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viernes, 29 de enero de 2010

De ir viviendo...

[Imagen: Atardecer ©  A.C.G.] 


De ir viviendo la vida se desgasta
lo mismo que la luz que el sol no dora.
Como, además, no es nada previsora
jamás sabremos cuándo dirá: Basta.
Pero mientras la vida siga viva,
será nuestra mejor alternativa.

Y si muere la vida en vida, y nada
le da sentido a su latido incierto,
que quede la memoria iluminada
por nuestro paso a corazón abierto.
Y si ha de ser, al fin, ésa la suerte,
que venga sin estrépito la muerte.

martes, 26 de enero de 2010

Antídoto


 [Imagen tomada de la Red: www.educa.madrid.org]

A veces nos traicionan las palabras,
que muerden como perros, o destilan
venenos que se adentran en las venas
y contaminan nuestro corazón.

Menos mal que el amor tiene el antídoto
capaz de doblegar tanta ponzoña:
la mano, siempre abierta. Y nuestro abrazo
dispuesto, generoso, hospitalario.

domingo, 24 de enero de 2010

Cualquier tiempo pasado fue peor

Sólo porque lo descubrí el otro día, y me apetece compartirlo... con quien lo desee, claro.


Está bien lo de pensar que somos más jóvenes ahora...

viernes, 22 de enero de 2010

"Calígula", de Albert Camus, por la compañía "L'Om Imprebis"



[En la magen, Sandro Cordero, en el papel de Calígula.
foto tomada del diario digital laverdad.es, de Albacete]


El pasado día 17, en el Teatro Palenque de Talavera de la Reina, tuve el placer de asistir a la representación de Calígula, de Albert Camus, en montaje de la compañía L'Om Imprebís.

Alzado el telón, no hace falta esperar mucho para darse cuenta de que no saldremos defraudados. No hace falta esperar nada. El impresionante redoble de tambores con el que de entrada se sorprende al espectador, cargado de contrapuntos, preguntas y respuestas, ya señala el camino. A partir de ahí, todo en la escena es fuerza, armonía, ritmo, belleza plástica. Y, al mismo tiempo, cada escena, cada frase, cada diálogo, motivo de reflexión. El texto de Camus, denso, poético, filosófico, irónico, festivo, denunciante, transgresor, preciso siempre, obliga al público a una máxima atención durante toda la obra, e invita, terminada esta, a releerlo con el tiempo necesario como para detenerse y profundizar en su mensaje sobre el abuso del ejercicio del poder, el amor, la relación con la divinidad o la condición humana.

La representación, por la que desfilan doce excelentes actores encabezados por un impresionante Sandro Cordero en el papel de Calígula —magnífico en toda su actuación, sublime en la danza de la segunda parte; de una exigencia no al alcance de todos—, está aderezada, además, con música en directo interpretada por los mismos comediantes —aparte de la percusión, en la que intervienen todos, Marina Barba al violonchelo, o Martín Caló, al piano—, lo que la imprime, si cabe, aún más fuerza poética.

Por lo demás, la luminotecnia —excelente— como el vestuario —un tanto sui generis, pero efectivo— y la propia coreografía —impecable— terminan por conformar un espectáculo de algo más de dos horas que merece ser visto, y que desde aquí, a quienes tengan oportunidad de ello, recomiendo.

miércoles, 20 de enero de 2010

El poema (2)


[Fotografía: Ocaso 2 (imagen tomada desde el aire) ©  A.C.G.]


El poema define lo que intuyo
antes de rastrear por el poema;
cuando no existe aún forma ni esquema
ni voz, y acaso sí tenaz murmullo.

Pero, en tanto se escribe y lo concluyo,
el poema no es más que estratagema
de la invención —a veces, erotema—
que ordena lo que ignoro y lo que arguyo.

Escrito al fin, propone una lectura
donde, junto a la luz, late la sombra
abierta a un sucesivo desafío.

Y como un bosque ajeno a su espesura,
alcanza más allá de lo que nombra
para menos nombrar de lo que ansío.

lunes, 18 de enero de 2010

El poema


[Fotografía: Ocaso (imagen tomada desde el aire) ©  A.C.G.]


El poema, que es siempre claroscuro
forjado en el hogar del pensamiento,
es también explosión del sentimiento,
y fruto impredecible de un conjuro.

Parte de mí —porque en mi afán procuro
dejar en él aquello que presiento—,
el poema es silente alumbramiento
en el que, sin fingir, me transfiguro.

