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lunes, 21 de febrero de 2011

El castaño (*)

 [Imagen: Castaño en Las Médulas - ©   C. E .L.] 


1.-

El árbol nos da sombra y nos da fruto,
es de origen humilde, pero estalla en el bosque
en una llamarada vegetal, verde y abierta,
que preludia el otoño.                
                                        Lo admiramos
—techo de intenso aroma, luz dorada—
fundiendo las pupilas con su enorme velamen
de erizos casi a punto de estallar.

Huele a naturaleza y, si se observa
con un detenimiento que los tiempos impiden,
se aprecia entre sus ramas una vejez serena,
consciente de su arraigo, su historia y su sentido.


2.-

Hermosísimo árbol, poderoso
castaño,
generoso y discreto,
ayer fuente de vida, alimento del pobre,
y hoy apenas un signo de un tiempo ya olvidado,
ante ti me detengo,
admirado y humilde, 
invocando impaciente las palabras más justas
—las que nunca responden,
a las que siempre aspiro—
para cantarte hoy una canción pequeña,
íntima, susurrante,
personal y sincera,
con la que celebrar tu natural y bella arquitectura, 
tu ser, tu vida lenta, tu exacta identidad.




(*) Del libro En lento descender

3 comentarios:

  1. Bonito y contundente homenaje al castaño, sí señor, como debe ser.
    Un abrazo

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  2. Es mi árbol predilecto, Antonio, maravilloso espacio de juegos infantiles y siempre un acicate para la imaginación. Tu poema le rinde un hermoso homenaje.

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  3. Esmeralda y Alfredo, tiene "algo" el castaño que lo hace más próximo, diría, casi mágico...; lástima que, según dicen los expertos, en 25 años no quedarán castaños sanos en España... otro terrible tributo a estos tiempos de contaminación y calentamientos globales.

    Un abrazo a ambos.

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