asuntos familiares han requerido este tiempo mi mayor dedicación— encontré en el buzón un libro, Zocodoversos, poetas en Toledo, firmado por Santiago Sastre Ariza. Se trata de una —en palabras del propio autor— Antología injusta, pues él mismo avisa en el prólogo: “… me parece justo reconocer de antemano que en esta antología hay una inevitable dosis de injusticia. ¿Por qué? Pues porque no están todos los que son. Es decir, en esta antología no figuran todos los poetas que tienen alguna relación con Toledo. Ahí está la labor del antólogo de establecer un criterio que permita en lo posible justificar (es decir, tratar de hacer justa) la selección de autores.” Advertido esto y tras reconocer que en la selección “ha influido el criterio afectivo”, porque “… no era mi intención hacer un elenco objetivo sino otra cosa: mi selección…”, Santiago da cuenta en su introducción, uno por uno, de los autores seleccionados: 20 poetas relacionados de alguna manera con la capital castellano-manchega, ya sea porque han nacido en ella o en su provincia, o porque, de una forma u otra, estén próximos a la ciudad de Garcilaso. De los autores seleccionados, solo cuatro son mujeres, Pilar Bravo (Toledo, 1966), María Luisa Mora (Yepes, 1959), María Antonia Ricas (Toledo, 1956) y Beatriz Villacañas (Toledo, 1964); los otros dieciséis, varones, van desde José Carlos Gómez Menor (Toledo, 1929), decano de los antologados, hasta el propio Santiago Sastre (Toledo, 1968), el más joven del grupo. También nacidos en la capital, Francisco Payo (1952) y Ángel Villamor (1947).  Completan la selección: Miguel Argaya (Valencia, 1960); Amador Palacios (Albacete, 1954); Miguel Ángel Curiel (Korbach Waldeck – Alemania, 1966); Mario Paoleti (Buenos Aires, 1940); Miguel Ángel Pacheco (Badajoz, 1967); Joaquín Copeiro (Trasierra – Badajoz, 1949); Miguel Ángel Martínez (Cuenca, 1966); Antonio Illán (Los Navalucillos, 1953); Jesús Maroto (Villafranca de los Caballeros, 1958); Jesús Pino (Villarrubia de Santiago, 1947); Francisco del Puerto (Los Navalucillos, 1949);  y Antonio del Camino (Talavera de la Reina, 1955).
Las palabras que Santiago Sastre dedica a cada uno de los autores son cálidas y cercanas, y contienen una certera mirada hacia sus respectivas poéticas, abriendo con este libro las puertas a la curiosidad de aquel lector que quiera acercarse más ampliamente a una obra determinada.
No es —como el autor se encarga de advertir— una antología al uso (yo mismo echo en falta voces como las de mis compañeros de aventura en La Troje, Alfredo J. Ramos, Antonio Rubio o Sagrario Pinto, por ejemplo); es, simplemente, su selección. En ella, ha tenido mucho que ver el sentimiento de amistad, y acaso esto pueda causar prejuicios en algún posible lector. Sin embargo, y aunque quizá esta afirmación no me corresponda a mí decirla al figurar yo mismo entre los elegidos, aquel que se adentre en estos Zocodoversos no saldrá defraudado. Es tal la variedad de voces y poéticas que —estoy seguro— más de una será de su agrado.
Por último, mi felicitación a Santiago Sastre por el trabajo realizado, y, personalmente, mi gratitud por haberse acordado de mí en este florilegio de voces y de sueños.

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