Es un espejo, donde mi figura
se diluye en las aguas de lo escrito;
donde el pulso, quizá, de mi grafía

conoce más de mí que la escritura
del poema que ensayo y que repito
cuando indago en su voz mi biografía.

viernes, 15 de enero de 2010

La lluvia, nuevamente


[Fotografía: Parlamento de Londres ©  A.C.G.]

La lluvia, con su tristeza antigua,
con su rumor de tiempo anquilosado,
con su runrún de gato zalamero,
con su poder nostálgico.
La lluvia en los cristales, nuevamente.
Y el aire, desairado
por la insistencia lenta de las aguas
que emborronan el campo.
La lluvia en la memoria:
Londres, París…, retazos
de momentos que vuelven cuando llueve;
los dos, frente al Cantábrico.
La lluvia, esta mañana, como en tantas
mañanas del pasado,
pone una pizca de melancolía
y una sed de verano
en estos versos que la mano escribe
consciente de que son papel mojado.

martes, 12 de enero de 2010

La misma calle, otra calle.



[Fotografía: ©  Jesús García Martín]


                                          A Jesús García Martín.


Te adentras en la noche por una calle antigua,
empedrada y mojada por la lluvia,
resbaladiza y casi solitaria.
Y aunque algunas farolas dan su luz al camino
habrás de andar con precaución, y atento.
Te adentras en la noche por esa calle,
quizá la misma calle por la que ya has pasado
un corazón de veces. Y, sin embargo, es nueva.
Como siempre que pasas,
ofrece perspectivas capaces de asombrarte.
Recorres esa calle, que es una calle humilde,
una calle que nunca te aprenderás del todo;
porque, si un día lo hicieses, ya no tendría sentido
dialogar con las voces arcanas de sus piedras.

Cuando, de tarde en tarde, la cruzas por completo
y te vuelves después para mirarla,
verás que entre tus manos ha surgido el poema,
y que, por un instante,
en su penumbra y paz te reconoces.

sábado, 9 de enero de 2010

Laberinto


[Imagen tomada de Google: Blog "Habla Sonia Luz"]

 
De qué se escribe, cuando uno quiere hacerlo y nada
                                                                 [se le muestra.
Cuando escoge palabras y se vuelven vacías de repente.
Cuando el silencio está preñado de cuchillos, y la tarde de bruma.
De qué se escribe, cuando se mira al corazón, y este tan sólo late.
De qué, cuando dices “de qué”, y todo está tan quieto.
Cuando la estilográfica no sigue los dictados que la mano le dicta.
Cuando los dedos no responden y la mente deambula
                                                [por la ciudad perdida.

Más de una vez, te miraste vacío en ese espejo de impotencia
                                                          [y desastre.
Y empuñaste los remos de tu barca hundiéndolos con ímpetu  
                                                          [en las aguas.
Y las aguas se alzaron en caballos de espuma y borbotones.
Y de ellos surgían palabras como ahora.
Y no sabías de qué, pero escribías.
Porque —lo sabes— escribir se hace pan que te alimenta.
Y luz que abre el portón de los caminos.
Y alguna vez, también, es laberinto, en el que te persigues  
                                                          [y te pierdes.

jueves, 7 de enero de 2010

Buenos propositos


[Imagen tomada de la Red. Blog "O Chaliñeiro"]

Apagadas las últimas luces de las fiestas corresponde volver a la rutina y comenzar el año con fuerza renovada; dispuesto a hacer de él terruño fértil a base de tareas: sembrar, labrar, recolectar. Cierto es que esta labor de escritura, que dicho así se asemejaría a la del hombre del campo que lucha con la tierra y está a merced de los elementos, es menos esclava, infinitamente menos dura en lo físico y, por supuesto, aunque injusto, sin duda mucho más gratificante.

Escribir es sembrar la página de ideas, labrar estas con palabras, recolectar impresiones, visones fugaces, o consolidadas reflexiones a las que, acaso, jamás hubiésemos llegado de no buscar respuesta en la propia génesis del texto. Pero también es un ejercicio de constancia, de amor por lo bien hecho, de regeneración. Y es siempre comenzar, como el hombre del campo que vuelve año tras año a su parcela, sin mirar hacia atrás; porque lo que la tierra dio antes no es garantía de que vuelva a darlo, y hay que tratarla con la pericia, el mimo y la solvencia de aquel que la conoce a base de contacto y de sudor.

Así, dispuesto a extraer de 2010 mi mejor cosecha, retomo proyectos aparcados, me exijo una jornada de trabajo ante la página en blanco, y comienzo a remover el corazón y el pensamiento con el arado limpio de las voces. Luego, la recolección, no será sólo mía, sino de aquellos que, generosos, dediquen un poco de su tiempo a estos sueños que esparzo, aún sólo mies, por la página en blanco que espera ser labrada.